Perspectivas económicas globales: actualización

Hace apenas unos días, el 9 de enero, escribí un artículo en el que sugería que 2015 sería el año del desplome. El título terminaba con un signo de interrogación, pero hoy estamos más cerca de quitarlo y sustituirlo por una afirmación categórica.

En las últimas semanas ha quedado claro que importantes bloques económicos se encaminan, efectivamente, hacia una recesión, entre ellos, aunque no solo, China, la eurozona y Japón (teniendo en cuenta las distorsiones de su agresiva impresión de dinero). Entre los tres suman casi el 40 % del PIB mundial. Lo sabemos por el desplome de los precios de las materias primas, que se refleja en un cambio global de preferencias a favor del dólar estadounidense.

Para evitar cualquier duda, el dinero debe considerarse un bien, y cada divisa, un bien distinto. Cuando se entiende este punto, el contexto de la subida del dólar frente a las materias primas y a otras divisas resulta evidente. Tanto las materias primas como las divisas se cotizan en dólares, así que los mercados muestran que los bancos, los consumidores y las empresas han ido cambiando sus preferencias para aumentar sus saldos en dólares.

La macroeconomía moderna no explica adecuadamente la importancia de estos acontecimientos. Basta echar un vistazo al índice de la Teoría general de Keynes para comprobar que no menciona los cambios de preferencia entre el dinero y otros bienes. Enumera y define la preferencia por la liquidez, que es un tema distinto. Una vez que se acepta que el dinero es un bien, la oferta y la demanda siempre se equilibrarán, tal como establece la ley de Say, también conocida como la ley de los mercados.

Algo ha asustado a los consumidores de los mercados de todo el mundo, que gastan menos en otros bienes y aumentan sus tenencias de dólares. La única explicación posible es que los precios de todos los demás bienes han sido demasiado altos en relación con el dólar, por lo que han tenido que bajar. No puede haber una señal más clara de que la actividad económica mundial está en recesión.

La mayor fuente de exportación de bienes físicos es China. La demanda de otros países de los productos chinos está disminuyendo, algo que confirma el índice Baltic Dry*, que marca nuevos mínimos. Esta desaceleración de la actividad económica podría hacer estallar con facilidad la burbuja del crédito bancario, que corre el riesgo de derrumbarse bajo la enorme carga de la deuda incobrable. La ralentización de la demanda de nuevos préstamos en diciembre, unida al descenso de los flujos comerciales, solo puede resolverse de forma temporal si China devalúa el renminbi y reduce así sus precios de exportación. El respiro que esto le da a China dura solo lo que tarden en subir sus costes de fabricación para reflejar la devaluación. Si se produce, una devaluación del renminbi ejercería rápidamente más presión a la baja sobre los precios de los fabricantes locales en sus mercados de exportación.

En cuanto a los socios comerciales de China, vemos que la economía de la eurozona, sin contar Alemania, empieza a contraerse, lo que lleva al BCE a imprimir dinero presa del pánico, en un intento desesperado por mantener unos precios demasiado altos. Japón lleva tiempo haciéndolo y soporta una montaña de deuda que hace que hasta Grecia parezca responsable.

Las señales son claras: el mundo ya ha entrado en una fase de contracción de la actividad económica. Por tanto, podemos esperar una impresión de dinero cada vez más rápida y la imposición de más tipos de interés negativos, en un intento inútil de evitar la realidad económica.

 

* Índice de transporte marítimo y comercio creado por la Baltic Exchange, con sede en Londres, que mide los cambios en el coste de transportar por mar materias primas como metales, cereales y combustibles fósiles. La Baltic Exchange se pone en contacto directamente con agentes marítimos para evaluar los niveles de precios de una ruta determinada, el producto que se transporta y el plazo de entrega (velocidad).

 

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