Para quienes no entienden la inflación

Este artículo es una llamada de atención para quienes no entienden el verdadero propósito de la inflación monetaria y no se dan cuenta de que son los incautos a los que la política monetaria está robando. Con el mundo ante una recesión cada vez más profunda, la inflación monetaria volverá a acelerarse. Es hora de que todos reconozcan las consecuencias.

Introducción

A lo largo de este año he advertido, en una serie de artículos de Goldmoney Insight, de que el giro del ciclo del crédito y el auge del proteccionismo estadounidense eran la misma combinación que condujo al crac de Wall Street de 1929-32 y a la depresión que lo acompañó y siguió. Quienes siguen las estadísticas están viendo ahora las deprimentes pruebas de que la historia rima, aunque todavía no han unido los puntos. Es comprensible: su propia experiencia les resulta más relevante que la evidencia empírica de los libros de historia.

Les resultaría enormemente útil estudiar el poder destructivo de la ley arancelaria Smoot-Hawley combinada con el final de la expansión del crédito de los años veinte. La sinergia devastadora entre ambas fue lo que paralizó la economía estadounidense y la mundial. Y, mientras nos deslizamos hacia un nuevo letargo económico, la experiencia actual nos dice que la Fed y los demás bancos centrales coordinarán sus esfuerzos para restablecer el crecimiento económico, bajando los tipos de interés y acelerando la expansión del dinero y del crédito. La actual generación de inversores sostiene que esta política siempre ha funcionado en el pasado (al menos en el pasado que han vivido), de modo que la base de valoración de los activos financieros y de la propiedad debería estabilizarse y mejorar.

Este breve resumen del pensamiento actual en los mercados financieros pasa por alto que una mezcla catastrófica de aranceles y ciclo del crédito se está cociendo en la tarta económica. El desplome de los rendimientos de la deuda pública, que refleja una huida hacia una seguridad relativa, es solo el comienzo. Si la comparación con 1929-32 es válida, hoy tenemos además los problemas de un exceso de deuda pública unido a la deuda de los consumidores, y de cientos de billones en derivados extrabursátiles que aumentan el riesgo sistémico. El sistema bancario casi se hundió en la década de 1930, cuando los bancos arrojaron desesperadamente activos de garantía a mercados en caída. Esta vez la deuda no se limita a la industria; una contracción de la deuda golpeará directamente a los consumidores y amenazará con provocar impagos en cadena en los derivados extrabursátiles.

Obviamente, no se puede permitir que esto ocurra. Hacer lo que sea necesario para impedir que se desarrolle una espiral de deuda y deflación es, de facto, la política oficial. La única solución que tienen los banqueros centrales es inundar la economía con un tsunami de dinero sin intereses, que se sumará a la expansión monetaria que continúa desde la crisis de Lehman.

Mientras esa mezcla de aranceles y ciclo del crédito se cuece en la tarta económica, la respuesta será una inflación monetaria infinita. En algún momento, los mercados financieros despertarán ante las consecuencias. Podría ser de forma repentina y relativamente pronto. El siguiente gráfico, del tipo de cambio euro-dólar, nos advierte de que las dos monedas fiduciarias más importantes están a punto de experimentar un cambio repentino en su relación, con probables consecuencias de gran alcance.

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Durante los últimos diez meses, el euro ha ido cayendo dentro de los límites de un patrón triangular. Se parece a una cuña descendente, de la que podría surgir un movimiento alcista sustancial del euro. Sin embargo, las cuñas descendentes suelen durar no más de unos meses, y esta tiene casi un año. También podría ser un triángulo descendente, aunque un purista diría que el patrón debería ser más horizontal. Eso sería marcadamente bajista para el euro, algo fácil de imaginar dados los problemas políticos, económicos y sistémicos de la eurozona. El tiempo dirá qué interpretación es la correcta, pero en cualquier caso parece inminente una volatilidad de las divisas cuando el patrón se rompa. Con una advertencia así, hemos de esperar consecuencias.

