Ahora que el oro ha entrado en sobrecompra en la Comex, el precio es vulnerable a que los bancos «demasiado grandes para quebrar» lo hundan, una vez más. Es una operación habitual en los mercados de futuros del oro, donde los especuladores que compran contratos se protegen con órdenes de stop-loss.
Todo lo que necesitan los bancos TBTF es una pausa en las compras de los especuladores y alguna noticia positiva (mala para el oro). Lo ideal es que el contrato activo se acerque a su vencimiento, de modo que los especuladores tengan que decidirse: es decir, vender el contrato, prorrogarlo a otro vencimiento posterior o aceptar la entrega.
Teniendo en cuenta que estos especuladores mantienen posiciones muy apalancadas, la codicia se convierte en miedo en un abrir y cerrar de ojos. Los bancos TBTF habrán suministrado a los especuladores sus posiciones largas poniéndose en corto. Desde el momento en que compras, quedas atrapado en una versión bursátil del Hotel California.
Los TBTF (demasiado grandes para quebrar) parten sentados sobre pérdidas, sin preocuparse por ellas, precisamente por ser TBTF. Pero saben cómo darle la vuelta. Basta elegir un momento tranquilo, vender contratos por varios miles de millones y llevarse por delante todos esos stops. Es un ciclo que se repite una y otra vez, una máquina de hacer dinero para los bancos de metales preciosos. De vez en cuando sale mal, porque los mercados físicos le quitan a los mercados de futuros el control de la formación de precios. Pero qué más da: la Fed o el Banco de Inglaterra los rescatarán. Mientras tanto, sus traders han cobrado bonus trimestre tras trimestre.
Los especuladores caen siempre en la trampa. Dicen que, tarde o temprano, los traders de los TBTF recibirán su merecido. Pero ahora que el oro ha subido 140 $ en menos de dos meses, nos toca otro ciclo de aclarado en la lavadora del Comex. El oro está más sobrecomprado que nunca. A los apostantes les toca volver a quedarse limpios. Solo un necio apostaría lo contrario. Pero esta vez podría ser distinto.
Para que esta vez sea distinta, el dólar tendrá que seguir debilitándose. Poco más puede salvar a los alcistas de los bancos de metales preciosos TBTF. Este artículo analiza las perspectivas del dólar y concluye que, salvo un repunte técnico a corto plazo, no son buenas.
Se abren cuatro frentes que podrían hundir el dólar: el estancamiento de la economía estadounidense, los países productores de petróleo que abandonan el dólar, los intereses de China, que se encaminan a prescindir del dólar, y, por último, los intereses comerciales de los grandes bancos de metales preciosos, que se desplazan hacia la historia de China. Los veremos uno por uno.
Estancamiento de la economía estadounidense
Todo el revuelo de los primeros cien días del presidente Trump, cuando se comportó como un Franklin Roosevelt de nuestros tiempos en una oleada de actividad inicial, está dando paso a la fría realidad. El dólar primero subió y luego empezó a bajar. Los beneficios fiscales de la reforma tributaria siguen siendo humo. El estímulo a la industria estadounidense mediante aranceles y derechos de importación, bien pensado, no es tal estímulo y solo encarece los costes para los consumidores. La mayor parte del equipo reformista y antisistema de The Donald ha dimitido y en la Casa Blanca lo han sustituido tres generales del sistema. En una república bananera, la prensa lo llamaría golpe militar. «Hacer grande a América otra vez» ya no es mucho más que una frase vacía.
La elección del presidente Trump parece haber preparado un descenso considerable del dólar, a medida que se asimila esta realidad. Sus políticas se revelan grandilocuentes y autárquicas. Al aislar a Estados Unidos de los beneficios del comercio mundial, el país apenas se beneficia de la rápida transformación que está convirtiendo a Asia de un rincón económico olvidado en una potencia económica.
Mientras tanto, la acumulación de deuda es improductiva y una carga para la economía, pues sigue financiando déficits públicos derrochadores e inflando el consumo. Los ingresos de los consumidores no han seguido el ritmo del coste de la vida durante al menos los dos últimos ciclos de crédito. Y con el consumidor cada vez más abrumado por una herencia de deuda, la economía se esfuerza: ya no está en crisis, pero no va a ninguna parte.
