En el mundo actual, donde el sentido común está bajo ataque, resulta refrescante leer un libro que no solo está bien argumentado, sino que además ofrece una solución práctica y consagrada por el tiempo a muchos de los problemas que aquejan a la sociedad moderna. Existe un orden natural basado en los componentes interdependientes del tiempo y la energía, y los problemas sociales aumentan cuanto más se aleja la humanidad de él.
«The Natural Order of Money», de Roy Sebag, es una bienvenida llamada de atención que explica el vínculo ineludible de la humanidad con el mundo natural. Pese a la convención imperante de que nos hemos convertido en dueños del universo y en legisladores con control absoluto, conviene recordar que la actividad humana está siempre y en todas partes, en última instancia, atada a la naturaleza y al orden natural, y depende de ellos. Aunque deseemos o incluso creamos lo contrario, la realidad es que la humanidad depende de las regularidades, los caprichos y la escasez del mundo natural, y está inextricablemente ligada a ellos; algo que va más allá de los elementos de la tabla periódica y alcanza los alimentos y la energía que proporcionan los agricultores, los mineros y los productores de energía de la economía real, todos los cuales trabajan dentro del mundo natural y de quienes depende la economía de servicios.
La consecuencia de esta conexión fundamental entre la humanidad y el mundo natural es una «responsabilidad ecológica». Es mi favorito de los siete términos definidos que se analizan en profundidad como componentes centrales de la línea argumental del libro, a partir de la cual podemos concluir que la economía real y la de servicios están hoy desequilibradas. Una sección especialmente lúcida aborda el rasgo parasitario de una economía de servicios que ha llegado a dominar a la economía real, en un intento vano de sus participantes por dominar la naturaleza en lugar de aceptar el orden natural y respetarlo. Esta inversión dañina se ve facilitada por la creencia de que el dinero es un concepto y no un objeto físico. Es una idea errónea que crea ilusiones de prosperidad y esquilma la naturaleza más allá de su capacidad natural de regeneración, una de las muchas ideas del libro que sin duda interesarán vivamente a todos los preocupados por la degradación medioambiental. Pero este tratado sobre el orden natural contiene mucho más.
Por ejemplo, examina la cooperación humana voluntaria tal como quedó recogida en la ley sumeria y babilónica, que explica un sistema de leyes naturales que rigen la interacción humana de forma cooperativa y que permite el progreso mediante mayores niveles de vida y el avance de la sociedad. El propósito de la ley era simplemente dejar constancia del sistema monetario natural que ya existía y se utilizaba. De esta ley de los antiguos aprendemos cómo crearon un sistema monetario equitativo, con igualdad de condiciones para todos los participantes en la economía, lo que contrasta radicalmente con lo que prevalece hoy, como demuestra la flagrante disparidad en la distribución de la riqueza. Tampoco se puede manipular la naturaleza para obtener un crecimiento nominal del PIB, lo que explica gran parte del daño medioambiental que vemos hoy.
«The Natural Order of Money» merece la atención de un público amplio dispuesto a desaprender muchas de las falacias y buena parte del pensamiento equivocado que predominan hoy. Al profundizar en los primeros principios para analizar las diferencias y los vínculos entre la economía real y la de servicios, que constituyen la totalidad de la actividad y el esfuerzo humanos, obtenemos ideas valiosas sobre la cooperación humana voluntaria y su relación con el orden natural. Y, lo que es más importante, ofrece una magnífica explicación de cómo el dinero está inextricablemente ligado al orden natural, algo que hoy no se enseña a menudo en las universidades ni entienden bien los líderes políticos o, de hecho, la población en general, que sufre las consecuencias de la inflación y de otras políticas perjudiciales para ella y para el medio ambiente.
«The Natural Order of Money» desmonta por completo la teoría estatal del dinero, al explicar cómo el dinero no es un artefacto del Estado ni algo que solo resulte útil por la imposición del poder estatal. El dinero no es un invento humano ajeno al orden natural. Dado que la actividad económica se basa, en primera instancia, en el individuo como productor y consumidor, con independencia del Estado o de otras entidades, el dinero surge de la naturaleza y la humanidad lo utiliza igual que otros elementos naturales y sus compuestos: para permitir que los individuos mejoren su situación, con lo que avanzan los niveles de vida.
Más concretamente, el dinero es una unidad de peso que en la prehistoria se convirtió en una unidad de cuenta útil para el cálculo económico, a medida que los humanos primitivos aprendían que la cooperación voluntaria mediante la división del trabajo les ayudaba a mejorar su vida al satisfacer mejor sus necesidades y deseos. Aprendemos por qué el oro es dinero natural y por qué solo él proporciona un patrón objetivo para medir el progreso y vincular la economía en general con la economía real, de modo que toda la actividad económica se mida de forma equitativa y conforme al orden natural.
«The Natural Order of Money» es un libro bellamente editado que transmite de forma acertada sus temas principales: la belleza de la naturaleza, el lugar de la humanidad en ella y la armonía que se ofrece a todos cuando se respeta el orden natural.