Imprimir dinero es lo único que mantiene a flote el sistema

El lunes pasado GoldMoney publicó mi artículo que muestra el espeluznante crecimiento de las cantidades de dinero en dólares estadounidenses.

En ese artículo afirmé que el ritmo de aumento hiperbólico, si se mantiene la tendencia establecida, supera ya los 300 000 millones de dólares mensuales, mientras que la Reserva Federal solo está expandiendo oficialmente el dinero en 85 000 millones.

Lo primero que hay que señalar es que la Fed emite dinero porque lo considera necesario. El aumento hiperbólico de la cantidad de dinero refleja esa necesidad, lo que implica que, si la emisión de la Fed va a un ritmo más lento del necesario, aparecerán tensiones en el sistema financiero. Hay varias razones detrás de esta aceleración monetaria, entre ellas, en buena medida, la necesidad de perpetuar las burbujas en los mercados de valores, pero hay tres problemas de fondo principales.

Gasto público

El gasto del gobierno federal se está acelerando debido al rápido aumento de los compromisos de bienestar social, no todos los cuales se reflejan en el presupuesto. La demografía, en particular la jubilación de los baby-boomers, la sanidad financiada por el Estado y las prestaciones por desempleo no dejan de crecer; sin embargo, la base impositiva se está reduciendo por el mal desempeño económico y la elusión fiscal. Además, las finanzas estatales y municipales son nefastas.

Economía

La economía estadounidense está tan sobrecargada de deuda que ya no reacciona de forma positiva al estímulo monetario, y las sucesivas intervenciones del gobierno han hecho que la mala asignación de los recursos económicos se acumule hasta niveles de crisis. El sector privado se tambalea ahora al borde del abismo, abrumado tanto por la deuda como por la intervención del gobierno.

Bancos comerciales

Los bancos son cautos a la hora de prestar a prestatarios endeudados y no han depreciado de forma adecuada las garantías de los préstamos existentes. El resultado es que, al no haber crédito bancario disponible para sostener nuevas compras de activos, las valoraciones de los activos están constantemente al borde del colapso. Dicho de otro modo, los bancos han dejado de crear niveles de deuda cada vez mayores para perpetuar la burbuja de activos previa a la crisis.

No hay que tranquilizarse por los intentos de mejorar los ratios de activos. Según la Corporación Federal de Seguro de Depósitos, la relación entre los activos totales y el capital de nivel 1 ajustado por riesgo es actualmente de 11,25; pero esto no refleja adecuadamente las actividades fuera de balance ni el negocio no bancario, como los derivados. Incluir los derivados en los balances de los bancos estadounidenses como exposición neta y no bruta distorsiona gravemente el riesgo real.

Por tanto, los bancos se enfrentan a dos problemas distintos. Una depreciación contable de los activos de garantía de menos del 9 % acabaría con todo el sistema bancario, y con un umbral mucho más bajo en el caso de muchos bancos. Los cambios en las normas contables GAAP sobre la valoración de activos tras la crisis de Lehman les han permitido ocultar pérdidas, una situación que sigue sin resolverse y que indica que el sistema bancario ya está cerca del límite. Además, cualquier fallo en la cadena de contrapartes de derivados amenaza con desencadenar el colapso de los bancos más grandes, donde se concentra la exposición a derivados.

Conclusión

Estamos en el ojo de una tormenta financiera, para la cual la única solución, aparte del impago masivo, es una oferta de dinero cada vez mayor. Es casi seguro que el deterioro de las condiciones financieras en el gobierno, los bancos, el sector privado o los mercados de valores provocará una desbandada en los demás. Y por eso puede que haga falta una cifra mucho mayor que los 85 000 millones al mes de la QE3 para mantener el sistema a flote.

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