Es de dominio público que Japón atraviesa enormes dificultades financieras y que lo más probable es que su divisa se hunda cada vez más. Al fin y al cabo, la deuda pública supera el 250 % del PIB y, desde hace tiempo, el número de jubilados crece más deprisa que la natalidad. La combinación de demografía, aumento del gasto social, elevada deuda pública y la incapacidad del Gobierno para encontrar una solución a la crisis permanente de Japón hace que, para los especuladores internacionales, apostar a la baja contra el yen sea una decisión obvia.
Casi sin que nadie lo notara, el yen japonés ya ha perdido alrededor de un 30 % frente al dólar estadounidense y cerca de un 40 % frente al euro en los dos últimos años. Los beneficiarios de esta tendencia son, como era de esperar, los especuladores que piden prestados yenes a tipos de interés insignificantes para especular en otros mercados, con la expectativa de sumar a sus beneficios la depreciación del yen. Gracias, señor Abe, por permitirnos pedir prestados yenes a 1,06 céntimos de euro hace dos años para invertir en bonos del Estado español a 10 años al 7,5 %. Hoy los bonos rentan un 2,65 % y podemos recomprar yenes a 0,72 céntimos de euro. Apalancarse diez veces sobre una inversión inicial de 10.000.000 $ ha generado un beneficio neto de unos 300.000.000 $ en solo dos años.
Vender en corto el yen no ha sido rentable en lo que va de año: el dólar estadounidense ha caído frente al yen japonés de 105,3 el 31 de diciembre a 101,5 a mitad de año, una pérdida anualizada del 7,2 %. Esto supuso una rentabilidad de financiación negativa en todas las operaciones de carry trade con bonos; en el caso de la operación con deuda pública española citada arriba, se tradujo en pérdidas anualizadas de más del 5 %, o del 50 % en una posición apalancada diez veces. El operador puede pensar que ya toca otra caída del yen o que es el momento de cerrar la posición.
Estas rentabilidades, aunque dependen de elegir bien el momento, no son en absoluto únicas. Por eso, casi todo el mundo en los círculos de los fondos de inversión libre y la banca de inversión ha jugado en algún momento a este lucrativo juego del carry.
Un yen débil no solo ha contribuido a reducir los rendimientos de los bonos en todo el mundo, sino que también ha servido de vehículo para otras compras. Por el lado de la venta o de las posiciones cortas, otra certeza comúnmente aceptada ha sido el inminente colapso de la economía china, impulsada por el crédito, que garantizaría que los precios de los metales siguieran cayendo. En este caso, el apalancamiento se obtiene normalmente mediante derivados.
Sin embargo, las cosas no parecen ir según lo previsto para muchos bancos de inversión y fondos de inversión libre, lo que podría anticipar un cambio de estrategia. El cobre, que empezó siendo una posición corta rentable al caer un 12,5 % hasta un mínimo de 2,93 $ por libra, se ha recuperado con fuerza esta semana hasta los 3,26 $ en un repentino short squeeze. El zinc ha subido un 6,4 % en los últimos seis meses y el aluminio, un 6 %. El oro ha subido un 11 % y la plata, un 8,5 %. Así que quien esté en corto con una cartera de futuros de metales está sufriendo pérdidas importantes, sobre todo si la posición está muy apalancada mediante futuros.
Puede ser una simple coincidencia, pero las historias sobre las múltiples rehipotecas del metal físico en los almacenes de China han salido de fuentes vinculadas a la negociación de estos metales. Estos operadores han tenido que asumir pérdidas considerables por una estrategia fallida y quizá ahora se estén inclinando hacia una postura más alcista, porque el escándalo de los almacenes de China no se ha desarrollado como esperaban.
Así pues, dos certezas, el colapso del yen y el de la demanda económica china, no parecen estar materializándose, o al menos no con la rapidez suficiente. Crece la presión para cambiar de estrategias de inversión, lo que probablemente llevará a los mercados en nuevas direcciones en los próximos meses.