No resulta demasiado sorprendente que no vaya a haber reducción de estímulos, y por muy buenas razones. El inicio de la reducción habría provocado deliberadamente un aumento de los rendimientos de los bonos, desencadenado por un incremento de las ventas de bonos del Estado al público y, al mismo tiempo, por un aumento de las ventas de los gobiernos extranjeros en su intento de conservar el control de sus propias divisas y tipos de interés. Esta fue la lección importante de haber lanzado el rumor de la reducción en los últimos meses.
El motivo por el que no iba a haber reducción de estímulos se resume así:
- Los monetaristas, y por tanto los banqueros centrales, creen que la subida de los rendimientos de los bonos y de los tipos de interés ahogará la recuperación económica. Quieren ver pruebas más sólidas de recuperación antes de permitir que eso ocurra.
- La subida de los rendimientos de los bonos habría obligado a la Fed a subir los tipos de interés más pronto que tarde para frenar la fuga de depósitos bancarios del propio balance de la Fed, mantenidos como reservas excedentes, que solo rinden un 0,25 %.
- Es importante señalar que el sistema bancario mundial tiene una parte excesiva de su balance conjunto invertida en bonos de renta fija, y además está expuesto a la subida de los tipos de interés a través de derivados de permutas de tipos de interés. La reducción de estímulos casi con seguridad habría precipitado una segunda crisis bancaria, empezando por el punto más débil del sistema.
- El coste de financiar el déficit del Gobierno de EE. UU. habría aumentado, lo cual es complicado cuando el techo de deuda tiene que renegociarse una vez más.
- Es muy probable que la subida de los tipos de interés de EE. UU. desestabilice las divisas de los mercados emergentes, con el riesgo de una nueva crisis asiática.
- Es un mal momento para devolver a los mercados la carga de la financiación del gobierno, porque los tenedores extranjeros han demostrado que venderán cuando suban los rendimientos.
La Fed ha reafirmado que los tipos de interés cero seguirán con nosotros durante bastante tiempo. Simplemente no tiene alternativa: tiene que restar importancia al riesgo de inflación. El resultado será más inflación de precios, lo cual es malo para el dólar y bueno para el oro. Esto se reflejó en la curva de rendimientos del Tesoro de EE. UU., donde ayer los precios de los vencimientos largos cayeron en relación con el tramo corto.
Los mercados se convencieron erróneamente de que la reducción de estímulos (tapering) iba a producirse, cuando el rumor no era más que un experimento. En el proceso se vendieron metales preciosos, impulsados por un discurso técnico cada vez más bajista cada vez que se rompía un nivel de soporte. Por tanto, no sorprende que la recuperación de los precios del oro y la plata anoche fuera espectacular: el oro subió 70 $ y la plata 2 $ desde los mínimos intradía. Parece que ahora se ha formado un segundo suelo significativo por encima de los mínimos de junio, y la posición bajista, unida a la escasez de metal físico, impulsará los precios en las próximas semanas.
Las implicaciones de que la Fed no siga adelante con la reducción de estímulos son negativas para el dólar y no impedirán que sigan subiendo los rendimientos de los bonos en el tramo largo. Demuestra que toda la economía estadounidense está atrapada en una enorme trampa de deuda que no puede abordarse por razones de peso. La realidad es que la expansión del efectivo y de los depósitos en el sistema bancario estadounidense tiende hacia la hiperinflación y está resultando imposible de detener. Ese es el mensaje de la reunión del FOMC de esta semana, y espero que los inversores de todo el mundo lo vayan asumiendo gradualmente en las próximas semanas.