Petróleo por oro: la historia real

Tras un artículo del Nikkei Asia Review, que informaba de que China introducirá en breve un contrato de futuros sobre petróleo denominado en yuanes, ha habido cierta confusión sobre lo que significa. El artículo señalaba que, combinados con los futuros sobre oro en yuanes ya existentes, un exportador de petróleo a China que acepte contratar en yuanes podría usar estos dos contratos de futuros para recibir oro físico como pago por el petróleo.

En ese artículo se me citaba así:

"Es un mecanismo que probablemente atraerá a los productores de petróleo que prefieren evitar el uso de dólares y que tampoco están dispuestos a aceptar que cobrar en yuanes por sus ventas de petróleo a China sea una buena idea"i

El mecanismo de introducir un contrato de petróleo por yuanes no podría ser más claro, y sin embargo el rumor se desbocó y acabó en un teléfono estropeado. Algunos analistas parecieron pensar que China autorizaba algún tipo de nuevo contrato de petróleo por oro, o que China suministraría el oro, y ambas cosas son falsas.

El propósito de este artículo es situar en su contexto adecuado el contrato propuesto de petróleo por yuanes, que se planifica desde hace tiempo. Requiere conocer la historia de cómo se ha desarrollado la política china de internacionalización del yuan, y se pondrá al día con un análisis de cómo la alianza de China y Rusia está pasando a ser la potencia dominante en la masa continental euroasiática, una historia que ahora se extiende a Oriente Medio.

Esto cumple la profecía del fundador de la geopolítica, Sir Halford Mackinder, formulada hace más de un siglo. Describió los continentes unidos de Eurasia y África como la Isla Mundial, y afirmó que quien controle el Heartland, que se extiende entre el Volga y el Yangtsé, y entre el Himalaya y el Ártico, controla la Isla Mundial.ii La alianza chino-rusa va camino de controlar la Isla Mundial, incluida el África subsahariana. Sabemos que los sucesivos líderes soviéticos y rusos se han guiado por el concepto de Mackinder.

Los acontecimientos de los últimos meses han acelerado el ritmo del creciente dominio del Heartland sobre la Isla Mundial y han resultado decisivos para que el equilibrio del poder global se incline a favor del Heartland. Ni siquiera los comentaristas políticos de los medios generalistas son apenas conscientes de que esto está ocurriendo, y mucho menos de sus implicaciones futuras. Los comentaristas financieros y los economistas están aún peor informados, a pesar de que las consecuencias monetarias son de una importancia primordial por su impacto en la riqueza de las naciones y de sus pueblos.

Este es el telón de fondo de la internacionalización de su moneda por parte de China. Para entender mejor las implicaciones de la introducción de los contratos de futuros sobre el yuan, debemos empezar por los acontecimientos monetarios pertinentes.

El eje Hong Kong – Londres

Desde hace bastante tiempo, China sigue una política de sustituir el dólar como moneda de liquidación en el comercio. Al fin y al cabo, China domina el comercio internacional y, en términos de paridad de poder adquisitivo, su economía rivaliza con la de EE. UU. y, si no la ha superado ya, lo hará pronto. Desde el punto de vista de China, verse obligada por sus socios comerciales a aceptar y pagar en dólares es un anacronismo irritante, un resabio del imperialismo estadounidense.

Además, el análisis militar estratégico de China la ha convencido de que Estados Unidos utiliza el dólar como arma económica, empleándolo para sostener la hegemonía global y respaldar su propia economía a costa de las demás. Por lo tanto, existen claras razones estratégicas para que China prescinda del dólar en la mayor parte posible de su comercio internacional y transasiático.iii

Por su parte, Estados Unidos se ha resistido con firmeza a los intentos de sustituir el dólar como principal moneda del comercio mundial. Estados Unidos mantiene un control férreo sobre todas las materias primas, porque los mercados internacionales físicos y de derivados cotizan casi exclusivamente en dólares. Además, casi toda la cobertura de divisas tiene el dólar en uno de los lados de la operación. Esto permite a los estadounidenses ejercer un enorme control sobre los mercados internacionales e incluso aumentar artificialmente la oferta de materias primas mediante la creación de contratos de futuros, lo que mantiene los precios más bajos de lo que estarían en otro caso. Por estos medios, Estados Unidos ha suprimido la relación entre la inflación monetaria y la de precios, con lo que aumenta la aparente estabilidad del dólar. Esto es esencial para la ilusión de la hegemonía monetaria estadounidense. Por lo tanto, la política china de prescindir del dólar supone, desde el punto de vista estadounidense, un desafío fundamental a su dominio global de posguerra y equivale a una declaración de guerra financiera.

