Recientemente, la GoldMoney Foundation publicó un artículo que proponía una nueva medida de la oferta monetaria, la Cantidad de Dinero Fiduciario (FMQ, por sus siglas en inglés), con el fin de poder comparar directamente el oro con la moneda, principalmente el dólar estadounidense.
Esto tiene dos funciones importantes: permite a los economistas comparar el dinero sólido con la moneda fiduciaria a efectos de análisis monetario, y nos permite ajustar el precio del oro en dólares para tener en cuenta tanto el aumento de la FMQ como la acumulación de oro recién extraído.
El artículo original muestra hasta qué punto la moneda se ha vuelto poco sólida desde la crisis bancaria, ya que la FMQ parece haber entrado en hiperinflación desde entonces. Este artículo analiza las implicaciones para el precio del oro.
En primer lugar, veamos el Gráfico 1, el gráfico de la FMQ.

Difiere ligeramente del gráfico de mi artículo original, ya que he recalculado la curva de crecimiento exponencial al 5,859 %, que fue la tasa media de crecimiento anual de la FMQ entre 1960 y 2008, antes de la crisis bancaria. Esto arroja una brecha mayor, de 4,5 billones de dólares, entre esa tendencia a largo plazo y la FMQ actual. Por tanto, la FMQ está ahora un 62 % por encima de la tendencia.
Se trata de una evolución enorme y potencialmente destructiva para la moneda que pasa desapercibida. Pero desde julio de 2008, el mes anterior a la quiebra de Lehman Brothers, el oro ha subido de 918 $ a unos 1270 $ en la actualidad, es decir, un 38 %. ¿Demuestra esto que el oro descuenta, en líneas generales, la evolución monetaria?
La respuesta es no, porque la pregunta ignora la cantidad acumulada de oro en superficie y, más importante aún, la expansión de la FMQ. Y aunque ambas han aumentado en los últimos cinco años, la FMQ se ha expandido mucho más rápido que las existencias de oro. El efecto neto se ilustra en el Gráfico 2, donde el oro a 918 $ se ha indexado a una base de 100 en julio de 2008.

Este gráfico muestra que, al precio nominal del viernes de 1270 $, el oro ajustado por el aumento de las existencias de oro y de la FMQ ha caído en realidad hasta 68, un 32 % menos que su nivel previo a la crisis de Lehman.
Por supuesto, cualquier valor que asignemos al oro es totalmente subjetivo; pero al llegar a esa opinión asumimos de forma natural que las cantidades implicadas no cambian. Lo más sensato para formarse un juicio es tener en cuenta los cambios en las cantidades, sobre todo cuando la expansión de la moneda no tiene precedentes y parece estar fuera de control.
Antes de la caída de Lehman, había una falta generalizada de conciencia del riesgo que corría todo el sistema financiero. En este contexto, un precio del oro inferior a 918 $ quizá estaba justificado. Tras el suceso, mientras la Fed se esforzaba por estabilizar el sistema bancario, el precio del oro cayó inicialmente a 656 $, o a 71 en nuestro índice, reflejando el temor a un colapso deflacionario. Cuando la Fed mostró señales de éxito con la expansión monetaria, el oro empezó a subir y en enero de 2009 recuperó por primera vez el nivel previo a la crisis de Lehman en términos nominales. No fue hasta septiembre de 2010 cuando el oro recuperó los niveles previos a Lehman en términos reales, deflactados tanto por la FMQ como por el aumento de las existencias de oro.
La conclusión es sencilla: lógicamente, el oro debería cotizar con una prima sobre los niveles previos a la crisis, para reflejar la creciente inevitabilidad de una futura hiperinflación monetaria. Esa cifra hoy estaría por encima de 1860 $, que es el equivalente del precio de julio de 2008. En cambio, cotiza con un descuento del 32 % respecto a su nivel previo a Lehman y, por tanto, parece estar enormemente infravalorado.