Un cuento de dos mundos

En la guerra entre la alianza occidental y el eje asiático, los medios se centran en el campo de batalla ucraniano. La verdadera guerra es la de las divisas, y Rusia es capaz de destruir el dólar.

Hasta ahora, las acciones de Putin han sido relativamente pasivas. Pero tanto Rusia como China ya han acumulado oro suficiente para implantar patrones oro. Ahora les conviene de forma abrumadora hacerlo.

Por el reciente artículo de Serguéi Glazyev en un periódico económico ruso, queda claro que la liquidación de los saldos comerciales entre los miembros, los socios de diálogo y los miembros asociados de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) podrá hacerse, opcionalmente, en oro. Además, la economía rusa se beneficiaría enormemente de una bajada de los tipos de interés de los préstamos, desde los niveles actuales, superiores al 13 %, hasta un nivel más acorde con un dinero sólido.

Para entender las consecuencias, en este artículo se compara el régimen de moneda fiduciaria y gasto deficitario de la alianza occidental con la revolución industrial planificada por el eje ruso-chino para los cerca de 3.800 millones de personas de la familia de la OCS. China tiene una tasa de ahorro notable, que sustentará el capital de inversión para un rápido aumento de la industrialización asiática, sin consecuencias inflacionistas.

Con una nueva ronda de acción militar en Ucrania a punto de comenzar, a Putin le interesará pasar de la pasividad a la agresión financiera. No le costaría mucho socavar todo el sistema occidental de moneda fiduciaria, un peligro que apenas reconoce un complejo militar de la OTAN lanzado y entusiasta.

Introducción

En el pulso geopolítico entre los viejos y los nuevos hegemones vemos las mejores estrategias y las peores, con la creencia enfrentada a la credulidad. Es la estación de la luz y la estación de las tinieblas, la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación…

Recordar algunas de las famosas líneas iniciales de Charles Dickens en su Historia de dos ciudades para describir el estado actual de la política mundial resume el potencial de una nueva revolución industrial en toda Asia y gran parte del resto del mundo subdesarrollado (el mejor de los tiempos), frente a la alianza occidental, secundada por su brazo militar, la OTAN, que está decidida a frenar los planes de los nuevos hegemones a costa de sus propios pueblos (el peor de los tiempos). Irónicamente, las naciones que más se beneficiarán de la guerra por delegación de la alianza occidental son las que se alinean con sus enemigos. 

Plus ça change. Pero debemos dejar a Dickens y mirar más de cerca nuestra situación actual: la hegemonía financiera y monetaria de Estados Unidos ha durado más que los beneficios que aportaba al orden mundial. Debemos reconocer que desde la contrarrevolución rusa de 1989, cuando cayó el Muro de Berlín, y en China tras la muerte de Mao, está surgiendo un nuevo orden. Durante más de treinta años ha existido la perspectiva de una nueva liberación económica no solo para Rusia y China, sino para casi todo el mundo subdesarrollado. El cuento de dos mundos trata de los gobiernos de los 1.200 millones de almas establecidas en las llamadas economías avanzadas, empeñados en impedir que los otros 6.700 millones los desafíen. Es un choque entre economías basadas en la producción y economías basadas cada vez más en los servicios y las finanzas. Es un choque entre valores reales y valores etéreos. Está evolucionando hacia un choque entre monedas fiduciarias y dinero sólido.

Ucrania y el papel de Alemania

Hoy, el choque de los hegemones se centra en Ucrania. Ya se había desplazado desde Afganistán y, antes, desde Siria. Cada vez, Estados Unidos, que dirige la OTAN y la red de inteligencia de los Cinco Ojos, no ha logrado derrotar al eje asiático porque este se ha negado a verse arrastrado a un conflicto abierto. Aparte de defender sus intereses directos, Rusia y China han visto cómo la OTAN se desmorona poco a poco. Primero fueron los británicos, que se negaron a apoyar un conflicto total en Siria. Después fue Turquía, miembro de la OTAN, que, comprensiblemente, ha visto que sus intereses están más en línea con los de los hegemones asiáticos. ¿Será Alemania la siguiente?

El temor en Washington debe de ser si Alemania perseguirá igualmente sus evidentes intereses comerciales alineándose más con Rusia y China, y menos con sus amos de la OTAN. Vimos este conflicto de intereses en el trasfondo de la reticencia de Alemania a permitir que la OTAN desplegara tanques Leopard en Ucrania. Se nos ha vendido como una reticencia a enviar armas alemanas a un teatro de guerra invadido por última vez por los nazis. Sin duda, eso despertó algunos recuerdos desagradables, pero todo el espíritu de la Alemania posterior a la caída del Muro de Berlín ha sido el desarrollo pacífico de sus propios intereses comerciales hacia el este.

