Por qué la política monetaria no funciona

Uno de mis suscriptores de Substack me pidió hace poco que explicara por qué no funciona el uso de los tipos de interés para intentar controlar la inflación. Sencillamente, esa no es la verdadera función de los tipos de interés.

Ante todo, un tipo de interés es la compensación que exige un acreedor por el riesgo de crédito. El riesgo de crédito adopta varias formas: está la compensación por perder la posesión y el uso de un medio de intercambio (lo que algunos economistas llaman preferencia temporal), está el riesgo de impago por parte del deudor y está el riesgo de pérdida de poder adquisitivo del medio de intercambio durante el plazo de un préstamo. La suma de estos tres elementos es lo que hace que el crédito valga hoy menos que su realización final, cuando la posesión vuelve al acreedor, algo que hoy se expresa siempre como un tipo de interés.

Esa es la función de un tipo de interés: pone precio hoy a los valores de mañana. Es algo que deben determinar deudor y acreedor, y nunca es asunto de nadie más, y mucho menos de un banco central. Pero hay que ir más lejos y demostrar que los errores de la gestión de los tipos de interés son aún mayores de lo que sostenemos quienes entendemos que la descripción anterior del papel de los tipos de interés es correcta. La respuesta está en la paradoja de Gibson.

La paradoja de Gibson demuestra que los tipos de interés se correlacionan con el nivel de precios, y no con la tasa de inflación. Los gráficos siguientes lo ilustran:

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Descripción generada automáticamente

Los datos históricos dejan claro que los tipos de interés y, por tanto, los rendimientos de los bonos se correlacionan entre sí, mientras que los tipos de interés, o los rendimientos de los bonos, no se correlacionan con la tasa de inflación. Los rendimientos de los bonos pueden considerarse una aproximación suavizada de los tipos de interés a corto plazo más, por supuesto, algo adicional por el riesgo de crédito.

Keynes, que dio nombre a esta paradoja en honor de su colega economista Arthur Gibson, escribió en su Treatise on Money que era "uno de los hechos empíricos más plenamente establecidos de todo el campo de la economía cuantitativa". La llamó paradoja porque no encontraba ninguna explicación, y tampoco Irving Fisher ni Knut Wicksell lograron explicarla. Es evidente que el problema eran las ideas económicas preconcebidas de los economistas, y no una comprensión práctica.

La explicación breve es sencilla y puede darse a partir de los intereses tanto de los deudores como de los acreedores.

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