Esto podría ser una pista importante sobre el momento: ya lo veremos. Además de evaluar las implicaciones inmediatas para los activos financieros de todo el mundo, debemos considerar también las consecuencias del aumento de la inflación monetaria que está a punto de infligírsenos. Es un asunto sobre el que existe una ignorancia generalizada, no solo a pie de calle, sino también en los niveles más altos de las finanzas.

Keynes describió con acierto el alcance de esa ignorancia en su obra Las consecuencias económicas de la paz, publicada hace cien años hoy, con la siguiente cita:

«No hay medio más sutil ni más seguro de subvertir las bases existentes de la sociedad que corromper la moneda. El proceso pone en juego todas las fuerzas ocultas de la destrucción y lo hace de una manera que ni un hombre entre un millón es capaz de diagnosticar».

El joven Keynes parecía entender las consecuencias de la inflación cuatro años antes del colapso del marco alemán en noviembre de 1923. El Keynes de más edad cambió de opinión y defendió los poderes de la inflación para restaurar la economía. Se convirtió en uno de aquellos millones de ignorantes de su afirmación anterior.

Este artículo es para los millones de personas que, como el Keynes de más edad, no entienden las consecuencias de lo que va a golpearles. Es para quienes no aprecian las fuerzas ocultas de destrucción económica impulsadas por la aceleración de la degradación monetaria que, gracias a la recesión en ciernes, parece ahora a punto de desatarse.

El verdadero propósito de la expansión monetaria

Un gobierno con licencia exclusiva para imprimir dinero siempre lo utilizará como fuente de financiación. Todas las hiperinflaciones han tenido su origen en gobiernos derrochadores que tenían a mano monedas fiduciarias. Hubo un tiempo en que todo economista creíble lo sabía, pero de vez en cuando alguien propone una teoría que anima a los gobiernos a abandonar las restricciones del dinero sólido y a los economistas patrocinados por el Estado a revisar sus opiniones.

El primer exponente moderno de la moneda fiduciaria fue Georg Knapp, de la escuela cartalista alemana, que publicó su Teoría estatal del dinero en 1905. Animó a Bismarck a creer que podía financiar la creciente condición de potencia militar de la recién unificada Alemania sin subir los impuestos. La consecuencia fue la Gran Guerra, y la continuación de esta política monetaria condujo al colapso definitivo del marco en 1923.

Keynes, como asesor económico ocasional del Gobierno británico, recogió el testigo de Knapp de otra manera: promovió que el Gobierno utilizase el dinero para estimular la economía al comienzo del ciclo económico mediante un déficit presupuestario, financiado inicialmente con deuda pública en un contexto de dinero sólido. En otras palabras, defendió la idea de que el Gobierno fuese flexible en sus finanzas, pero equilibrase sus cuentas a lo largo del ciclo económico o comercial.

Al buscar una solución a la Gran Depresión, el propio Keynes demostró que, después de todo, estaba entre los millones que no entendían bien la inflación. El error del planteamiento de Keynes fue creer que el ciclo era un ciclo comercial o económico, cuando en realidad era un ciclo impulsado por la inflación del crédito bancario que él pretendía estimular. La solución no era estimular la expansión del crédito bancario, sino impedir desde el principio que los bancos lo expandieran y que el Gobierno equilibrase el presupuesto en todo momento. Pero al animar a los gobiernos a inflar el dinero, o a que el crédito bancario se inflase en su lugar, Keynes promovía en la práctica una versión modificada de la desastrosa teoría estatal del dinero de Knapp.