Para el eje ruso y chino, el restablecimiento de las relaciones comerciales con la economía alemana, basada en la manufactura, sería claramente beneficioso para ambas partes. Igualmente, supondría la muerte de la UE tal como la conocemos. Quizá sea la posición de Alemania en todo esto lo que está empujando a Estados Unidos y a su establishment de la OTAN hacia conflictos de vida o muerte por Ucrania.

Deberíamos dar un paso atrás y mirar esto desde el punto de vista de Alemania. Desde su derrota en la Segunda Guerra Mundial, Alemania ha sido central para la existencia de la OTAN. Como dijo con acierto Lord Ismay, primer secretario general de la OTAN, su propósito era mantener fuera a la Unión Soviética, dentro a los estadounidenses y abajo a Alemania. Y con la historia del pacto Ribbentrop-Mólotov todavía presente en la mente de todos, sigue resumiendo la situación actual. Desde el punto de vista de Estados Unidos, aunque la OTAN era la solución militar para Europa, la situación política solo podía resolverse asegurando que Alemania quedara atada a Europa Occidental.

Hubo varias versiones sobre quién fue el padre de una Europa unida, pero la que triunfó fue la autorizada por el Comité Estadounidense para una Europa Unida (ACUE), creado en 1948 por altos cargos de la inteligencia estadounidense procedentes de la CIA.[i] Alemania sigue siendo servil con la inteligencia estadounidense setenta y cinco años después.

Pero, como ha demostrado el reciente episodio de los tanques Leopard, existe cierta resistencia a este statu quo. También sabemos que otros alemanes de alto nivel han estado descontentos con el régimen monetario del BCE. Jens Weidmann, que dimitió como presidente del Bundesbank en octubre de 2021, no es el único crítico de la política monetaria, aunque ahora parece que el Bundesbank se ha purgado de críticos del BCE.

Por tanto, hay dos factores que frenan a Alemania. Se la ha obligado a abandonar sus principios de dinero sólido y a aislarse de sus mercados naturales en Asia. Pero una reanudación de las hostilidades respaldadas por la OTAN pondrá claramente de relieve la sumisión de Alemania a los establishments político y militar de EE. UU. El canciller Scholz sabrá que es muy improbable que Rusia sea derrotada con facilidad. En todo caso, esta próxima aventura de la OTAN es la última tirada desesperada de dados de la alianza occidental. Y, pese a la OTAN, Scholz debe mantener abiertas sus opciones.

Si, contra toda la propaganda de la alianza, la OTAN no logra ganar en Ucrania, Rusia consolida su posición y Putin sigue siendo un líder ruso fuerte, Alemania deberá estar preparada para un acuerdo político con Rusia. No es solo una cuestión de proximidad geográfica: Alemania tiene un fuerte espíritu manufacturero y se beneficia del acceso a los recursos rusos, de mercados para sus productos y, a través de Rusia, de un renovado acceso y cooperación con China.

Es evidente que el espíritu comercial de Alemania tiene más en común con la revolución industrial que planifica el eje asiático y con sus planes emergentes de dinero sólido que con los de la mayoría de sus socios de la UE. Si Alemania estuviera libre del control político de EE. UU., con el tiempo podría crear una nueva Liga Hanseática, un corredor comercial desde Europa del Este que abarcara los países bálticos y los Países Bajos. Son consideraciones de este tipo las que deben de hacer que el establishment estadounidense esté decidido a no soltar su control sobre Alemania y la UE en general.

No hay una base evidente para una tregua en Ucrania

Se ha expresado cierta esperanza de que, antes de que un nuevo conflicto se intensifique, se declare una tregua que conduzca a negociaciones de paz. Voces menos belicistas han pedido negociaciones, en particular la de Henry Kissinger. También habrá habido algunas reuniones discretas, como la que mantuvieron William Burns, de la CIA, y Serguéi Naryshkin, jefe del servicio de inteligencia exterior de Rusia, en Ankara el pasado noviembre. 