Los analistas que creen, imprudentemente, que el proteccionismo comercial creará empleo en Estados Unidos no entienden que los déficits comerciales surgen de la combinación de déficits públicos, expansión del crédito bancario y bajo ahorro. Sin embargo, son precisamente las políticas que el Gobierno y la Fed impulsan activamente para la recuperación económica. En consecuencia, el déficit presupuestario del próximo ejercicio fiscal probablemente sea de otros 500 000 millones de dólares, que podemos añadir al total acumulado.
Para las perspectivas del dólar, lo más importante que hay que saber es que, desde 1980, el déficit acumulado de la balanza de pagos, cuyo principal componente es la balanza comercial, habrá sumado más de 11 billones de dólares a finales de este año. El déficit acumulado de la balanza de pagos indica la magnitud de los dólares en manos extranjeras, de los cuales solo 4,36 billones se identifican en las reservas de los bancos centrales de todo el mundo. Gran parte del resto de los dólares en manos extranjeras pertenece a empresas dedicadas al comercio mundial.
La gestión de los saldos en dólares es crucial para la rentabilidad de estas empresas. Habrán notado que, en términos ponderados por el comercio, el dólar alcanzó su máximo en enero y desde entonces ha perdido un 7,5 %. Es un golpe severo para los beneficios. Estarán atentas a nuevas señales de debilidad y habrán advertido la mejora de las perspectivas comerciales de Europa y la eurozona, que han impulsado el euro un 15 % frente al dólar este año. Además, la eurozona registra un superávit comercial estimado en 200 000 millones de euros para 2017, lo que conlleva una contracción subyacente de los euros en manos extranjeras. El renminbi chino (o yuan) ha subido un 7,3 % frente al dólar este año, lo que afecta a las empresas que comercian con China. Y, sobre todo, afecta a los productores de petróleo que venden a su mayor mercado individual. Seguirán de cerca la evolución del dólar a partir de ahora.
Hay pocas dudas de que el mundo no estadounidense posee cantidades sustanciales de dólares y de que puede dejarse llevar por el pánico y vender. Por este motivo, el pobre rendimiento relativo de la economía de EE. UU. frente al comportamiento más dinámico de China, Japón y Europa sitúa al dólar en una grave desventaja a largo plazo en los mercados de divisas.
Los productores de petróleo se alejan del dólar
El pacto entre Nixon y Arabia Saudí de 1973 convirtió al dólar en la moneda exclusiva de liquidación de las exportaciones de petróleo, tras el colapso del Acuerdo de Bretton Woods en 1971. Desde entonces, los poquísimos países que amenazaron con vender petróleo en otras divisas, en especial el Irak de Sadam Huseín y la Libia del coronel Gadafi, han sufrido desafortunados accidentes. Los únicos países que han desafiado con éxito la hegemonía del dólar en el petróleo han sido Rusia, China e Irán, aunque no sin consecuencias adversas. Y ahora Venezuela está abandonando el imperialismo estadounidense al vender su petróleo en una variedad de divisas, con exclusión del dólar estadounidense.
Quizá Venezuela no ha estado atenta. Las experiencias de Irak y Libia enviaron un mensaje claro a otros países sobre las consecuencias de negar la hegemonía del dólar. En el caso de Irán, los estadounidenses llegaron a presionar a SWIFT, a través de la UE, el supuestamente independiente sistema interbancario de liquidación, para bloquear en 2012 todas las transferencias relacionadas con Irán. La moneda iraní estuvo a punto de colapsar bajo esa presión. Pero tácticas de este tipo generan más resentimiento que otra cosa y han minado la buena voluntad entre los países no alineados. Los rusos, lo bastante poderosos para sobrevivir a las tácticas financieras destructivas de EE. UU., han creado ahora su propia alternativa a SWIFT, además de adoptar otras medidas para ser totalmente independientes del dólar.
Cada vez más, Rusia y China, junto con la Organización de Cooperación de Shanghái que lideran, animan a los productores de petróleo a vender el crudo destinado al consumo en Asia en monedas asiáticas, principalmente el yuan. Para lograr este objetivo, China está desarrollando sus mercados de capitales con el fin de mejorar la liquidez del yuan y su aceptación como medio de comercio. Sin embargo, sabe que debe ofrecer algo más que el yuan como alternativa al dólar, dado que su historial es más corto y menos seguro. Y aquí es donde entra el oro físico, un dinero sólido que no es pasivo de ningún gobierno y que se reconoce universalmente como tal, incluso por quienes niegan públicamente sus credenciales monetarias.
