Por qué el dinero del futuro es el oro y la plata

Un recordatorio de por qué siempre serán dinero sólido y de por qué bitcoin no puede ocupar ese lugar

Con el precio de bitcoin todavía en alza y se espera que suba aún más, entre los círculos de las criptomonedas crece la creencia de que sustituirá a las monedas gubernamentales sin respaldo cuando estas acaben fracasando.

Los supuestos en los que se basa esta conclusión son ingenuos y revelan un conocimiento escaso de las cualidades que necesita el dinero sólido. Este artículo coincide en que los acontecimientos actuales aceleran el camino hacia la destrucción de las monedas fiduciarias y en que los precedentes históricos apuntan a que acabarán siendo sustituidas por una forma de dinero más sólida. Pero cuál sea ese dinero se decidirá cuando los gobiernos pierdan el control sobre su moneda fiduciaria, y el público, sus usuarios, fijará la agenda monetaria a través de los mercados libres.

Solo entonces el público general determinará las cualidades requeridas y, en el pasado, siempre ha optado por el dinero metálico. Y dado que los departamentos del tesoro de los gobiernos y sus bancos centrales poseen, por coincidencia, únicamente oro entre sus reservas no fiduciarias, su monetización es la única opción que tienen los gobiernos para sobrevivir al colapso de sus monedas fiduciarias. Eso es lo que acabará ocurriendo, y quizá la plata desempeñe un papel monetario secundario respecto al oro.

Introducción

Aunque cada vez más miembros de la comunidad inversora fiduciaria entienden que las cantidades de dinero gubernamental se expanden sin señal alguna de límite, también han concluido que bitcoin, y no el oro, es la apuesta de inversión pura, porque en los próximos años bitcoin se acercará a su cantidad final.

Es casi seguro que, al igual que la mayoría de los partidarios del oro y la plata, los «hodlers» esperan vender sus bitcoins con un beneficio medido en las monedas de sus gobiernos, generándose una riqueza relativa en dólares, euros, yenes, o lo que sus gobiernos impongan a sus ciudadanos como dinero. Pero es el enfoque de un inversor, o de un especulador, acompañado de un examen febril de gráficos, del sesgo de confirmación de los «expertos» y de una comprensión solo a medias de lo que impulsa el precio. Tan repentina y extraordinaria ha sido la creación de riqueza al margen de la banca en las principales criptomonedas, que los inversores proclaman con frecuencia que el oro y la plata son historia del pasado y que los veteranos deberíamos adaptarnos a los tiempos.

Estos inversores afirman que cinco mil años de evidencia empírica están a punto de ser derribados. Pero son inversores. Todo alcistas y ningún bajista. Salvo por ingresar beneficios fabulosos en moneda fiduciaria en una fecha futura, esto no tiene nada que ver con el dinero en sí. Lo esencial del dinero sólido es que se adquiere gastando moneda fiduciaria, de modo que, cuando esta desaparezca, se tenga con qué gastar. No es una decisión de inversión, sino más bien un seguro que se contrata y para el que hay que evaluar un riesgo. Si se decide que el riesgo es que las monedas fiduciarias no fracasen durante nuestra vida, la prima del seguro, que es una decisión individual, solo necesita ser pequeña o ni siquiera contratarse. Pero si se decide que el riesgo existe y va en aumento, la asignación a dinero sólido físico debería aumentarse en consecuencia. La falta de posesión física, ya sea de bitcoin, oro o plata, no es una opción.

No cabe duda de que la inestabilidad económica y monetaria va en aumento. Al fin y al cabo, esto alimenta la lógica de inversión de bitcoin, que entienden quienes lo compran para beneficiarse de su lento ritmo de expansión en cantidad en comparación con el de la moneda fiduciaria. Pero la lógica de inversión es que todo el rendimiento subjetivo del precio está en bitcoin, y que la moneda nacional es el valor objetivo inmutable. Si no, ¿por qué valorar bitcoin en su moneda fiduciaria y por qué venderlo alguna vez? ¿Y ajusta alguna vez los rendimientos de sus otras inversiones por la depreciación de la moneda? Nadie lo hace.

