"LAS BOLSAS RUGEN DE NUEVO" es el titular de esta mañana en el London City AM, que informa de que el Dow Jones "arrasó" ayer la barrera de los 15.000 puntos hasta un máximo nominal histórico, y de que el FTSE 100 también marcó un máximo nominal de cinco años y medio.
El Dow sube un 15 % desde principios de año, con los alcistas animados por la noticia de que el Royal Bank of Australia es el último banco central en bajar los tipos de interés a mínimos históricos para impulsar la economía australiana.
El auge de las bolsas se debe por completo a la impresión de dinero de los bancos centrales, que ha logrado reforzar temporalmente el optimismo de los inversores y convencer a todo el mundo de que la economía mundial vuelve a ir bien. Da igual los datos incómodos que omiten quienes hablan de recuperación económica, o las fuertes caídas que hemos visto en las bolsas desde el máximo del último mercado alcista en 2000. O el hecho de que otra divisa más, el dólar australiano, se haya unido ya a la "carrera hacia el fondo" de las guerras de divisas.
Parece que hemos vuelto a mediados de la década pasada, cuando a quienes advertían de un auge insostenible de los precios de la vivienda causado por el dinero barato de los bancos centrales se les ridiculizaba como pesimistas catastrofistas, "o osos permanentes", por usar uno de los insultos preferidos. Ahora esos mismos osos advierten de una próxima crisis del dólar y, de nuevo, los descartan sin siquiera escucharlos. ¿Acaso no saben que los países pueden seguir viviendo muy por encima de sus posibilidades a perpetuidad, sin consecuencias negativas? Qué gente tan ingenua.
El oro y la plata siguen sin despegar, y los niveles de 1.480 $ y 24 $ continúan marcando puntos de resistencia vendedora. Se superarán, dada la transferencia continua de metal de manos débiles (principalmente occidentales) a manos fuertes (principalmente asiáticas).