El problema de China para desplazar al dólar es la falta de un mercado internacional para el yuan. Además, con estrictos controles de cambio que limitan la capacidad de los ciudadanos y las empresas chinas para operar en los mercados de divisas, siempre iba a ser una tarea cuesta arriba aportar la liquidez necesaria en yuanes para que fueran aceptables para las contrapartes extranjeras. China tenía que idear un plan, y tenía sentido utilizar los vínculos financieros existentes entre Hong Kong y Londres para desarrollar mercados internacionales para su propia moneda.

Podemos fechar en junio de 2012 el momento en que se conoció públicamente la estrategia de China, cuando Hong Kong Exchanges and Clearing presentó una oferta exitosa por la London Metal Exchange. Aunque conviene tener presente que Hong Kong es una región autónoma y que, al menos oficialmente, China no interfiere en sus asuntos, China tiene un interés directo en adquisiciones importantes de este tipo. China es el mayor importador mundial de metales básicos, y Londres es el centro global de fijación de precios de las existencias en almacén y de la entrega física.

A principios de este año, la LME decidió ofrecer una serie de contratos de futuros sobre metales preciosos, denominados en dólares y centrados en el oro. El contrato del oro ha sido un gran éxito, algo garantizado si se tiene en cuenta que el Industrial and Commercial Bank of China, de propiedad estatal china, es uno de los principales patrocinadores de estos contratos de metales preciosos. Con esta acción, China está estacionando sus tanques en el césped de la London Bullion Market Association. En algún momento del futuro, la LME casi con toda seguridad ofrecerá contratos de futuros con entrega física denominados en yuanes, no solo para metales preciosos, sino también para metales básicos.

En octubre de 2013, quince meses después de la adquisición de la LME, Boris Johnson, como alcalde de Londres, encabezó una misión comercial a Pekín. Las misiones comerciales británicas son una parte importante de las funciones del Foreign Office, la vía por la que Reino Unido desarrolla sus relaciones comerciales bilaterales. Estas misiones comerciales, al planificarse por cauces diplomáticos, se preparan y coordinan con mucha antelación. Por lo tanto, resultó inusual que George Osborne, el ministro de Economía y Hacienda, organizara con muy poca antelación una segunda misión comercial y se reuniera con Johnson en China.

Las razones de este giro nunca se explicaron debidamente; sin embargo, podemos deducirlas. En mayo de 2012, David Cameron se había reunido con el Dalai Lama en Londres, lo que provocó un gran escándalo diplomático con China. A pesar de esa disputa pública anterior y de haberse dejado clara la postura, Osborne fue enviado a China. Aunque es probable que su misión comercial fuera una tapadera de los esfuerzos del Gobierno británico por suavizar las cosas, los acontecimientos posteriores indican que se habló de cooperación financiera entre Hong Kong y Londres, y que se acordó en principio el plan chino de utilizar Hong Kong y Londres para mejorar la liquidez internacional del yuan. Tras la visita de Osborne, el propio David Cameron viajó a Pekín para mantener conversaciones con el presidente Xi al mes siguiente, lo que confirmaba la importancia que tienen para Gran Bretaña las relaciones financieras bilaterales con China.

Al año siguiente, el Reino Unido dio el paso poco habitual de emitir un bono en yuanes por valor de 3000 millones, tanto como muestra de intenciones como para ayudar a poner en marcha el mercado extraterritorial del yuan en Londres. A ello siguió que Gran Bretaña se convirtiera, en marzo de 2015, en la primera nación no asiática en incorporarse al Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras como miembro fundador (anunciado por el mismísimo George Osborne). El AIIB, creado por China y con sede en Pekín, es la primera organización supranacional independiente de las instituciones de Bretton Woods, que están todas controladas por Estados Unidos. Estas instituciones, encabezadas por el Banco Mundial y el FMI, junto con varios bancos regionales de desarrollo, eran el medio por el que EE. UU., mediante el dólar, dominaba las finanzas mundiales. La creación del AIIB fue un acontecimiento mal recibido por Estados Unidos, que expresó su profunda decepción por la decisión de Gran Bretaña de unirse.

Y por último, tras seis o siete años de presión sobre el FMI, el yuan fue finalmente incluido en la cesta de los DEG a partir del 1 de octubre del año pasado, lo que lo promovió aún más como moneda de liquidación comercial que se incluiría en las reservas de otros países.