La visión objetiva de la moneda es tan poderosa que muy pocas personas logran escapar de ella. Pero la decisión de asegurarse contra la muerte de las monedas fiduciarias consiste en poseer por adelantado a su probable sucesor, no en medir ganancias. Requiere entender qué representa el dinero, su función, y qué está ocurriendo con las monedas fiduciarias y por qué. Implica comprender que el dinero fiduciario se está depreciando y qué significa realmente eso para el dinero sólido del mañana. Y exige que las personas comprendan lo que ocurre con el valor objetivo del dinero fiduciario, como evidencian la subida de los precios de las materias primas, de las bolsas, de la vivienda, de bitcoin, así como del oro y la plata, todo ello medido en moneda fiduciaria.

Hoy, muy pocos propietarios de metales preciosos o de bitcoin entienden que la inversión está muy bien, pero que la razón última para poseerlos es protegerse ante la posibilidad de que el dinero fiduciario fracase. Todavía no han tomado una decisión informada sobre cuál será el sustituto. Y hablar de que bitcoin llegue a un millón de dólares o de que el oro llegue a cinco mil no entiende el asunto en absoluto.

Características del dinero sólido

Illustration accompanying Por qué el dinero del futuro es el oro y la plata
La figura 1 nos ofrece una base para evaluar las credenciales de los principales candidatos a sustituir al dinero fiduciario cuando muera. Conviene señalar que, a lo largo de la historia del dinero, el dinero impuesto por los gobiernos, sin más respaldo que su estatus legal, siempre ha fracasado y ha sido sustituido por un dinero que, en esencia, eligen las personas a través de los intercambios que hacen entre sí. Con la invención de las criptomonedas se ofrece una nueva forma tecnológica de dinero que dice ser sólida y que compite por la atención con los dinero metálicos consolidados del pasado. Podemos dejar de lado las criptomonedas centralizadas de los bancos centrales, pues eso equivale a recolocar las tumbonas en el Titanic fiduciario.

Para estimar la idoneidad de cada forma de dinero, esta debe superar las pruebas de la figura 1. Es evidente que el oro cumple todas las categorías, pero hace falta explicar por qué es así y por qué no ocurre lo mismo con el bitcoin y la plata.

Aceptación pública


Tanto el oro como la plata han actuado como dinero durante milenios y están ampliamente distribuidos. En general se asocian a un valor monetario, es decir, son aptos para ser un medio de intercambio. De hecho, la plata fue la base de la libra esterlina desde el año 775 d. C. y fue el patrón monetario hasta la adopción del patrón oro en 1816, aunque Sir Isaac Newton introdujo en 1717 un patrón secundario para el oro. Son más de mil años de plata monetaria. La plata seguía siendo el patrón monetario en muchas jurisdicciones del continente europeo hasta la guerra franco-prusiana, cuando Alemania exigió a Francia un tributo en oro, lo que le permitió cambiar su patrón monetario de la plata al oro.

Ambos metales tienen una larga historia de uso como dinero en Europa y Asia. Y cuando Colón descubrió América, se comprobó que sus civilizaciones, principalmente los aztecas y los incas, que no habían tenido ninguna relación comercial previa con europeos y asiáticos, también valoraban estos metales. En lo más hondo de la psique humana siempre ha existido una apreciación de su constancia y de su idoneidad como medios de intercambio.

No puede decirse lo mismo del bitcoin, que se presenta como la criptomoneda líder y más sólida. Pero su libro de contabilidad distribuido no puede ser corrompido por nadie, incluidos los gobiernos. Mientras la electricidad siga corriendo por las venas de nuestra economía y nuestros ordenadores y teléfonos móviles sigan interconectados, habrá bitcoin y su cadena de bloques. Pero como sustituto del dinero fiduciario tiene muchas desventajas, algunas de las cuales sin duda se superarán. Lo que no puede hacer es actuar como medio de intercambio para quienes no quieren o no pueden usarlo. El entusiasmo de los «hodlers» por el bitcoin como dinero no va mucho más allá de los millennials con formación, quizá menos de cien millones de una población transaccional de siete mil millones. Tropieza en este obstáculo porque, en última instancia, quienes deciden qué se usa como dinero no son los «hodlers», sino el público en general.