China sabe desde hace mucho que el oro sería fundamental para su estrategia geopolítica y para su propia seguridad a largo plazo. En los últimos años ha dominado los mercados físicos. Es, con diferencia, el mayor país minero de oro. No cabe duda de que ha acumulado importantes reservas de oro no declaradas desde 1983, cuando se encargó por primera vez al banco central esta función. Está a punto de ofrecer a los productores de petróleo la posibilidad de cambiar, en los mercados de futuros de Shanghái, petróleo por yuan y yuan por oro procedente de fuera de China. Hay pocas dudas de que los productores de petróleo lo verán como una alternativa atractiva al dólar. Rusia e Irán ya se han sumado. Otros países, como Venezuela, muy dependientes de la demanda china de petróleo, parecen estar en proceso de hacerlo. Pero el verdadero premio será Arabia Saudí.
Arabia Saudí necesita dinero y, si los mercados de capitales occidentales no se lo proporcionan a cambio de una participación minoritaria en Aramco, hay pocas dudas de que los chinos cerrarán un acuerdo. La política de apartar del dólar a los proveedores mundiales de petróleo en favor del yuan para las exportaciones a China ha avanzado de forma significativa en los últimos meses. El siguiente paso clave será la plena puesta en marcha de un contrato de futuros del petróleo en yuanes, que podría introducirse en los próximos meses. Cuando eso ocurra, la función del dólar como única moneda de reserva dejará de existir en la práctica.
Las reservas exteriores de China
China ha acumulado un gran volumen de reservas exteriores, el equivalente a 3 billones de dólares. Esta acumulación, quizá más de 2 billones de ella en dólares, es consecuencia de la gestión monetaria del pasado, cuyo objetivo era aumentar los beneficios de los fabricantes con sede en China que exportaban a otros países. El desarrollo temprano de la economía china fue solo una fase inicial que fomentó fuertes flujos de inversión entrante, seguidos de exportaciones netas. Además, los chinos son ahorradores empedernidos y destinan al ahorro hasta el 40 % de sus ingresos, lo que genera grandes y persistentes superávits comerciales.
En la práctica, el éxito económico de China ha supuesto mejoras sustanciales en la vida de su población. La economía se está reorientando ahora hacia los servicios y la tecnología, y pasa de su modelo impulsado por las exportaciones a convertirse en una economía avanzada de pleno derecho con una clase media en ascenso. Además, China necesita enormes cantidades de materias primas para satisfacer sus planes de infraestructuras, que abarcan toda Asia.
La necesidad de mantener grandes cantidades de dólares, resultado de neutralizar las entradas de capital y de suprimir después el yuan para ganar competitividad en los precios de exportación, ha pasado ya. China necesita saldos en dólares mucho más modestos, así que casi con seguridad los invertirá en reservas de metales básicos y de las materias primas que necesitará en el futuro. Este cambio de política ya se aprecia en la subida del yuan frente al dólar, de más de un 7 % este año, que abarata las importaciones de materias primas en esa misma proporción respecto a los precios en dólares.
Por lo tanto, apenas cabe duda de que China será en el futuro una gran vendedora de dólares. Su problema es que, si se muestra demasiado agresiva con esta política, provocará ventas por parte de otros bancos centrales asiáticos e incluso podría arriesgarse a que el Gobierno de EE. UU. congele sus 1,1 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. Debe actuar con cautela, a menos que le convenga volverse más agresiva en una guerra financiera cada vez más intensa. Por ello, lo más probable es que su política consista en vender dólares cuando estén fuertes y no cuando estén débiles. La consecuencia para el dólar es que cualquier recuperación de su precio probablemente tendrá un techo y, por tanto, será limitada en magnitud y duración.
Los bancos están cambiando de lealtad.
Los grandes bancos mundiales se ven obligados a reorientar su actividad hacia China y su estrategia asiática. El desarrollo de infraestructuras necesita financiación, y esta se coordina a través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura. China está internacionalizando sus propios mercados de capitales a través de Hong Kong y Londres. Estados Unidos queda excluido deliberadamente de estas actividades.
