Surge el nuevo orden

China y Rusia han tomado la iniciativa en la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), considerado una organización rival del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo, que están dominados por Estados Unidos junto con Europa y Japón.

Estos bancos hacen negocios a instancias del viejo orden de Bretton Woods*. El AIIB, en cambio, bailará al son de China y Rusia.

La importancia geopolítica quedó clara de inmediato por la reacción negativa de EE. UU. al anuncio del Reino Unido, esta semana, de que se uniría al AIIB. Muy poco después, Francia, Alemania e Italia también desafiaron a EE. UU. y anunciaron que podrían unirse. En la región del Pacífico, uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos, Australia, dice que también está considerando unirse, junto con Nueva Zelanda. La lista de aliados de EE. UU. que quieren incorporarse crece. Desde el punto de vista geopolítico, China y Rusia han superado por completo a EE. UU. en maniobra y han dividido por la mitad tanto la OTAN como las alianzas estadounidenses en el Pacífico.

Esto es mucho más importante de lo que los comentaristas políticos suelen advertir. Debemos tener presente que todo lo que hace China está planificado con mucha antelación. Esta es la secuencia de hechos relevante:

• En 2002, China y Rusia adoptaron formalmente la carta fundacional de la Organización de Cooperación de Shanghái, un bloque económico que hoy reúne a cerca del 35 % de la población mundial y que superará el 50 % cuando se incorporen India, Pakistán, Irán, Afganistán y Mongolia, que es su intención declarada. Rusia tiene los recursos y China la capacidad manufacturera para desarrollar el mayor mercado interno jamás visto.

• En octubre de 2013, George Osborne fue convocado en la práctica a Pekín porque China quería que Londres fuera la base para desarrollar instrumentos financieros denominados en renminbi. Londres ha servido bien a China, e incluso el Gobierno británico emitió el primer bono público extranjero (para China) denominado en renminbi. El renminbi está ya camino de convertirse en una moneda internacional de pleno derecho.

• La creación de un banco de infraestructuras, el AIIB, garantizará que haya financiación principal para el rápido desarrollo de carreteras, ferrocarriles y comunicaciones eléctricas y electrónicas en toda la OCS, lo que asegurará un desarrollo económico igualmente rápido de todo el continente asiático. Con el tiempo, podría alcanzar el equivalente a varios billones de dólares.

Los países que solicitan unirse al AIIB comprenden que tienen que ser miembros para acceder a lo que acabará siendo el mayor mercado único del mundo. EE. UU. está quedando aislado, consecuencia de su belicosidad por Ucrania y del ejercicio de su poder hegemónico a través del dólar. Los aliados de EE. UU. en el sudeste asiático se están sumando o se sumarán al nuevo AIIB, y en Europa los intereses comerciales están alejando de EE. UU. a sus socios de la OTAN, con lo que Ucrania pasa de ser una causa común a un lastre que se enquista.

Cuanto más se piensa en ello, la creación del AIIB es una jugada maestra de genio táctico. La cuestión pendiente ahora es que China y Rusia tendrán que presentar un plan creíble para que sus monedas sustituyan al dólar de forma incontestable. Sabemos que el oro podría intervenir, porque los miembros de la OCS han estado acumulando metal precioso; pero antes de llegar a ese punto, China debe gestionar una deflación deliberada de su burbuja de crédito, lo cual será una tarea delicada y peligrosa.

A diferencia de las economías occidentales basadas en el Estado del bienestar, China tiene autoridad política y control interno suficientes para sobrevivir a una rápida deflación del crédito bancario. Cuando esto ocurra, como es inevitable, las consecuencias económicas para Occidente serán muy graves. Japón y la eurozona ya se enfrentan a una dislocación económica y, pese a unas cifras de empleo demasiado optimistas, la economía estadounidense también flaquea. Lo último que EE. UU. y el dólar necesitan es un choque deflacionario procedente de China.

Lo positivo para todos es un dividendo de paz: es cada vez menos probable que EE. UU. persista en su llamada a las armas, porque el apoyo de sus aliados se esfuma y la deja sola.

 

*El sistema de Bretton Woods de gestión monetaria estableció las reglas de las relaciones comerciales y financieras entre los principales estados industriales del mundo a mediados del siglo XX.

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