Pero algunos comercios ya aceptan bitcoins, e incluso se dice que Elon Musk los acepta a cambio de sus Teslas. Quizá; pero si alguien piensa que el bitcoin va a subir de precio, probablemente lo aceptaría como pago. Sería una forma de adquirir bitcoin para poder venderlo más adelante con un mayor beneficio. Eso no es usar el bitcoin como dinero.


Aceptación pública

Para que un medio de intercambio sea eficaz, debe ser aceptado por todos los miembros de una comunidad de personas que dividen su trabajo y, si una comunidad quiere beneficiarse del comercio con otras, debe ser aceptado de forma más amplia para el intercambio de bienes. Pero sabemos que limitar las transacciones a monedas o a dinero metálico por peso es una forma ineficiente de dinero. Por eso las monedas fiduciarias nacieron como sustitutos del oro o de la plata, tanto en forma de efectivo como de depósitos bancarios, canjeables por metal físico a la vista y a un tipo fijo.

No se puede subestimar la comodidad de poder pagar con sustitutos de dinero sólido. Una moneda nacional plenamente fungible con el oro o la plata fue fundamental en la economía de la revolución industrial y es la base de las monedas de las grandes naciones de hoy. En ellas se desarrollaron mercados como los de letras descontadas, préstamos, bonos, acciones y financiación del comercio. Los sustitutos del oro y la plata inspiraban confianza. Las empresas se expandieron a escala internacional y cambiaron sus sustitutos del dinero por materias primas, importaciones de bienes de consumo y bienes de orden superior. Aunque el dinero del país A no circulaba en el país B, se aceptaba y podía canjearse por la moneda de este a un tipo cruzado fijado por sus patrones oro o, alternativamente, cambiarse por oro físico. Esta fue la base del comercio mundial antes de la Primera Guerra Mundial.

El sistema monetario basado en el libre intercambio de sustitutos del oro y la plata tuvo tanto éxito que sacó a las naciones que se beneficiaron de él de la subsistencia feudal y las llevó al mayor avance económico de la humanidad desde el fin del trueque. Sentó las bases de las economías modernas y de su progreso tecnológico. Se podía confiar en el dinero. Se podía ahorrar, poniéndolo a disposición de los emprendedores para financiar su producción, con la certeza de que el dinero respaldado por oro o plata conservaría su poder adquisitivo con el tiempo. Fue fundamental en la evolución de las sociedades medievales hacia los mercados libres.

Fueron los gobiernos y sus bancos centrales, a través de sus sustitutos del dinero, quienes hicieron trampa con el dinero metálico. A partir de la suspensión de los patrones oro para financiar la Primera Guerra Mundial, las naciones europeas no volvieron a ellos y algunas monedas se hundieron. Gran Bretaña acabó introduciendo en 1925 un patrón de metal precioso en lingotes, que sustituyó al patrón de moneda de oro, al tipo de antes de la guerra. Al permitir solo el canje de libras por barras de 400 onzas y eliminar el compromiso de antes de la guerra de cambiar libras de papel por soberanos, el público general perdió en la práctica la facilidad del sustituto del oro. El patrón de metal precioso del Reino Unido duró solo hasta septiembre de 1931, cuando fue abandonado «temporalmente» y nunca se volvió a introducir.

El fallo del sistema no fue culpa del oro ni, en épocas anteriores, de la plata. El problema fundamental era que los bancos eran libres de expandir la cantidad de dinero en forma de crédito, que, una vez dispuesto y gastado, no se distinguía de los sustitutos del oro. Tras la Bank Charter Act de 1844, que permitió la existencia de crédito bancario sin respaldo, el ciclo de expansión del crédito bancario se liquidaba en general por sí solo mediante crisis bancarias periódicas. Eso cambió cuando el Banco de Inglaterra asumió el papel de prestamista de última instancia, que después copió la Fed.

La cola del crédito había empezado a mover al perro monetario y condujo a la situación actual, en la que el dinero procedente del crédito bancario constituye la mayor parte del dinero en circulación. Sin una reforma del sistema bancario que restrinja el papel del crédito bancario, la reintroducción de sustitutos del oro y la plata queda corrompida y no puede funcionar mucho tiempo. Esto debe abordarse cuando muera el dinero fiduciario; de lo contrario, el ciclo del crédito bancario desestabilizará el nuevo sistema monetario.

