Rusia y China refuerzan sus reservas de oro

Los comentarios económicos occidentales sobre China y Rusia suelen estar influidos por supuestos monetaristas que Moscú y Pekín no comparten necesariamente. Por ello, los mercados financieros malinterpretan las políticas fiscales y monetarias rusas y chinas, así como los motivos por los que sus gobiernos compran oro.

China se ha mostrado notablemente tolerante con que su propia población adquiera oro, y el propio gobierno parece estar absorbiendo toda la producción de sus minas. Rusia también está aumentando sus reservas oficiales con su propia producción minera. Con el tiempo, el resultado ha sido la transferencia de las existencias de oro en superficie hacia estos países y sus aliados. Las implicaciones geopolíticas son muy importantes, pero los gobiernos occidentales las han ignorado.

China y Rusia consideran que tienen mucho en común: coordinan la seguridad, los proyectos de infraestructuras y el comercio transfronterizo a través de la Organización de Cooperación de Shanghái. Además, quienes están al frente tienen experiencia personal de los desastrosos fracasos del socialismo, algo que Europa occidental y Norteamérica aún no han vivido. En consecuencia, ninguno de los dos gobiernos asume sin serias reservas los conceptos económicos y monetarios predominantes en Occidente.

Recientemente hemos visto una muestra de ello en Rusia, con el nombramiento por parte de Putin de su propia asesora económica personal, Elvira Nabiullina, como nueva presidenta del banco central ruso. Consta que la Sra. Nabiullina admira, entre otros, los escritos de Robert Higgs, un destacado economista estadounidense de la Escuela Austriaca. Por tanto, es probable que adopte una línea dura contra la expansión del crédito bancario, algo que confirman comentaristas rusos que creen que dará prioridad a las reformas para reforzar los balances de los bancos.

No es la única. El Banco Popular de China permitió hace poco que los tipos del mercado monetario a un día se dispararan por encima del 20 %. El mensaje es claro para quien esté dispuesto a verlo: no van a alimentar una burbuja de crédito prolongada. Ambos países han aprendido lo perjudicial que puede ser un ciclo económico impulsado por el crédito bancario y están decididos a restringir los préstamos bancarios. A los comentaristas occidentales les cuesta entenderlo porque no se ajusta al modo en que funciona la política monetaria occidental.

Parece que los líderes tanto de Rusia como de China son también muy conscientes de la importancia de la estabilidad monetaria, de un modo en que Occidente no lo es. La comparación con las políticas monetarias temerarias de Occidente es evidente. De ello se deduce que Rusia y China están cada vez más preocupadas por las principales divisas, dado que ambos países tienen superávits comerciales considerables. Su exposición a este riesgo de divisas explica su interés por el oro. Además, saben que, si el renminbi y el rublo han de sobrevivir a una crisis de las divisas occidentales, deben contar con la credibilidad de un dinero sólido, que proporciona la combinación de contención monetaria y respaldo en oro. Y la razón por la que China ve con buenos ojos que sus ciudadanos destinen cantidades cada vez mayores de sus ahorros al oro es coherente con el objetivo de lograr que su población también confíe en un dinero sólido.

Aunque los gobiernos chino y ruso son mercantilistas autoritarios, su enfoque contiene elementos de la economía de la Escuela Austriaca. La tragedia para Occidente y Japón es que han emprendido el rumbo contrario, el del dinero débil, que solo puede acabar en la destrucción final de sus divisas, dejando a Rusia y China como las potencias económicas dominantes.

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