Esto no significa que China esté en contra de los bancos estadounidenses. Su objetivo es hacer negocios de forma competitiva con todos los bancos extranjeros, siempre que no intervengan dólares. Esto deja a los bancos estadounidenses ante una decisión: ¿siguen el lema del presidente Trump de hacer grande a América otra vez y dejan de ayudar a China, o cumplen con su deber comercial en beneficio de sus accionistas y tratan de sacar partido de la estrategia antidólar de China?
En ningún lugar es este conflicto más agudo que en el mercado del oro y la plata. Ahora que China controla ambos mercados físicos, los grandes bancos de metales preciosos no tienen más remedio que unirse a la Bolsa Internacional del Oro de Shanghái y a la Bolsa Internacional de Futuros. Pronto dejarán de hacer bajar los precios en el Comex, actuando sobre todo como vendedores bajistas de contratos en papel a compradores especulativos. En cambio, tendrán que convertirse en compradores de metal precioso físico para entregarlo a los mercados físico y de futuros de Shanghái. Es pronto todavía, pero ANZ Bank, UBS, BNP Paribas, Standard Chartered, HSBC, JP Morgan (sucursal de Londres) y Goldman Sachs figuran entre los principales bancos que ya han hecho o están haciendo esta transición.
Conclusión
Hay grandes cantidades de dólares listas para salir de manos extranjeras, herencia de los tiempos en que las empresas los mantenían sin cuestionarlos como principal moneda de reserva y de comercio. Hasta ahora apenas había alternativa. Además, el banco central de China probablemente posee la mitad de todas las reservas en dólares de los bancos centrales del mundo, y ahora le interesa reducir esa exposición.
Estados Unidos está aislado de la historia del crecimiento económico mundial, centrada en China y en el desarrollo de Asia liderado por ella. El abuso que Estados Unidos ha hecho a lo largo de los años del privilegio del dólar ha dejado un legado de desconfianza en los países no alineados, y son estos países los que ahora impulsan el progreso económico mundial. En el banquete económico asiático organizado por China y Rusia, el único invitado ausente es Estados Unidos.
Las malas finanzas públicas de Estados Unidos y su dependencia del estímulo monetario garantizarán un suministro continuo de dólares a los mercados de divisas a través de déficits comerciales persistentes. La presidencia de Trump apunta a ser un desastre para el dólar, y en cuanto esto se haga evidente en los mercados de divisas, es probable que las ventas se intensifiquen. Y a medida que el dólar caiga, debería empezar a perder su condición de moneda de liquidación para un número creciente de países exportadores de petróleo.
El telón final del lema de hacer grande a América otra vez será el creciente apoyo encubierto de los grandes bancos internacionales a la oportunidad china, impulsado por la realidad comercial. Simplemente no pueden permitirse quedarse al margen, y hay indicios tempranos de que JPMorgan y Goldman Sachs se están posicionando para ser operadores y proveedores de metal precioso físico en Shanghái. Sería una sorpresa que más bancos occidentales de metales preciosos no siguieran su ejemplo.
Solo el tiempo dirá si este es el momento en que la demanda de oro físico empieza a arrebatar a los mercados de futuros el liderazgo en la formación de precios. Pero no cabe duda de que el equilibrio de intereses de China se está inclinando ahora hacia un dólar más débil. Sin embargo, China es sin duda consciente de la perturbación que causará en los mercados occidentales centrados en el dólar si precipita una debilidad significativa de la divisa y, por tanto, una subida del precio del oro. No querrá que se la culpe de provocar abiertamente el fin del dólar como moneda de reserva, lo que probablemente explica por qué ha aplazado el lanzamiento del contrato de petróleo en yuanes y avanza con cautela.
Obviamente, la geopolítica desempeña un papel central en el momento elegido, con Estados Unidos desesperado por oponerse a China, que se asocia con Rusia como Estado dominante en el continente euroasiático. No hay que subestimar las consecuencias de poner fin a la hegemonía financiera estadounidense, y China no dará un paso así a la ligera. Sin embargo, los inversores de los mercados financieros occidentales parecen empezar a entender que el apogeo del dólar ha terminado, que se avecina un descenso significativo y que, por tanto, las instituciones de inversión convencionales deben reconsiderar su asignación de activos a favor del oro físico y en detrimento del dólar.
i Finales de 2016. http://www.reuters.com/article/us-currency-reserves-imf/dollar-gains-share-of-global-fx-reserves-euro-shrinks-idUSKCN0WX1WR
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