Según Pepe Escobar, que probablemente sea el reportero más experimentado en estos asuntos que no trabaja para los medios occidentales tradicionales, solo esta semana los estadounidenses han hecho «una oferta que los rusos no pueden rechazar»[ii]. Se formuló en un artículo de opinión del Washington Post, que pasaba por alto a Kiev por completo y proponía dividir Ucrania junto con un acuerdo sobre el equilibrio militar de posguerra. El problema de este enfoque es que EE. UU. tiene un historial de hacer promesas a Rusia que luego se incumplen. Sobre todo, en febrero de 1990 el secretario de Estado estadounidense James Baker prometió a Mijaíl Gorbachov que la expansión de la OTAN no avanzaría «ni una pulgada hacia el este», y que era una de «una cascada de promesas similares»[iii].

Rusia no solo desconfía de los estadounidenses, sino que, en el tablero de ajedrez de la diplomacia internacional, el hecho de que sean los estadounidenses quienes tomen la iniciativa sitúa a Rusia en la posición más fuerte. Unas conversaciones de paz iniciadas por los estadounidenses casi con toda seguridad les obligarían a ceder ante las exigencias rusas, igual que, si fuera Rusia quien las iniciara, se encontraría en la posición más débil. La cuestión central será si Estados Unidos está dispuesto a renunciar a su control sobre Europa Occidental. Es probable que los rusos insistan en ello. Supondría el fin de la OTAN, y tendría que ocupar su lugar una nueva alianza europea de defensa sin participación estadounidense. 

Además, a falta de un acuerdo, a Rusia no le importaría que la OTAN siguiera enredándose en sus propios nudos. Para el observador independiente, el compromiso de la alianza occidental de derrotar a Rusia en una guerra por delegación en Ucrania fue un error estratégico, cargado de consecuencias imprevistas. Fue un fracaso de la magnitud de los fallos de los servicios de inteligencia de EE. UU. sobre las armas de destrucción masiva de Irak. Esta vez, el error fue subestimar la fortaleza de la economía de Rusia y su situación financiera.

Las sanciones pretendían dejar a Rusia maltrecha, pero lo que dejaron maltrecha fue a la alianza occidental, mientras que el rublo registró el mejor comportamiento entre las divisas en 2022. Y los medios occidentales siguen afirmando que Rusia sufre pérdidas insostenibles de ingresos comerciales, en un momento de gasto militar excepcional.

Es evidente que hay algo de verdad en ello. Pero la economía subyacente de Rusia está mucho más sana de lo que nos han hecho creer. Y, a pesar de los enormes compromisos de gasto militar, el año pasado el déficit presupuestario de Rusia fue solo del 2,3 % del PIB, frente al 5,4 % de EE. UU. Las consecuencias económicas de la guerra han beneficiado a Rusia a través de unos precios de la energía más altos, mientras que a la alianza occidental le han costado inflación de precios y tipos de interés más altos. Rusia no debería tener problemas para financiar un déficit en 2023 del 2,3 % o más mediante endeudamiento en los mercados nacionales, sin socavar el rublo, mientras que las consecuencias financieras de un nuevo conflicto para la alianza son potencialmente catastróficas.

Por sus declaraciones, podemos estar seguros de que Putin y sus asesores entienden no solo la situación militar, sino también las consecuencias económicas relativas de una nueva escalada del conflicto ucraniano. Esto contrasta con las políticas de la OTAN dirigidas por Estados Unidos, donde hasta ahora se han ignorado los costes económicos. No parece que se hayan meditado las consecuencias potencialmente desastrosas para las economías europeas. En cambio, al enviar a los ucranianos tanques de diversos modelos para poder lanzar un nuevo ataque por delegación contra Rusia, la alianza occidental redobla la apuesta por sus errores anteriores.

La supervivencia del euro es ahora crucial

Gráfico, gráfico de barras

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Son las consecuencias para el euro de una nueva batalla por Ucrania las que amenazan con acabar de desmantelar la influencia estadounidense en Europa y, con ella, el futuro tanto de la OTAN como de la UE. Cuando el suelo se congele lo suficiente en el este de Ucrania para la guerra de tanques (quizá en cuestión de semanas) comenzará un nuevo conflicto, salvo que para entonces Rusia ya haya lanzado un ataque con misiles previo contra las líneas de suministro de Ucrania. Ante la incertidumbre que seguirá, los precios de la energía volverán a subir sin remedio. El 24 de febrero de 2021, cuando Rusia inició sus «operaciones especiales», el precio del oro era de 1902 $. El 9 de marzo había subido a 2070 $. Los precios de todas las demás materias primas, desde los metales básicos hasta las materias primas en bruto y los alimentos, se dispararon. No hay motivo para pensar que esta vez vaya a ser distinto.

