Como se ha dicho incontables veces en este sitio, la QE es permanente. Los bancos centrales como la Fed, el Banco de Inglaterra y otros no pueden revertir sus políticas expansivas ni diseñar una "salida" limpia sin hundir sus economías en un colapso deflacionario descomunal.
La impresión de dinero se hará más descarada, y las autoridades se mostrarán más audaces en sus intentos de reactivar una recuperación inflacionaria.
El Banco de Japón es el último actor en comprometerse con una impresión agresiva de dinero: el yen cayó ayer al conocerse que el BoJ planea más flexibilización cuantitativa y cualitativa. El Banco persigue un objetivo de inflación del 2 % y, según informa dailyfx.com, "ahora utilizará el 'control de la base monetaria' para aplicar la flexibilización monetaria cuantitativa, lo que implica realizar operaciones de mercado que ampliarán la base monetaria entre 60 y 70 billones de yenes al año".
Kyle Bass, de Hayman Capital, lo pone en perspectiva en una nueva entrevista de CNBC, señalando que "el BoJ está monetizando a un ritmo cercano al 75 % del de la Fed sobre una economía que es un tercio del tamaño de la de EE. UU.".
Mientras tanto, en el Reino Unido, el responsable de la (ya extinta) Autoridad de Servicios Financieros ha declarado que "debemos decir a la gente que, si es necesario, la QE acabará siendo permanente". Sostiene que los gobiernos deben ir mucho más lejos en la impresión de dinero y que deberían estar preparados para financiar el gasto corriente por este medio. Cuando las cosas se ponen difíciles, el tabú monetario definitivo no es tan tabú después de todo (al menos para quienes están firmemente aferrados a la "sabiduría" económica convencional).
Con estos acontecimientos y mientras se asienta el polvo de la crisis de Chipre, resulta casi increíble lo bajista que ha sido en los últimos días la evolución del precio de los metales preciosos. Esto no puede durar, dado el enorme argumento alcista a favor del oro.