Si el bitcóin va a ser el dinero del futuro, harán falta enormes dosis de persuasión para que el público lo acepte como dinero sólido frente al oro o la plata. Es poco probable que esa persuasión venga de los mercados, que son la suma total de las transacciones de las personas, así que solo puede venir del Estado. Algún tipo de organismo oficial, un gobierno revolucionario de acuerdo con otros gobiernos revolucionarios, tendría que imponer con éxito una criptomoneda, sobre la que ningún Estado tiene control distributivo, a un público cuyo concepto tradicional del dinero es muy distinto. Esta propuesta no solo es ilógica, sino que es lógicamente la consecuencia de suponer que es el Estado quien decide qué es dinero y no la gente.


Sanción oficial del nuevo dinero

Lo último que querría cualquier gobierno o banco central es perder el control sobre el dinero. Estas instituciones seguirán con el dinero fiduciario hasta el último momento posible y entonces querrán determinar cuál lo sustituye. Intelectualmente, no están preparadas para esa tarea, ya que creen que el Estado debe conservar en todo momento el control de su dinero nacional para gestionar los resultados económicos. Ven los mercados libres como el enemigo del orden impuesto por el Estado.

El colapso de las monedas fiduciarias acabará con la teoría estatal del dinero, y no será la primera vez. Sea cual sea el tiempo que tarde, la rápida pérdida de poder adquisitivo de las monedas fiduciarias implica que los gobiernos dejarán de poder financiar sus obligaciones. Por lo tanto, llegará un momento en que habrá que abandonar el dinero fiduciario en busca de estabilidad monetaria. La desaparición del dinero fiduciario es la desaparición del dinero estatal, y la función de su sustituto será restablecer la confianza del público.

En teoría, es posible restablecer la confianza sin abandonar el dinero fiduciario, pero eso supondría actuar anticipándose a una crisis monetaria. Reducir el gasto público a un nivel económicamente sostenible, equilibrar los presupuestos, reformar el sistema bancario y abandonar las intervenciones regulatorias y de otro tipo en favor de los mercados libres tendría que ser una política deliberada. Pero es improbable que las reformas necesarias fueran políticamente posibles antes de una gran crisis económica y monetaria. Por lo tanto, primero llega la crisis, y después el Estado responde con un electorado plenamente consciente de las consecuencias del fracaso.

En algún momento del colapso del poder adquisitivo de un dinero fiduciario habrá que detenerlo. En noviembre de 1923, el marco de papel alemán se canjeó finalmente por un nuevo marco vinculado nominalmente al marco oro a razón de un billón por uno. El razonamiento detrás de ese tipo de conversión era que permitía que el nuevo Rentenmark... entrara en circulación.

El dinero sustituto solo puede basarse en algo que esté en poder de los gobiernos. Y, ya sea en sus departamentos del tesoro o en sus bancos centrales, aparte del dinero fiduciario de los demás, solo poseen oro en sus reservas monetarias. Puede que los Estados hagan algunos intentos debilitadores por evitarlo, pero podemos estar seguros de que el único sustituto del dinero fiduciario será respaldarlo con oro. Es necesario para estabilizar el dinero de todos. También habrá que abordar las otras medidas, como reducir el alcance del gobierno y liberar los mercados de intervenciones. Pero, ante la perspectiva cada vez más evidente de un colapso monetario total, estabilizar la moneda convirtiéndola en sustitutos del oro canjeables por moneda de oro debería pasar a ser una solución políticamente viable.

No se pretende restar importancia a las dificultades que conlleva ni descartar las consecuencias políticas. Basándose en la experiencia alemana tras el colapso de su marco de papel, Camino de servidumbre, de Hayek, es una lectura instructiva. La desaparición del dólar plantea cuestiones geopolíticas, porque China ha acaparado de hecho los mercados de oro físico y hay indicios de que ha acumulado cantidades muy grandes de oro no monetario. El oro como dinero en circulación aumentaría su poder frente al de Estados Unidos. El banco central de Rusia también ha ido aumentando sus reservas de oro a costa del dólar y cabe suponer que ha acumulado cantidades significativas de oro físico no declarado.

