Peligro en las cuentas bancarias

La idea que hay detrás del modelo de negocio de GoldMoney era que podría llegar un momento en que los ahorradores prudentes quisieran protegerse de los dos riesgos gemelos de una crisis bancaria global y de la pérdida de poder adquisitivo de las monedas de papel.

El primero de estos dos riesgos ya está aquí, y es importante que todo el que tenga ahorros que proteger sepa qué está ocurriendo con los bancos y sus cuentas bancarias. Cuando los medios lo comprendan del todo, puede que sea demasiado tarde para actuar.

Hace tiempo que resulta evidente que los bancos de muchas jurisdicciones son insolventes y que son simplemente demasiado grandes para que los gobiernos los rescaten. Además, aunque algunos gobiernos creen tener posibilidades razonables de salir del paso, todos son conscientes de que una crisis en una nación importante, como España o Italia, llevaría con toda probabilidad a una cadena de impagos fuera del control de cualquiera. No debería sorprender que los banqueros centrales hayan estado estudiando cómo abordar este problema y que hayan decidido una solución.

Esa solución, que vimos aplicada con torpeza en Chipre, consiste en que los bancos centrales utilicen los fondos de los acreedores para rescatar a los bancos en dificultades, lo que incluye los depósitos no asegurados, en lugar del dinero de los contribuyentes. Esto significa que, si tienes depósitos superiores al nivel garantizado por tu gobierno, la parte no garantizada (en la eurozona, la que supera los 100 000 €) puede utilizarse libremente para recapitalizar el banco.

Esto supone un cambio radical respecto a las suposiciones del pasado, según las cuales los bancos centrales harían todo lo posible por rescatar a los bancos sin tocar ningún depósito. Como han comprobado a su costa muchos ahorradores corrientes en Chipre, ya no es así. El nuevo enfoque se ha acordado al más alto nivel, en el Banco de Pagos Internacionales, el banco central de los banqueros centrales. Es un asunto que se estudia desde que el Consejo de Estabilidad Financiera (un comité del BPI) publicó en octubre de 2011 un documento, Key Attributes of Effective Resolution Regimes for Financial Institutions, que fue respaldado en la cumbre del G20 de Cannes el mes siguiente. A este le siguió un documento de consulta en noviembre de 2012, Recovery and Resolution Planning: Making the Key Attributes Requirements Operational. En la introducción de este último se afirma que «Se están llevando a cabo reformas en muchas jurisdicciones para alinear más estrechamente los marcos nacionales de resolución con los Key Attributes (es decir, el documento de octubre de 2011). En otras palabras, los cambios legales ya se han hecho o se están haciendo.

Esto confirma que los miembros del G20 se están asegurando de poder anular legalmente los derechos de los acreedores, incluidos los depositantes no asegurados. Este resultado no es difícil de lograr cuando la alternativa, en casi todos los casos de quiebra bancaria, es que los depósitos no asegurados se pierdan por completo.

El estatus de los depósitos

Se suele suponer que el dinero depositado pertenece al depositante. No es cierto, porque el depositante presta su dinero al banco, de modo que el dinero pasa a ser propiedad del banco, que simplemente se lo debe al depositante. El depositante suele ser la clase más preferente de acreedor no garantizado. Sin embargo, hay que considerar tres grandes clases de depósitos:

  • Depósitos asegurados, garantizados por un gobierno o una agencia gubernamental. Protegen los depósitos más pequeños hasta un límite fijado por el gobierno;
  • Depósitos no asegurados adeudados a instituciones no monetarias y no financieras (no IFM); y
  • Depósitos mayoristas adeudados a instituciones monetarias y financieras (IFM).

Las propuestas del BIS que se están aplicando en todo el G20 permiten un tratamiento distinto para estas clases de depósitos en el rescate de un banco. El gobierno o su agencia tendrá que pagar de todos modos los depósitos asegurados, así que tiene sentido que no se toquen. Es improbable que se toquen los depósitos mayoristas, que no son el centro de la propuesta del BIS, salvo en quiebras de bancos muy pequeños, por el riesgo de contagio a otros bancos e instituciones financieras. Así, toda la carga de la contribución de los depositantes a un rescate bancario recae sobre los depositantes no asegurados que no son IFM. En otras palabras, es probable que se eche mano de cualquier depósito que supere el importe asegurado y que pertenezca a particulares, empresas, fideicomisos, fondos de pensiones y otros vehículos de ahorro, así como de cualquier cuenta segregada de clientes que gestionen abogados mercantiles y corredores que actúan como agentes de sus clientes, cuando exista riesgo de quiebra del banco. Cualquier empresa que reciba en su cuenta bancaria pagos por encima del límite asegurado corre un riesgo similar.