No puede haber una prueba más clara de la intención de China de sustituir el dólar por su propia moneda que la secuencia de acontecimientos descrita arriba. China identificó que los intereses de Gran Bretaña coincidían con los suyos, lo que le permitió dejar fuera a Estados Unidos de los desarrollos futuros. Ha obtenido un control indirecto sobre el mercado londinense de metal físico. Ha creado un rival no basado en el dólar del Banco Mundial y del FMI, con lo que garantiza que la financiación del desarrollo asiático futuro quede bajo su control. Y, con más de 80 países miembros que acabaron uniéndose al AIIB, ha logrado atraer con éxito a los aliados de Estados Unidos. La inclusión del yuan en la cesta de los DEG puede considerarse un reconocimiento de la importancia de China en la escena mundial.

La intención final es fijar en yuanes el precio de todo lo que China importa y exporta. Gran parte del comercio transasiático ya se liquida en yuanes, e incluso la remota Angola liquida en yuanes sus ventas de petróleo a China. Con el tiempo implicará desarrollar contratos de futuros en yuanes para todas las materias primas negociables que el Estado considere significativas. La más importante de ellas es un contrato estándar de petróleo. Pero antes de abordar la génesis del contrato de petróleo, conviene recordar la estrategia de China con respecto al oro.

Acaparar el mercado de oro físico

Hace relativamente poco que los mercados de capitales occidentales se han dado cuenta de que la demanda china de oro físico absorbe grandes cantidades de la producción minera anual, y de que el país es ya, con diferencia, la mayor nación minera, con una extracción de más de 450 toneladas anuales. El conocimiento de la demanda total de China se limita a las entregas desde la cámara acorazada de la Bolsa del Oro de Shanghái a manos del público, que ascienden a unas 2000 toneladas anuales y que, junto con la demanda del público indio, representan casi toda la extracción minera mundial, de unas 3000 toneladas.

La SGE se creó en 2002, aunque China empezó a adoptar el capitalismo en 1980, cuando se estableció la primera Zona Económica Especial. En aquel momento China declaraba unas reservas de 395 toneladas, cifra que no cambió hasta 2001, cuando se elevó a 500 toneladas, y al año siguiente a 600, nivel en el que se mantuvo hasta 2009. Durante ese tiempo, la economía china disfrutó de enormes entradas de capital desde 1980 hasta principios de la década de 1990, cuando las empresas occidentales instalaron centros de producción. A estas entradas les siguieron crecientes superávits de exportación. El Banco Popular de China (PBOC), el banco central de titularidad estatal, gestionaba la moneda y neutralizaba estos flujos comprando sobre todo dólares.

También tenía sentido que los chinos diversificaran la cartera de divisas obtenida mediante la intervención. La necesidad de aumentar las tenencias de oro habría sido evidente para los economistas de formación comunista que estaban en el núcleo del gobierno. Les habían inculcado a fuerza de repetición la creencia marxista de que el capitalismo acabaría destruyéndose a sí mismo, y con él las monedas de papel de los capitalistas. Al igual que Alemania en la década de 1950 y los árabes en la de 1970, consideraron prudente poner una parte significativa de sus divisas en oro.

En consecuencia, el 15 de junio de 1983 entró en vigor una nueva normativa que encomendaba al PBOC «garantizar las necesidades del Estado de oro y plata».iv La propiedad privada de oro y plata seguía prohibida.

Conviene señalar que el oro estatal declarado como reservas oficiales guarda poca relación con el total acumulado. Los indicios anecdóticos nos dicen que el metal precioso se dispersa en cuentas en poder del Ejército Popular de Liberación y del Partido Comunista. Por lo tanto, no podemos conocer las verdaderas tenencias de China. Lo único que se puede hacer es una estimación razonable de cuánto oro es probable que haya acumulado el PBOC desde 1983 y antes de 2002, año en que por primera vez se permitió a los ciudadanos particulares comprar oro y plata físicos. Durante este periodo el oro había sufrido el mayor mercado bajista de la historia de las monedas fiduciarias. La escala de la redistribución desde manos débiles hacia manos más fuertes y a largo plazo fue enorme, teniendo en cuenta que los indios, el otro gran comprador nacional de hoy, solo empezaron a comprar oro en cantidades significativas a principios de los noventa, tras la derogación en 1990 de la Ley de Control del Oro de 1968. También se sabe que entre 1990 y 2000 muchas carteras de Oriente Medio vendieron oro para invertir en renta variable, al igual que muchos otros inversores privados con cuentas bancarias privadas suizas. Además, los bancos centrales estaban arrendando oro en grandes cantidades, lo que inflaba artificialmente la oferta física.