El resultado fue que el bastión del dinero sólido respaldado por oro quedó herido de muerte. Entre 1934, cuando el dólar se devaluó frente al oro, y 1971, cuando se derrumbó el Acuerdo de Bretton Woods, el dinero en sentido amplio de EE. UU. (M3) se expandió considerablemente más rápido que su respaldo en oro, pasando de 5 a 55 veces. La emisión de dinero fiduciario sin respaldo se utilizó para financiar guerras, mientras los bancos expandían el crédito, sobre todo para financiar la expansión empresarial dentro y fuera del país. El colapso del Acuerdo de Bretton Woods reflejó que el dólar apenas tenía ya respaldo en oro, pues se había vuelto casi totalmente fiduciario. Al idear en 1936 su propia teoría estatal del dinero, más limitada, Keynes y sus colegas inflacionistas habían abierto el camino para dejar las monedas a la deriva, lejos de su ancla de oro.

Desde 1971, los bancos centrales, con la Fed a la cabeza, han resuelto la cuestión del oro ignorándolo. Adoptaron una teoría estatal del dinero en toda regla, permitiendo que la cantidad de dinero en circulación se expandiera sin límite. El oro dejó de poder cambiarse por dólares en la Fed, de modo que su precio ya no estaba ligado al dólar.

Tras el fin de Bretton Woods, la masa monetaria amplia de EE. UU. ha aumentado otras 21 veces, a una tasa anual compuesta media del 6,6 %, con buena parte del aumento producido a raíz de la crisis de Lehman. Los economistas gubernamentales de corte keynesiano te dirán que, gestionando la cantidad de dinero, se puede optimizar la economía. Aunque quienes fueron engañados por Keynes pudieron sostener esa opinión con honestidad, ignora un hecho simple: en una economía de mercado, el dinero que se emplea en ella es cosa de los agentes económicos, no del Estado.

Sea cual fuere la motivación original de Keynes, el motivo del Estado como emisor de dinero estatal es utilizarlo como fuente de financiación gratuita. Antes de la crisis de Lehman, la financiación inflacionista adoptaba sobre todo la forma de expansión del crédito bancario, pero desde entonces se hace también mediante la expansión de la base monetaria a través del crédito bancario. Este nuevo desarrollo fue la flexibilización cuantitativa, justificada como medida de emergencia para estabilizar la economía. Pero ahora se está convirtiendo en una característica común de la financiación inflacionista de los gobiernos.

La financiación de los gobiernos por medios inflacionistas lleva mucho tiempo con nosotros. Desde 1971, cuando se derrumbó el Acuerdo de Bretton Woods, los presupuestos federales netos de EE. UU. han acumulado un déficit total de 13 738 mil millones de dólares, cifra que se corresponde casi exactamente con la expansión paralela del dinero en sentido amplio, de 13 782 mil millones.[i]

Aunque probablemente haya algo de coincidencia en la cercanía de estas cifras, transmiten un mensaje claro sobre el verdadero propósito de la inflación monetaria. Muy poca gente lo entiende, pero todas las teorías y afirmaciones sobre la financiación no inflacionista de los déficits públicos son simplemente disparates.

Nos enfrentamos ahora a una combinación potencialmente devastadora de proteccionismo comercial estadounidense y un ciclo crediticio que está llevando a EE. UU. y al mundo a una recesión grave. Solo cabe conjeturar el efecto sobre las finanzas públicas, pero con la propia previsión de la Casa Blanca, anterior a la recesión, de un déficit presupuestario de 1,092 billones de dólares para el actual ejercicio fiscal, el punto de partida no es bueno. Dada la relación a largo plazo establecida en los párrafos anteriores entre la inflación monetaria y el déficit, es evidente que nos espera otra aceleración de la inflación monetaria.

Ya ahora la política monetaria consiste en lanzar a la economía todo el dinero y el crédito nuevos que hagan falta para generar la recuperación. A medida que la economía se hunda, los tipos de interés volverán a cero, o incluso se harán negativos para inducir a los consumidores a gastar, a los inversores a invertir y a que sus acciones combinadas mantengan a flote a los bancos. No funcionará, y por qué no es nuestro próximo tema.