Quien se encuentre en esta situación sería simplemente negligente si diera por hecho que sus depósitos están a salvo. Cuanto menor sea la base de depositantes no asegurados que no son IFM de un banco en relación con las demás clases de depositantes, mayor será la pérdida que sufrirán estos depositantes en un rescate bancario. Por tanto, los depósitos no asegurados son especialmente vulnerables en los bancos minoristas y de calle dirigidos a pequeños ahorradores, como los bancos hipotecarios y las cajas de ahorros, así como en los bancos con un gran componente de financiación mayorista.

¿Cuáles son las alternativas?

Los depositantes no asegurados que no son IFM tienen tres opciones generales.

  • Pueden trasladar sus depósitos a un banco que consideren seguro. Esto puede reducir un riesgo concreto, pero no elimina el riesgo para el depositante, teniendo en cuenta que todas las jurisdicciones del G20 sustituirán los fondos de los contribuyentes por depósitos no asegurados de no IFM en el rescate de un banco.
  • Pueden repartir sus depósitos entre varios bancos no relacionados entre sí, de modo que cada uno quede asegurado. Puede ser una solución práctica para depósitos de hasta dos o tres veces el nivel asegurado.
  • Pueden reducir sus depósitos adquiriendo otra cosa.

Las dos primeras opciones requieren pocos comentarios, pero la tercera hay que analizarla con más detenimiento. El efectivo físico es una opción, pero poco práctica salvo para importes relativamente pequeños, porque la mayoría de los gobiernos han restringido su uso mediante normas contra el blanqueo de capitales y de otro tipo. Las otras dos alternativas son invertir en activos titulizados, como bonos del Estado y otros instrumentos, o en metales preciosos. Y en el caso de los metales preciosos, existen las acciones de mineras, los ETF y la posesión de metal físico.

Los argumentos a favor de los metales preciosos

El hecho de que el BIS haya considerado necesario coordinar a los países del G20 en un enfoque común para los rescates bancarios mediante depósitos no asegurados de no IFM demuestra que las quiebras bancarias capaces de amenazar el sistema financiero mundial siguen siendo, sin duda, un riesgo permanente. Los bancos centrales habrán calculado que recurrir a esta categoría de depósitos es una cuestión de conveniencia, y que cualquier fuga de depósitos de los bancos vulnerables puede contenerse con los bancos centrales actuando como prestamistas de última instancia. Esto se basa en el hecho simple de que, o bien los depósitos se mueven dentro del sistema, o bien, cuando se retiran para adquirir otra cosa, el dinero liberado permanece en el sistema bancario. Sin embargo, echar mano de estos depósitos es solo una solución provisional, porque la hipótesis de fondo es que la situación financiera del conjunto del sistema bancario no empeore más.

No es la intención de este artículo defender ni rechazar esta hipótesis, más allá de señalar que el enfoque del BIS es meramente una solución de emergencia que no aborda los problemas económicos y financieros de fondo. Las dificultades a las que se enfrentan los gobiernos no se pueden resolver simplemente poniendo un parche sobre los bancos insolventes.

Los depositantes están aprendiendo que los gobiernos, actuando en nombre del contribuyente, harán lo que sea por su propia supervivencia: devaluar el ahorro para cubrir el gasto público y ahora echar mano de los depósitos para mantener el statu quo. Muchos depositantes consideran arriesgado mantener bonos del Estado a corto plazo y activos similares cuyo precio depende de los tipos de interés, y por eso tienen su dinero en depósito. Por tanto, es muy probable que el dinero de los depósitos fluya hacia los metales preciosos.

Con esto en mente, GoldMoney se creó hace más de 10 años para ofrecer un refugio seguro frente a los riesgos bancarios y monetarios. Se reconoció que, en caso de una crisis financiera y bancaria que afecte a todo el sistema, encontrar un refugio verdaderamente seguro no es fácil. Sigue siendo el objetivo de GoldMoney ofrecer este servicio.

Los clientes compran y venden a través de GoldMoney metales preciosos que se custodian en cámaras acorazadas seguras en cinco jurisdicciones diferentes, fuera del sistema bancario y financiero e independientes de él. Es importante señalar que, a diferencia de un depósito bancario, el oro, la plata, el platino y el paladio siguen siendo propiedad del cliente, y están custodiados, asegurados, identificados y plenamente auditados cada trimestre.

Volver a los análisis de Goldmoney