Teniendo en cuenta todos estos factores, y una producción minera que sumó 42.460 toneladas en el periodo, el Estado chino pudo perfectamente acumular en secreto más de 20.000 toneladas hasta 2002, mediante un proceso de acumulación gradual. Para saber si lo hizo, debemos examinar las pruebas que ofrece la estrategia china en materia de oro. La siguiente lista resume los puntos principales:

Se estima que la tenencia privada de oro en China supera ya las 15.000 toneladas, además de todo lo que el Estado haya adquirido desde 1983. La política china sobre el oro, que quizá empezó como una sensata diversificación de las reservas, tiene ahora implicaciones estratégicas. El oro de China es hoy una defensa vital frente a la hegemonía del dólar y, como el general de división Qiao Liang ha advertido al Ejército Popular de Liberación, existe un riesgo continuo de que Estados Unidos intente utilizar su moneda como arma financiera y económica contra China.vi

El Estado chino, una vez asegurado su dominio del oro físico, apenas necesita adquirir más oro en el mercado: así lo indicó la creación de la SGE en 2002. Es muy posible que haya acumulado más oro desde entonces, pero eso es secundario. Rusia está acumulando oro ahora bajo el presidente Putin, que ha tardado en aprender los peligros que el sistema financiero occidental plantea para Rusia tras las sanciones estadounidenses y, más en concreto, la devastación financiera que sufrió Irán cuando Estados Unidos obligó al sistema interbancario de liquidación SWIFT, supuestamente independiente, a prohibir las transferencias iraníes en todas las demás monedas. El oro introducido de contrabando desde Turquía a través de Dubái resultó ser la salvación de Irán.

Al controlar el mercado físico del oro, China puede amenazar con utilizarlo para desestabilizar el dólar sin desestabilizar el yuan. Por ello, es un arma potencialmente devastadora y, si se utilizara de forma imprudente, podría desencadenar un colapso económico en los mercados de capitales occidentales, causando estragos financieros y económicos en Estados Unidos y en otras naciones avanzadas. China nunca será totalmente independiente del comercio con estas naciones, y un daño financiero y económico grave a las economías avanzadas repercutirá en ella hasta cierto punto. Por este motivo, hasta ahora se ha abstenido de usar el oro como arma económica y financiera, mientras sigue aislándose de las crisis periódicas de las economías occidentales.

China, junto con Rusia, planea claramente crear lo que equivale a un enorme mercado interno que abarque la mayor parte de Asia. Lo está haciendo a través del comercio, a diferencia de la forma en que Estados Unidos ha ejercido tradicionalmente su influencia: con el palo y la zanahoria de las armas y la mantequilla. En cada escaramuza geopolítica menor con Estados Unidos, la alianza chino-rusa ha salido victoriosa. El enfoque paciente de dejar que la influencia estadounidense disminuya por sus propios errores ha hecho innecesaria la violencia económica de hacer subir el precio del oro. Sin embargo, los tiempos están cambiando y esta fase está llegando a su fin.

La conexión del petróleo

El éxito de la alianza chino-rusa a la hora de burlar a los estadounidenses se ha adelantado a los propios planes de China de desarrollar liquidez para una amplia gama de contratos de derivados denominados en yuanes, tanto en sus propias bolsas como en otras bolsas internacionales. En ningún caso ha sido esto más evidente que en el retraso de la introducción de un contrato de futuros sobre el petróleo denominado en yuanes.

Que sepamos, esta idea se planteó por primera vez en 2012, cuando se pretendía introducir un contrato basado en los grados con alto contenido de azufre que China utilizaba habitualmente en aquel momento. Este contrato se liquidaría en dólares o en yuanes, a elección del proveedor del petróleo. Sin embargo, la ausencia de un mercado extraterritorial para el yuan hizo que esta propuesta fuera prematura.vii

En 2014 estos planes resurgieron, y el presidente de la Bolsa de Futuros de Shanghái afirmó, según se informó, que el yuan se había vuelto más internacional y estaba más reconocido en el mercado. Añadió que el contrato propuesto contaba con el apoyo tanto del Gobierno como de los reguladores financieros.viii

Por esas fechas, Guo Jianwei, funcionario de política monetaria del Banco Popular de China (PBOC), declaró, según el Shanghai Securities News, que el PBOC planeaba lanzar futuros sobre oro y petróleo denominados en yuanes para ayudar a establecer un sistema de pago global para la moneda china.ix Esta declaración va al meollo de la razón para introducir conjuntamente contratos de petróleo y de oro: internacionalizarán el yuan, probablemente con más rapidez que cualquier otra medida adoptada por el PBOC. Para respaldar sus palabras, el Sr. Guo describió después cómo el PBOC había acordado swaps de divisas por valor de 2,5 billones de yuanes con 23 bancos centrales, excluyendo deliberadamente a Estados Unidos.