Las consecuencias para los mercados financieros de la alianza son potencialmente devastadoras. Despídete de la inflación transitoria y de la moderación de los tipos de interés. Da la bienvenida a rentabilidades de los bonos disparadas, mercados de renta variable en caída libre, sistemas bancarios en quiebra, incluidos los propios bancos centrales, y trampas de deuda tanto para los gobiernos como para las empresas excesivamente apalancadas. Las monedas fiduciarias se tambalearán al borde del colapso. Una nueva fase de esta guerra amenazará con desestabilizar a la alianza occidental, pero no a Rusia ni a China, cuyas economías no dependen de burbujas del sector financiero en proceso de desinflarse.

Hay pocas dudas de que el euro es especialmente vulnerable a las consecuencias de una nueva escalada militar en Ucrania y a los efectos que inevitablemente tendrá sobre los precios de producción y de consumo en la eurozona. El euro es el volován de las monedas fiduciarias, una moneda en riesgo que, de forma demostrable, toma de los ahorradores alemanes para financiar a los PIGS, fiscalmente derrochadores. La subida de los tipos de interés y de las rentabilidades de los bonos ha hecho muy poco por compensar el aumento de los niveles generales de precios de producción y de consumo. Si Rusia no es derrotada con rapidez, una nueva escalada del conflicto ucraniano hará sin duda que esos niveles de precios suban aún más. 

El BCE se verá dividido entre la necesidad de responder con tipos de interés aún más altos por temor a perder el control de los mismos frente a las fuerzas del mercado, y las consecuencias que tendría permitir tipos de interés y rentabilidades de los bonos más altos para las finanzas públicas. Y no menos importante es la amenaza para la solvencia de todo el sistema del euro. 

La única solución, y aun así es probable que sea a corto plazo, es que Estados Unidos dé un paso atrás en la batalla por Europa Occidental y reconozca el derecho de Rusia a proteger la integridad de sus fronteras. Habría que ofrecer a Rusia de inmediato negociaciones que conduzcan a un acuerdo si se quiere salvar el euro. Solo entonces, la perspectiva de unos valores más bajos de la energía y las materias primas, que se trasladarían a los precios de producción y de consumo, proporcionaría cierto alivio al sistema del euro y a la propia moneda.

Esto le daría algo de tiempo al BCE, que, igual que los demás bancos centrales de la alianza occidental, depende de monedas fiduciarias poco sólidas para gestionar la economía. Es un contraste muy marcado con una Asia emergente, caracterizada por monedas respaldadas por materias primas, producción genuina y capital financiado con el ahorro de los consumidores.

Las consecuencias económicas se derivan de un mundo dividido en dos mitades: una impulsada por las finanzas y los servicios, y la otra, por la producción y los recursos. Ahora debemos examinarlas por separado.

Problemas crecientes para las economías de moneda fiduciaria

Desde agosto de 1971, cuando el presidente Nixon abandonó los últimos vestigios de un patrón oro en virtud del acuerdo de Bretton Woods, las monedas del mundo avanzado pasaron a gestionarse tomando como referencia el dólar estadounidense. Desde entonces, el poder adquisitivo de estas monedas comenzó a erosionarse, hasta el punto de que el dólar actual vale solo 1,8 centavos del dólar de Bretton Woods, medido en dinero legal, que sigue siendo el oro. La pérdida de poder adquisitivo de las demás monedas ha sido similar, como muestra el gráfico siguiente.

Illustration accompanying Un cuento de dos mundos

La pérdida de poder adquisitivo de todas estas monedas fiduciarias se ha incorporado a las políticas monetarias, que pretenden lograr un aumento del nivel general de precios del 2 % cada año. No es una política que pueda aplicarse con precisión. Además, ha llevado a los gobiernos a tolerar políticas inflacionistas y a complementar los impuestos con inflación crediticia desde el banco central.

La manipulación del valor de las monedas y la inflación monetaria son ahora la piedra angular de las finanzas públicas, lo que conduce inevitablemente hacia una crisis existencial. Convencidos de que este era un problema que siempre podría resolverse o aplazarse indefinidamente, los miembros de la alianza occidental paralizaron sin más la actividad económica por la covid, creyendo que después todo volvería a la normalidad. Eso no ocurrió, y siguió un período de interrupciones en las cadenas de suministro, que exigió más gasto deficitario a gobiernos con déficits de ingresos. Las consecuencias de la expansión excesiva de la moneda estaban listas para desencadenarse. Luego llegó la guerra por delegación en Ucrania, con sus efectos económicos sobre los precios de las materias primas, de producción y de consumo.

