En la última semana y media hemos tenido un excelente ejemplo de por qué la Fed y otros bancos centrales no tienen una alternativa práctica a seguir imprimiendo dinero. Bastó la mera insinuación de que el FOMC empezaría a «reducir gradualmente» sus actuales compras de activos, de 85.000 millones de dólares al mes, para sumir a los mercados en el pánico: se produjo la mayor caída del bono del Tesoro a 10 años en una década y un descenso aún más drástico del precio de los bonos a dos años.
Las acciones y las materias primas también cayeron, al igual que los metales preciosos. El oro bajó anoche de los 1.200 dólares por onza, pero desde entonces ha vuelto a situarse por encima de esa cifra.
¿Qué habría pasado si Bernanke hubiera dicho realmente que la Fed empezaría a reducir el volumen de compras o, Dios no lo quiera, que pasaría a una postura de venta neta? Lo cierto es que la marcha atrás comenzó poco después de que las actas del FOMC llegaran a las agencias de noticias: en la rueda de prensa posterior, Bernanke señaló que «no hay ningún cambio de política» y que «si la economía no mejora en la línea que esperamos, proporcionaremos apoyo adicional». Si la economía mejora, las compras se reducirán, con el objetivo de ponerles fin por completo a mediados de 2014, si «los datos posteriores siguen ajustándose en general a nuestras expectativas actuales».
En realidad, esto no difiere de episodios anteriores de los últimos cuatro años: aparecen indicios de una política monetaria más restrictiva, el mercado se desquicia y eso asusta a la Fed y la hace volver a imprimir más dinero. Y como sabe perfectamente quien siguiera las previsiones de la Fed en 2007-08, su historial en materia de predicciones económicas es pésimo. Si alguien piensa que la Fed tiene de verdad una estrategia de salida que se prepara para aplicar, nuestro colaborador Chris Marcus tiene un puente que venderte.
Sin duda, en el futuro se mirará este período, igual que octubre de 2008, 1999-2001 o la caída del 50 % del precio del oro desde finales de 1974 hasta el verano de 1976, antes del repunte hasta el máximo de enero de 1980, como una oportunidad de compra fantástica.