Las autoridades monetarias y los usuarios nacionales no entienden la verdadera relación entre su moneda fiduciaria, las amenazas que pesan sobre su poder adquisitivo y su relación con el oro.
Cada vez se da más por hecho que la economía estadounidense no está funcionando tan bien como sugieren las estadísticas y que la Fed debe recortar los tipos de interés y seguir recortándolos. Esta suposición se basa en una mezcla de esperanza keynesiana y de la experiencia de mercado de las últimas tres o cuatro décadas, que abarcan la trayectoria profesional de los gestores de inversión de hoy. La semana pasada cité un artículo de Ambrose Evans-Pritchard en The Daily Telegraph del 5 de junio, en el que escribía que «Citigroup dice que la Fed tendrá que recortar los tipos de interés en julio y en cada reunión hasta mediados de 2025». Por tanto, un informe de investigación de uno de los mayores bancos de EE. UU. es una prueba de esta opinión.
Hay que admitir que, a corto plazo, un consenso tan fuerte sobre los tipos de interés puede acabar cumpliéndose por sí solo. Quizá el BCE marcó el camino la semana pasada con el primer recorte de su tipo de depósito, lo que sugiere que las conversaciones entre bastidores de los principales bancos centrales confirman que el BCE no estará solo y que podemos esperar que la Fed lo siga en cuanto pueda hacerlo con decoro, aunque oficialmente todavía se mantiene a la espera. Y quizá el Banco de Inglaterra recorte después de las elecciones generales del Reino Unido.
Por desgracia, el problema de los bancos centrales es que la inflación está resultando persistente, y la perspectiva de que vuelva a su objetivo del 2 % y se mantenga ahí es remota. Para entender por qué ocurre esto hay que entender qué representa la inflación: es una disminución del poder adquisitivo de la moneda. Lo que ocurre es que la prueba de esa disminución se refleja en un nivel más alto de los precios en general.
El origen está en la expansión del crédito improductivo, que con una moneda fiduciaria adopta dos formas básicas: el déficit presupuestario de un gobierno no financiado con un aumento del ahorro de los consumidores, y la expansión del crédito bancario que financia el consumo. Ambas conducen a una dilución del poder adquisitivo de las unidades monetarias ya existentes. La razón por la que una expansión del crédito bancario con fines productivos no provoca un nivel general de precios más alto es que conduce a una expansión de la producción cuya oferta tiene el efecto contrario, compensando el efecto dilutivo sobre los precios de las unidades monetarias adicionales en circulación.
¿Por qué no se ha visto esto con claridad desde la década de 1980? Pues sí se ha visto, si se observa la relación entre las monedas y el oro, que es dinero real, legal, aceptado internacionalmente y sin riesgo de contraparte, como ilustra el siguiente gráfico:
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