La ilusión de la economía de moneda fiduciaria se ha ido acumulando desde que se abandonó el acuerdo de Bretton Woods. Y el camino hacia una dependencia cada vez mayor de las políticas inflacionistas se ha allanado corrompiendo las estadísticas con las que los econometristas medían sus consecuencias. El nivel general de precios es un concepto imposible de medir, pero eso no ha impedido que los gobiernos occidentales elaboren índices de precios al por menor y al consumo. Y como no se pueden medir, los estadísticos del gobierno pueden crear sus propias versiones. El uso creciente de la indexación a la inflación ha fomentado la reforma de la composición estadística, consiguiendo siempre reducir el coste de esa indexación para las finanzas públicas. Y en las últimas décadas ha aportado el beneficio adicional de ocultar las verdaderas consecuencias de la política monetaria en la depreciación de la moneda. La única forma fiable de estimar la depreciación de estas monedas es comparar su valor con el del oro, que sigue siendo dinero legal a escala internacional, pese a las declaraciones oficiales en sentido contrario.

El uso indebido del producto interior bruto como medio para medir la actividad o el progreso económicos es otro ejemplo flagrante de ilusión económica. El PIB es simplemente una estimación del total de transacciones computables y no refleja lo productivas o pertinentes que son para el progreso de la condición humana. De hecho, incluyen el gasto público, buena parte del cual sabemos que es un derroche, y de ninguna parte de él puede decirse que tenga valor económico determinado por la demanda de los consumidores. 

En cambio, el PIB es algo que se puede impulsar fácilmente con medidas que aumenten la cantidad de moneda y de crédito, y con gobiernos que incrementen su gasto no productivo. Y cuando se puede controlar la representación estadística del efecto sobre los precios, parece que se ha logrado el movimiento económico perpetuo.

La conducción de una nueva guerra entre superpotencias ha dejado por fin al descubierto las debilidades y contradicciones del sistema de moneda fiduciaria de la alianza occidental, y amenaza con adelantar el momento de comprender que tiene un defecto fatal. Cuando todo un sistema financiero y económico corre el riesgo de fallar, es difícil elegir un aspecto que derribe toda la ilusión. Es más fácil exponer los principales errores como temas en forma de viñetas, para que el lector se haga una idea de la magnitud del problema en su conjunto:

Está claro que el sistema financiero de la alianza occidental ya tiene serios problemas. Es probable que las consecuencias de una reanudación de las hostilidades en Ucrania lo desestabilicen por completo. A menos que los rusos estén dispuestos a rescatar a la alianza de sus propias locuras, el sistema financiero de la alianza occidental está condenado. La única cuestión es con qué rapidez se producirá su destrucción.

El sistema de dinero sólido emergente de las superpotencias asiáticas

Difícilmente podría haber un contraste mayor entre los objetivos políticos del oeste, formalmente avanzado, y los del nuevo bloque emergente, ni entre las ilusiones de la alianza occidental y las aspiraciones de Asia y de todas las naciones que escapan de la hegemonía estadounidense. No es de extrañar que naciones importantes con recursos energéticos de escala mundial, como Arabia Saudí y los demás países del Consejo de Cooperación del Golfo, estén abandonando el barco. Además, Rusia, China y los miembros del Consejo de Cooperación de Shanghái probablemente pasarán de su política pasiva de dejar que Estados Unidos y sus socios se ahorquen solos con sus errores a una política activa de distanciarse de su fracaso.

Los siguientes puntos resumen brevemente la posición de los hegemones asiáticos:

El eje asiático tiene el oro

China lleva acumulando oro desde que, en 1983, se encargó al Banco Popular la gestión de la acumulación de oro y plata del país. Teniendo en cuenta que el oro estuvo en un enorme mercado bajista hasta 2002, se dispuso de grandes cantidades de metal precioso a precios bajos. El Estado chino había acumulado suficiente oro para sí mismo mediante la importación de lingotes, la importación de doré para su refinado y la inversión en minería de oro, lo que permitió que sus ciudadanos empezaran a comprar a finales de 2001. Para entonces, yo estimaba que China había acumulado en secreto unas 20.000 toneladas, y el Estado ha seguido añadiendo a sus reservas desde entonces. La Bolsa de Oro de Shanghái se creó en 2002 y, hasta la fecha, se han retirado 23.000 toneladas a manos privadas. Hasta hoy, China mantiene una política estricta de no permitir la exportación de ningún oro que haya entrado en el país.

