Entre tanta conversación reciente sobre si la Fed va a reducir o no sus estímulos (el «tapering»), la situación en Oriente Medio se ha ido deteriorando, de forma discreta y no tan discreta. Esto ha provocado una escalada del precio del petróleo en los últimos días, con el crudo WTI ya por encima de los 100 dólares el barril, un 17 % más que a mediados de abril.
Egipto es el último foco de tensión, con rumores de un golpe militar para derrocar al presidente islamista Mursi. Los militares exigen que comparta el poder con sus opositores o se enfrente a una solución militar.
Las protestas siguen sacudiendo El Cairo y otras ciudades egipcias. Como ocurre con los disturbios de Turquía y Brasil, es difícil precisar demasiado las causas exactas; aun así, la subida de precios parece ser una causa común de malestar en los tres países (recuerda que los manifestantes brasileños citaron la subida del precio del autobús como motivo de su enfado). Recuérdalo la próxima vez que oigas a un economista advertir de que hay que evitar la deflación a toda costa.
Los rendimientos de los bonos portugueses se disparan tras las noticias de dimisiones e inestabilidad en el gobierno de coalición de Portugal, y un estratega de Commerzbank lo cita como prueba de la «fatiga de la austeridad». Aun así, este escenario lo hemos visto repetirse una y otra vez en la eurozona a lo largo de los últimos tres años y pico, con brotes periódicos en los mercados de deuda de la eurozona, hasta el momento en que el presidente del BCE aparece y lanza fuertes insinuaciones sobre las «operaciones monetarias de compraventa» (una expresión en clave para el tipo de impresión de dinero que hemos visto en EE. UU., Reino Unido y Japón). En ese momento todo vuelve a calmarse, con el euro al alza y los rendimientos de los bonos periféricos a la baja.
Todas estas preocupaciones han dado un impulso al oro y la plata esta mañana: el metal amarillo ronda los 1.250 $ y la plata alcanza los 20,00 $. Un repunte muy necesario para la suerte de los metales.