La historia del petróleo por yuanes siguió su curso, con los chinos retrasando la introducción de futuros de petróleo negociables internacionalmente. Así fue hasta que Damon Evans informó de que no solo se estaba formando a operadores, sino de que las entidades registradas localmente de JPMorgan y UBS se encuentran entre las primeras en obtener la aprobación regulatoria para negociar el contrato.

Novedades geopolíticas relacionadas con el contrato del petróleo

Es natural suponer que China y Rusia controlan, como un Svengali, todos los resultados geopolíticos. China ha mantenido un enfoque inquebrantable en el gran premio de excluir el dólar de todo su comercio y, con ello, la influencia monetaria de Estados Unidos en Asia. Pero, al depender de que Estados Unidos cometa errores estratégicos, China no controla por completo los acontecimientos ni su momento. Por ejemplo, el colapso en julio de la campaña estadounidense en Siria fue repentino e inesperado, y dejó a Rusia, en asociación con Siria, Irán y Turquía, la tarea de resolver el desastre.

Incluso el Sr. Netanyahu, primer ministro de Israel, ha acudido varias veces a la puerta del Sr. Putin. Cuando Turquía, todavía miembro de la OTAN, decidió ponerse del lado de Rusia junto con Irán, Israel reconoció que la protección estadounidense ya no era suficiente para asegurar su futuro. Mientras Arabia Saudí estuvo bajo influencia estadounidense, Israel se había sentido tan segura como podía estarlo en aquella turbulenta región. Pero la combinación de un eje Hezbolá, Siria, Turquía e Irán al norte de Israel y el golpe silencioso del príncipe Mohamed bin Salmán en Arabia Saudí ha alterado de forma fundamental el equilibrio de poder.

El príncipe Salmán es ahora el heredero del rey Salmán, tras haber sustituido a Mohamed bin Nayef, candidato de Estados Unidos, como heredero al trono. Solo la semana pasada, el propio rey Salmán visitó Moscú como invitado del presidente Putin. Sin duda, los demás estados del Golfo seguirán el liderazgo saudí.

En lugar del presidente Trump, Putin se encuentra, de forma muy repentina, como el maestro de ceremonias de la mayor parte de Oriente Medio. Y aunque no podemos descartar una contrajugada de los estadounidenses, conviene señalar que los árabes no sienten simpatía por Estados Unidos ni por buena parte de lo que representa. Sin embargo, pese a su antipatía nacional, Arabia Saudí aceptó en 1973 el plan de Kissinger de utilizar el dólar para los pagos del petróleo, comprar bonos del Tesoro estadounidense y depositar los dólares excedentes en bancos estadounidenses. A cambio, Estados Unidos garantizó que protegería a Arabia Saudí de influencias externas. Además, parte del acuerdo era que Arabia Saudí no apoyaría a los enemigos de Israel.

Ahora que el acuerdo de Kissinger se está deshaciendo, es razonable suponer que el acuerdo financiero, es decir, el apoyo de Oriente Medio al petrodólar con exclusión de cualquier otra divisa rival, también llegará a su fin, y más rápido de lo que se creía posible hace solo cuatro meses. Pero para que esto se materialice hace falta que exista una divisa alternativa de liquidación. Y aunque Rusia y China ya han acordado proyectos de inversión conjuntos que implican a ambas monedas, es casi seguro que Arabia Saudí no está preparada para aceptar el yuan como sustituto pleno del dólar.

El resto del mundo observa con atención. Oficialmente, los aliados de Estados Unidos siguen de su lado, pero en materia de relaciones exteriores los intereses guían las relaciones, y no al revés. Lo vimos cuando Reino Unido se unió al AIIB, relegando la relación especial con Estados Unidos. Los bancos centrales, que tienen enormes cantidades de dólares, estarán especialmente nerviosos. Sabiéndolo, ¿se atreverá China a dar un paso para socavar el dólar y provocar una huida contra él, ofreciendo a los exportadores de petróleo los medios para vender petróleo por yuanes y luego yuanes por oro en los mercados internacionales de futuros? Si Shanghái no ofrece esa posibilidad, otros mercados, como Hong Kong o Dubái, donde ya existen contratos de oro en yuanes, podrían hacerlo.