Si China declarará todo su oro como reservas monetarias es una cuestión de futuro. Rusia, en cambio, adoptó mucho más tarde una política de acumulación de oro. Sin embargo, hasta ahora, entre las reservas oficiales y el Fondo Estatal de Rusia (el Gosfund), se cree que Rusia dispone de unas 12.000 toneladas, cifra que supera las reservas oficiales de Estados Unidos, de 8.134 toneladas. Además, Rusia planea aumentar la producción de sus minas de más de 300 toneladas a 500 toneladas anuales, y el Gosfund sigue comprando a fuentes nacionales.[v]

El contraste con las divisas fiduciarias de la alianza occidental no podría ser mayor. Las consecuencias son claras: otras naciones de la OCS y del grupo BRICS están vendiendo dólares por oro, y por eso el Consejo Mundial del Oro estima que los bancos centrales acumularon más de 1.100 toneladas en 2022. Es probable que esa acumulación se acelere a medida que suba el precio del oro en divisas fiduciarias occidentales (es decir, a medida que el dólar y otras divisas fiduciarias se deprecien) en un mercado mundial de metal precioso que ya carece de liquidez.

Las consecuencias para la financiación del Gobierno de EE. UU. son graves. Durante décadas, el Gobierno estadounidense ha dependido de que los extranjeros acumularan dólares y los reinvirtieran en deuda del Tesoro de EE. UU. La liquidación de estas posiciones, en un momento en que, al entrar en recesión, los déficits presupuestarios están llamados a aumentar con fuerza, probablemente haga subir bruscamente los rendimientos de los bonos en dólares.

Ya estamos viendo cómo comienzan a venderse las tenencias de dólares y los activos financieros en manos extranjeras, que según las cifras TIC del Tesoro de EE. UU. han pasado de un máximo de 34 billones de dólares a unos 30 billones en la actualidad. Gran parte de este descenso se debe a efectos de valoración, que reflejan la subida de los tipos de interés y de los rendimientos de los bonos durante el último año. 

En el Foro Internacional de San Petersburgo del pasado junio, al que asistieron 81 delegaciones oficiales, el presidente Putin dejó claro que había que vender las reservas en dólares y en euros por temor a su confiscación y porque pierden poder adquisitivo. Putin no solo ha predispuesto a los gobiernos extranjeros a deshacerse de sus reservas en dólares y euros, sino que, además, la agresión de la OTAN en Ucrania hará inevitablemente que suban los precios de las materias primas y de la energía en monedas fiduciarias y, por tanto, el nivel natural de los tipos de interés y de los rendimientos de los bonos. En resumen, con su respuesta a la agresión de la OTAN tiene el poder de destruir los sistemas monetario y financiero de la alianza. Y dado que Rusia, China y todos los miembros de la OCS se beneficiarían de un patrón oro, tiene todos los motivos para recurrir a la opción nuclear, no de tipo armamentístico, sino financiero.

 


 


[i] Véase From Brussels with Love de Radomir Tylercote y Sir Bill Cash, «The American Settlement 1942—1974», Duckworth, 2016. Entre los miembros fundadores del ACUE estaban Allan Welsh Dulles, hermano menor de John Foster Dulles, y el general William J. Donovan. Donovan había convencido al presidente Truman de crear la CIA en la década de 1940, y Dulles presidió un comité que fue decisivo para convencer a la CIA de que dotara de recursos operativos al ACUE.

[ii] Véase A panicked empire tries to make Russia an offer it can’t refuse The Cradle, 30 de enero de 2023

[iii]«Los documentos desclasificados muestran garantías de seguridad frente a la expansión de la OTAN dadas a los dirigentes soviéticos por Baker, Bush, Genscher, Kohl, Gates, Mitterrand, Thatcher, Hurd, Major y Woerner». Véase «How Gorbachev was misled over assurances against NATO expansion» https://natowatch.org/newsbriefs/2018/how-gorbachev-was-misled-over-assurances-against-nato-expansion

[iv] Véase https://www.vedomosti.ru/opinion/columns/2022/12/27/957178-zolotoi-rubl?utm_campaign=vedomosti_public&utm_content=957178-zolotoi-rubl&utm_medium=social&utm_source=telegram_ved (si la censura occidental lo permite, hay que traducirlo del ruso)

[v] Véase https://www.gokhran.ru/ru/press/news/2233/index.phtml

 

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