El empobrecimiento gradual de los consumidores

Digan lo que digan los economistas del gobierno sobre los supuestos efectos estimulantes de la inflación de precios, si se deprecia la moneda se reduce el poder adquisitivo de los salarios y el valor de los ahorros de la gente. Y cuanto más rápido se deprecia la moneda, manteniéndose todo lo demás igual, más rápido se la empobrece.

Este es un proceso que lleva mucho tiempo en marcha. Se hizo evidente por primera vez cuando fracasó el Acuerdo de Bretton Woods en 1971: la inflación monetaria acumulada desde que el oro se revalorizó a 35 $ en 1934 hasta 1971 afectó a los precios durante la década siguiente. Hoy, el dólar ha perdido el 97 % de su poder adquisitivo medido en oro, el dinero del pueblo, desde el fin de Bretton Woods.[ii] Mientras que algunos miembros de la sociedad han prosperado como prestatarios e inversores en negocios con apalancamiento financiero, el trabajador y consumidor corriente ha librado una batalla perdida para mantener su nivel de vida.

Por lo tanto, debería ser evidente que la inflación monetaria, lejos de ser un beneficio universal, crea ganadores y perdedores. En general, los ahorradores pierden y los prestatarios ganan. Los pobres pierden y los más acomodados ganan manipulando el sistema. Por lo demás, los ganadores son los emisores del dinero nuevo: el gobierno, a través de su banco central, y los bancos comerciales, a los que el gobierno concede una licencia para crear dinero en forma de crédito. Los bancos comerciales lo hacen prestando dinero que no tienen y que antes no existía. Ese dinero vuelve al sistema bancario en forma de nuevos depósitos de clientes, que equilibran su creación.

Los creadores del dinero nuevo son los ganadores evidentes. Los clientes preferentes de los bancos (tradicionalmente, las grandes empresas) también se benefician, porque pueden gastar el dinero nuevo que se les ha prestado antes de que llegue a la circulación general. Después, el dinero nuevo entra en circulación, indistinguible del que ya circula. Y como la cantidad de bienes y servicios que se producen en la economía es relativamente fija, el resultado debería estar claro: los precios subirán. Pero no suben de manera uniforme; depende de dónde y en qué se gaste el dinero.

A medida que el dinero recién creado avanza en su circulación, hace subir los precios y deja en desventaja a quienes aún no lo han recibido. Se encuentran con que los precios han subido sin que hayan visto un aumento de sus salarios y sin compensación alguna por la pérdida de valor de sus ahorros. Lo único que saben es que los precios han subido y que tienen que arreglárselas con lo que tienen o endeudarse. No son conscientes de que su presunción inconsciente, la de que el dinero es la constante en todas sus transacciones, ha quedado socavada por la inflación monetaria. Por eso, ni una de cada millón de personas tiene la más remota idea de lo que ha pasado con su dinero.

[Para ver la prueba de la magnitud del fraude de la inflación, basta con mirar los gráficos bursátiles. Nadie en el sector financiero considera siquiera la posibilidad de que el precio de cualquier inversión financiera se haya visto afectado por los cambios en el poder adquisitivo de la moneda en la que se mide. Dan por hecho automáticamente que todo el cambio está en el precio de la acción. ¡Y estos son los expertos financieros que asesoran al público general!]

Las preferencias relativas son de importancia primordial para el dinero fiduciario

Hasta ahora hemos comentado lo que equivale a la teoría cuantitativa del dinero. Durante una inflación monetaria, el ritmo al que sube el nivel general de precios también se ve afectado por su impacto en el ahorro. En un país como Japón, los consumidores tienden a quedarse con el dinero extra en lugar de gastarlo, y aumentan así sus depósitos bancarios y postales. Como resultado, los precios tienden a ser más estables para una determinada tasa de inflación monetaria. El dinero que se acumula en los bancos está disponible para invertirse en capacidad de producción adicional y en desarrollo de productos. Afortunadamente para las empresas manufactureras, en una economía impulsada por el ahorro y con una moneda fuerte pueden obtener en el extranjero la mayoría de los componentes de producción, con lo que mantienen a raya los costes de producción en términos de moneda local. Por estos medios, y con una preferencia general por ahorrar dinero en lugar de gastarlo, la inflación monetaria queda moderada en el nivel de precios.