El tiempo que tarde en producirse un colapso monetario fiduciario es otro factor importante que no se aborda en este artículo, pero que tendrá consecuencias significativas. Si faltara hasta un año, los gobiernos podrían introducir controles de precios e intentar confiscar el oro; son medidas a las que se ha recurrido tradicionalmente en el pasado, ya desde la época romana. Podría incluso adelantarse la introducción de monedas digitales de bancos centrales, impulsada por la caída del poder adquisitivo del dinero fiduciario tradicional. Y no hay que ignorar el empobrecimiento de las clases medias causado por la inflación monetaria.

Pero, con el tiempo, un movimiento hacia sustitutos del oro tiene que producirse, y la plata podrá entonces pasar a ser moneda complementaria. Pero hay una cosa clara: una criptomoneda de libro de contabilidad distribuido públicamente y que no esté en poder del Estado no puede adoptarse como sustituto de su moneda fiduciaria, porque los Estados no tienen los medios para introducirla.

Flexibilidad monetaria

Es un error pensar que un dinero sólido es aquel cuya cantidad no varía. La clave del dinero sólido es que son los usuarios, el público en general y las empresas, quienes deciden la cantidad necesaria, y no el Estado. Fue la Teoría estatal del dinero de Georg Knapp, publicada en 1905, la que condujo a la financiación inflacionaria de Alemania, que terminó con el hundimiento del marco de papel en 1923. Fueron la teoría de Knapp y sus compañeros de viaje chartalistas los que permitieron a Alemania armarse antes de la Primera Guerra Mundial y después librarla sin un coste visible para el contribuyente. El problema no es una limitación estricta de la cantidad de dinero, sino quién determina esa cantidad.

Se nos dice que las existencias de oro sobre la superficie suman unas 200 000 toneladas y que su suministro adicional es de unas 3300 toneladas de extracción anual. Como crecen a un ritmo de en torno al 1,5 % anual, se toma erróneamente esa cifra como la oferta monetaria del oro. El oro monetario es solo una de las funciones del metal, y solo 35 220 toneladas son oficialmente oro monetario. Además de las reservas oficiales, hay lingotes custodiados en cámaras por cuenta de gobiernos y sus organismos que no están designados oficialmente como dinero, así como lingotes atesorados por el público en general. Y como se estima que un 60 % adopta la forma de joyería y otros usos, queda una oferta mundial de dinero en oro de unas 80 000 toneladas.

Esto da al oro un enorme margen para aumentar su uso monetario. Si el oro se utiliza como respaldo para convertir las monedas fiduciarias en sustitutos creíbles del oro, su poder adquisitivo pasa a determinar las cantidades de chatarra que actúan como arbitraje entre usos. Los mercados libres decidirán cuánto oro se necesita, y la oferta está disponible si hace falta.

Dado que sus usos son predominantemente industriales, que la plata actúe como dinero es una cuestión más compleja. El aumento de su valor relativo al oro reducirá la demanda industrial hasta que finalmente vuelva la estabilidad monetaria, y entonces la mayor parte de los 840 millones de onzas de producción minera anual estimados pasará a alimentar la cantidad de plata monetaria. Pero, a diferencia del oro, las existencias de plata sobre la superficie son mínimas y, además, la propiedad de plata monetaria por parte de organismos gubernamentales es prácticamente inexistente. Y como fue abandonada de forma generalizada como respaldo monetario de la emisión de billetes en los Estados europeos hace ya tanto tiempo como principios de la década de 1870, es probable que la plata tenga en el futuro un papel monetario solo secundario respecto al oro. Pero su reintroducción como moneda acuñada serviría como afirmación pública, junto con las monedas de oro de mayor valor, de que la reforma monetaria tiene una base sólida.