Siendo realistas, China tiene ahora un control limitado sobre el calendario de sus movimientos previstos, y esto es especialmente cierto en el caso del futuro del petróleo cotizado en yuanes. China importa más de 8 millones de barriles de petróleo al día, por un valor anual total de 150 000 millones de dólares. Importa petróleo de una gran variedad de orígenes, entre ellos Rusia, Angola, Arabia Saudí, Irak, Brasil, Irán y Venezuela. Algunos de estos países están en la lista negra de Estados Unidos (como Rusia, Irán y Venezuela) y otros quizá prefieran el oro a los dólares. Si suponemos que un tercio de las importaciones de petróleo de China se convierte en oro, eso supone 1200 toneladas de oro a los precios actuales, que habría que obtener cada año en un mercado del oro muy ajustado.

El efecto sobre el dólar podría ser catastrófico. No solo se hundiría el dólar al perder su privilegio exorbitante, sino que la búsqueda del oro físico adicional haría subir su precio. Inevitablemente, los tenedores extranjeros de dólares probablemente se sumarían deshaciéndose de esta divisa y de cualquier moneda fiduciaria alineada con ella, y se unirían a la carrera por el oro.

Conclusión

La manera ideal de que China sustituya al dólar como divisa dominante en su comercio transfronterizo es animar a sus proveedores de petróleo a aceptar el pago en su propia moneda, el yuan. Por las declaraciones que hizo en 2014 Guo Jianwei, un responsable de política monetaria del PBOC, está claro que China ya había planeado desvincular a sus proveedores de petróleo del dólar introduciendo futuros de petróleo y de oro denominados en yuanes, lo que les permitiría cobrar al menos parte del pago en oro. Convencerlos de hacerlo sin perturbar indebidamente los mercados de capitales globales debería haber sido un proceso gradual, quizá repartido a lo largo de la mayor parte de otra década. En cambio, los acontecimientos geopolíticos han acelerado el calendario tras la elección del presidente Trump, a quien se nota la falta de paciencia diplomática. Su reciente repudio del acuerdo nuclear con Irán es, para los observadores asiáticos, una muestra clásica de la perfidia estadounidense.

Los proveedores de energía de China todavía no están preparados para aceptar la plena exposición al yuan que implican las ventas de petróleo contratadas en yuanes. Mientras tanto, se hace evidente que el petrodólar tiene una vida limitada, cuya duración se ha acortado de forma significativa por la retirada de Estados Unidos del conflicto sirio. El equilibrio de intereses está experimentando, por tanto, un cambio sísmico, y el dólar afronta la posibilidad real de volverse prescindible en el aspecto más significativo de su uso global.

Pero si te deshaces de tus petrodólares, ¿qué compras? Esta es la pregunta que ahora deben abordar las políticas geopolítica y monetaria de China.

Quizá la razón por la que China se ha visto obligada a adelantar sus planes de introducir el contrato de futuros del petróleo cotizado en yuanes se deba, indirectamente, a que Estados Unidos está abandonando el control sobre Oriente Medio. Si es así, la pérdida de influencia estadounidense sobre el continente euroasiático se acelerará, y el estatus del dólar se hundirá con ella.


iVéase https://asia.nikkei.com/Markets/Commodities/China-sees-new-world-order-with-oil-benchmark-backed-by-gold

iiEste fue el concepto de Mackinder de 1904. En 1919 lo perfeccionó al definir el Heartland como Europa del Este.

iiiVéase el análisis del mayor general Qiao Liang, recogido aquí: http://chinascope.org/archives/6458/76

ivPara una traducción al inglés, véase http://www.lawinfochina.com/Display.aspx?lib=law&Cgid=1671

vEste punto y el anterior se confirmaron en una conversación privada con un alto directivo de una de las grandes refinerías suizas.

viVéase la nota al pie iii más arriba.

viiVéase http://www.thestar.com.my/business/business-news/2014/05/28/china-targeting-2014-launch-of-first-crude-oil-futures/

viiiVéase http://archive.qatar-tribune.com/viewnews.aspx?n=8F6520C1-F504-4846-8AF7-73632351A068&d=20131122

ix http://www.zerohedge.com/news/2014-04-25/pboc-pressures-usd-hegemony-starts-yuan-denominated-gold-oil-trading


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