Hasta finales de la década de 1960, se consideraba prudente que todo el mundo tuviera algunos ahorros. Al renunciar al consumo, el ahorro permitía consumir más en una fecha posterior gracias a la acumulación de intereses.
Este resultado es similar al que se espera obtener con una inversión, pero no hay que confundir ahorro e inversión. Una persona usa dinero para hacer una inversión, mientras que ahorrar es el proceso de acumular el propio dinero. Así, al invertir pones tu dinero en riesgo, con la esperanza de que se convierta en un activo generador de riqueza. En cambio, los ahorros están pensados para no tener riesgo.
Antes, los ahorros solían acumularse de forma disciplinada y con periodicidad mensual. Una persona llevaba una libreta de ahorros y algo de efectivo directamente al banco, que registraba el depósito. También podía ocurrir que el banco, siguiendo instrucciones permanentes, transfiriera un importe previamente fijado de la cuenta corriente del cliente a su cuenta de ahorro.
A partir de la década de 1970, países de todo el mundo, con Estados Unidos a la cabeza, empezaron a aplicar políticas monetarias que ya no fomentaban el ahorro. El dinero relativamente sólido que había prevalecido hasta entonces, cuando se decía que «el dólar era tan bueno como el oro», dio paso a una política deplorable que inauguró décadas de degradación del dinero. En consecuencia, la moneda ha ido perdiendo poder adquisitivo con el tiempo, y los intereses que pagan los bancos por las cuentas de ahorro no han compensado lo suficiente al ahorrador. Es decir, aunque el valor nominal de una cuenta de ahorro aumentaba con los intereses percibidos, el poder adquisitivo del dinero ahorrado iba perdiendo valor.
Con el tiempo, la idea de ahorrar dinero ha perdido aceptación general. Ya no se aparta dinero en una cuenta de ahorro para una emergencia, para la jubilación o ni siquiera para comprar un bien de consumo. Sin embargo, el valor de estos objetivos no ha disminuido por las perturbaciones modernas del dinero, ni el desorden monetario resultante ha cambiado la evidente necesidad de que todos planifiquemos y nos preparemos para un futuro incierto. Así pues, el ahorro sigue siendo hoy tan importante como en cualquier otro momento del pasado, lo que plantea un problema evidente.
¿Cómo se puede ahorrar hoy, cuando la política de los bancos centrales y los gobiernos provoca la erosión de tu poder adquisitivo al ahorrar en cualquier moneda nacional?
La respuesta está en el dinero que se ahorra. Ahorra oro y/o plata en lugar de cualquier moneda nacional.
Desde que GoldMoney se lanzó en febrero de 2001, he recomendado la acumulación continuada de metales preciosos mediante un programa mensual de promediación de costes. Si se hubiera seguido esta recomendación comprando 100 $ de oro el último día hábil de cada mes, con independencia del precio del oro, los 14.800 $ ahorrados de este modo a lo largo de los 148 meses transcurridos hasta el 31 de mayo de 2013 habrían aumentado hasta 36.366 $, tras descontar todas las comisiones de compra y custodia. Un ahorrador habría acumulado 26,114 onzas de oro (812,220 goldgramos), lo que representa una tasa de revalorización anual del 13,4 % después del coste pagado a GoldMoney por los servicios prestados.
Los resultados para la plata fueron 1.558,036 onzas acumuladas, con un valor de 34.632 $, lo que supone una tasa de revalorización anual del 12,7 %, de nuevo después de todos los costes pagados a GoldMoney. La tasa inferior se debe a las mayores comisiones por la compra y la custodia de plata, así como a su peor comportamiento durante este periodo, en el que la relación oro/plata ha subido de 59,7 a 62,7 onzas de plata para igualar una onza de oro.
La acumulación tanto de oro como de plata obtuvo mejores resultados que el dinero en una cuenta de ahorro. En términos nominales, la cantidad ahorrada solo aumentó un 1,6 % anual durante este periodo, menos que la tasa de inflación anual del 2,4 % que informa el Gobierno y mucho menos que la tasa de inflación del 9,4 % que informa ShadowStats, que probablemente se acerca más a la tasa real a la que el dólar está perdiendo poder adquisitivo.
Conviene señalar que, si se hubiera ahorrado una cantidad mayor a través de GoldMoney, las tasas de revalorización de ambos metales preciosos habrían sido más altas, porque las compras mayores conllevan comisiones más bajas. Pero, en cualquier caso, incluso asumiendo un coste mayor por ahorrar solo 100 $ al mes, ambos metales preciosos aumentaron tu poder adquisitivo sin necesidad de seguir las tendencias del mercado ni, de hecho, de distraerte con el ruido diario que afecta a los precios del oro y la plata. Además, tus ahorros se habrían ido acumulando fuera del sistema bancario, justo cuando los riesgos de los depósitos bancarios se hacían cada vez más evidentes. Tus ahorros no se habrían visto afectados por el colapso de Northern Rock, Lehman Brothers, Chipre ni por ningún colapso futuro, un beneficio quizá tan importante como el aumento de tu poder adquisitivo. En conjunto, estos son los beneficios que se supone que deben lograr los ahorros, pero queda una pregunta importante.
Ahorrar en metales preciosos ha sido una buena estrategia durante los últimos 12 años, pero ¿seguirá siéndolo en un futuro previsible? Sí, por cuatro razones.
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Acumular ahorros es en sí mismo un objetivo valioso y que merece la pena para que todos nos preparemos ante un futuro incierto, pero ahorrar en una moneda nacional supone perder poder adquisitivo. Si continúa la tendencia que ya está bien establecida en los últimos 12 años, es probable que el oro y la plata se revaloricen más rápido que la inflación, porque las acciones de los bancos centrales y los gobiernos están devaluando la moneda nacional y, por tanto, la demanda de metales preciosos seguirá creciendo.
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Los metales preciosos siguen estando infravalorados, como explican mi Índice del Miedo y mi Índice del Dinero Oro. La plata sigue estando infravalorada con respecto al oro, como demuestra su ratio, históricamente alta.
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Tener oro y plata es una forma útil de diversificar la cartera de cualquiera. La diversificación siempre es una buena manera de mitigar los resultados impredecibles y los riesgos de un futuro incierto.
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El oro y la plata son dinero fuera del sistema bancario, que sigue al borde de la insolvencia, lo que significa que es probable que se produzcan más episodios como los de Northern Rock, Lehman Brothers y Chipre.
En consecuencia, ahorrar un peso de metales preciosos adecuado a tus necesidades personales, acumulándolos mediante un programa disciplinado de promediación de costes, sigue siendo una estrategia sólida para afrontar un futuro incierto. Por ello, por ahora sigo recomendándola.