A diferencia del dinero respaldado por metales, para quienes lo conservan a largo plazo («hodlers») la virtud del bitcoin es el límite estricto a su cantidad, lo que significa que, mientras los gobiernos expandan la cantidad de su dinero fiduciario, su precio tiene que subir. Pero si el público en general ha de determinar el futuro del dinero a través de los mercados libres, necesitará una forma de dinero cuya cantidad no dicten el gobierno ni los bancos. Con un patrón bitcoin, un país solo puede ampliar la cantidad de bitcoin en circulación obteniéndolos de otro país. El mecanismo económico consiste en que el país tenga precios más bajos de bienes y servicios que los demás, de modo que obtenga bitcoin como pago por las exportaciones netas. Suponiendo que no cambie la proporción del ahorro respecto al consumo inmediato, esto exigiría que el gobierno aumentara su superávit de ingresos respecto al gasto para intentar reprimir la demanda de su propia economía y, con ello, reducir los precios.

En consecuencia, un patrón bitcoin requiere la intervención del gobierno para funcionar, con gobiernos que fijan la demanda marginal. Pero no pueden actuar de forma concertada. Y si un país maniobra para aumentar su cantidad de bitcoin en circulación, provoca una deflación más aguda en los demás. La falta de cualquier flexibilidad monetaria es el talón de Aquiles del bitcoin.


Flexibilidad financiera

Tras el fin del acuerdo de Bretton Woods de posguerra, en los últimos cincuenta años los mercados financieros se han desarrollado sobre la base de una expansión sin precedentes de la cantidad de dinero. Solo en EE. UU., desde agosto de 1971 la oferta monetaria amplia M3 ha pasado de 685 000 millones de dólares a 19,4 billones, es decir, se ha multiplicado por veintiocho. Además, los principales bancos estadounidenses han desviado cada vez más la expansión del crédito de la financiación de la producción hacia actividades financieras. Entre ellas se incluyen las compras de deuda pública y de otro tipo, que han pasado de 160 000 millones de dólares a 4,92 billones en el mismo periodo. La expansión de los mercados de futuros regulados y de los mucho más extensos mercados extrabursátiles (OTC) ha sido explosiva: el Banco de Pagos Internacionales estimaba el importe nocional pendiente de los contratos OTC en 609 billones de dólares en junio de 2020.

Aunque buena parte de estos aumentos es consecuencia de la inflación monetaria, es indudable que los agentes económicos demandan, en cualquier sistema monetario, la posibilidad de cubrir riesgos, que es de lo que tratan los derivados. De hecho, los futuros, los contratos a plazo y las opciones existían mucho antes del actual régimen de dinero fiduciario. Por tanto, debemos suponer que los mercados financieros seguirán demandando estos servicios, aunque quizá en menor cantidad.

Por ello, un régimen monetario sustituto debe permitir que continúen los derivados y otras actividades financieras, como la financiación del comercio y la provisión de crédito al sector no financiero. El hecho de que los derivados tengan una historia más larga que el dinero fiduciario demuestra que el dinero metálico no es un obstáculo para ellos. Del mismo modo, los mercados de bonos existían junto con el crédito bancario, que es necesario para facilitar la producción y, por tanto, el consumo.

Con unos precios generalmente estables, el poder adquisitivo del dinero metálico aumenta con el tiempo gracias a que la competencia impulsa la innovación en la fabricación, junto con el desarrollo y la aplicación de nuevas tecnologías. Los consumidores pueden ahorrar sabiendo que están protegidos frente a la degradación monetaria por parte del Estado y que su nivel de vida mejorará con el tiempo, igual que el poder adquisitivo de sus ahorros.

Nada de esto sería posible con una forma de dinero inflexible y de cantidad estrictamente limitada. En lugar de la situación actual, en la que la riqueza se transfiere de los depositantes a los prestatarios mediante la degradación de la moneda, la riqueza tendería a fluir con fuerza en sentido contrario, y solo se compensaría con una contracción de la actividad económica que actuase como contrapresión ante la tendencia al aumento del poder adquisitivo de una forma de dinero de cantidad fija. El mundo en su conjunto se encontraría en una depresión permanente, encabezada por un descenso de la producción.

Los bancos no podrían financiarse más allá de los depósitos a la vista, y probablemente los tipos de interés negativos compensarían la oferta monetaria fija que provoca el aumento de su poder adquisitivo. Los mercados de bonos estarían marcados por rendimientos negativos cada vez mayores a lo largo de la curva de tipos. En este mundo al revés, ningún empresario se plantearía financiar la producción desde la inversión inicial hasta la venta del producto final, porque los precios de los productos finales en esa moneda fija caerían casi con toda seguridad de forma sustancial con el tiempo. Y la decisión más sensata de un consumidor sería no gastar nada salvo en lo estrictamente esencial, para acumular la mayor cantidad posible de este dinero de cantidad fija. Estas serían las condiciones básicas bajo un régimen monetario basado en el bitcoin.

Conclusión

Este artículo ha partido del supuesto simple de que la desaparición de las monedas fiduciarias dará paso a un dinero sólido. No ha entrado en la probable turbulencia política y económica que provocaría un cambio así, que aquí se da por una fase temporal. Aun así, hay otros cambios institucionales que deben realizarse para que la introducción de un régimen de dinero sólido se consolide. Entre ellos están que los gobiernos reduzcan al mínimo tanto sus compromisos financieros como su intervención en la economía, que mantengan presupuestos equilibrados, que no desincentiven el ahorro gravándolo y que se aseguren de no adoptar nunca medidas que perjudiquen a los mercados libres. Hay que admitir que la posibilidad de una transición fluida hacia el dinero sólido es casi nula, pero la transición llegará tarde o temprano.

Este artículo también ha restado importancia al papel de los bancos, cuya creación de crédito es, con diferencia, el factor que más contribuye a la expansión del dinero. No entender la importancia de los factores que hay detrás del ciclo de expansión del crédito bancario y de sus repentinos episodios de contracción llevó a políticas intervencionistas con consecuencias fatales a largo plazo. Por lo general no se entiende que los bancos crean dinero, y el establishment financiero cree que solo ejercen un papel de intermediarios: no es la primera vez que vemos a los altos sacerdotes de la banca central totalmente engañados sobre el negocio de la banca comercial.

En una revolución monetaria no puede haber lugar para este tipo de pensamiento laxo, así que habrá que acompañarla de un proceso de reeducación rápida para políticos y planificadores por igual, probablemente en el mundo real de la experiencia. La reforma bancaria tendrá que orientarse a amortiguar el ciclo del crédito bancario. Los puristas de la Escuela Austriaca han propuesto que la banca se reorganice en entidades de depósito, que actúen como custodios fuera de balance, y en intermediarios financieros para los ahorradores que inviertan en empresas productivas. Así, nadie tendría dudas sobre la situación de su dinero, y se eliminaría el crédito bancario sin respaldo.

Aunque este enfoque es un ideal, puede que sea más práctico simplemente eliminar la responsabilidad limitada de los bancos. Esto les permitiría seguir con sus prácticas bancarias y su contabilidad actuales. Pero los riesgos derivados del apalancamiento del balance se reducirían de forma significativa, porque las casas y otros activos de accionistas y directivos estarían en juego. Esta medida tan sencilla probablemente bastaría para empujar a los bancos hacia la solución austriaca.

Al margen de los cambios institucionales, los sustitutos finales de las monedas fiduciarias que se necesitarán al principio vendrán impulsados por el intento del establishment de salvarse de tener como único medio de financiación una moneda sin valor. Inevitablemente, esto obligará a los gobiernos a recurrir al único medio que tienen a su alcance: monetizar las reservas de oro, porque son el único dinero que poseen que no es fiduciario. Solo por esto, las criptomonedas, incluidas las criptomonedas de bancos centrales que se están planificando y que no son más que otra forma de dinero fiduciario sin respaldo, ni siquiera llegan a la línea de salida.

Por si eso no bastara, hemos establecido que el dinero sólido del futuro tiene que ser lo bastante flexible no solo para financiar la producción, sino también para actuar como motor de los mercados. Los entusiastas del bitcoin no han entendido la importancia de cierto grado de flexibilidad en la cantidad de dinero, impulsada por los mercados libres y no impuesta por el Estado, para que pueda funcionar como medio de intercambio. Por ahora, el bitcoin como dinero no es más que una especulación mal informada. Y cuando el mundo haya vuelto al dinero metálico por todas las razones expuestas en este artículo, el legado del bitcoin será la invención de la cadena de bloques y todo lo que viene después, y no su precio en monedas fiduciarias, que no tendrá ninguna importancia.




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