La diferencia entre el modelo económico impulsado por el ahorro, donde la inflación monetaria tiene menos efecto sobre los precios, y el modelo impulsado por el consumo, donde se traslada directamente al gasto, refleja distintas preferencias por el dinero frente a los bienes.

Mientras el público conserve colectivamente algún tipo de preferencia por el dinero, aunque sea una cantidad simbólica de efectivo, la moneda mantendrá algo de poder adquisitivo. Solo cuando el público decide colectivamente deshacerse de todo el dinero en favor de bienes y servicios, este deja de valer nada. En el análisis final, es esta preferencia relativa, y no la cantidad en circulación, la que determina el valor de una moneda fiduciaria.

En vísperas de una recesión cada vez más profunda, nos enfrentamos ahora a una aceleración del ritmo de la inflación monetaria, ya que los gobiernos buscan financiar enormes déficits presupuestarios y sus bancos centrales intentan mantener solventes a los bancos comerciales. En las economías impulsadas por el consumo, que son las más susceptibles a la inflación de precios, la creación de dinero nuevo acelerará la transferencia de riqueza de la gente corriente a sus gobiernos. Esto parte de un nivel de riqueza que ya ha sido muy mermado por décadas de inflación monetaria y que no tiene mucho más que dar. Nos enfrentaremos a la degradación de la moneda, en la que cada nueva unidad monetaria compra menos que la anterior. En resumen, las dinámicas que conducen a un colapso final de la moneda están encajando ahora.

Nuestro siguiente reto es averiguar cómo podría ocurrir esto en un contexto moderno, donde la liquidez personal está depositada en tarjetas de crédito y préstamos al consumo en lugar de en saldos bancarios y efectivo físico.

¿Quién liquidará sus dólares?

En el modelo original de una economía, los depósitos bancarios pertenecían a empresas y particulares, y reflejaban una mezcla de beneficios, liquidez y ahorros. Esto es importante, porque la fuga de los depósitos es lo que determinará el destino de la moneda. Las mayores categorías de depositantes impulsarán el proceso.

Los consumidores estadounidenses, que antes eran un pilar del negocio de depósitos, tienen ahora muy poco depositado en proporción al total. En cambio, suelen ser prestatarios: la deuda de las tarjetas de crédito les proporciona liquidez personal en lugar de dinero en el banco, y a menudo tienen justo el crédito disponible para financiar sus compras entre una nómina y otra.[iii] Por tanto, su influencia en las preferencias relativas por el dinero no es tan significativa como en el pasado.

Del total de 12 605 000 millones de dólares en depósitos registrados en los bancos comerciales y las instituciones de ahorro estadounidenses asegurados por la FDIC a finales de marzo,[iv] sabemos, por los datos TIC del Tesoro de EE. UU., que 4 905 000 millones corresponden a deudas de los bancos con depositantes extranjeros (el 38,9 % del total de depósitos de la FDIC).[v] Los datos de la FDIC también muestran que los prestamistas comerciales tienen depósitos por 4 960 000 millones (el 39,3 %). El 21,8 % restante es una mezcla de depósitos en los libros de prestamistas hipotecarios, prestamistas agrícolas y otras categorías diversas. Los depósitos de los prestamistas de consumo suponen solo el 1,4 % del total.

Es casi seguro que existe cierto solapamiento entre estas categorías. Solo podemos suponer que los bancos especializados en préstamos comerciales y las demás categorías de la FDIC procuran atraer depósitos de fuentes afines, según su experiencia y sus conexiones. Siendo así, hay pocas dudas de que las preferencias monetarias relativas de los depositantes comerciales extranjeros y nacionales serán las que lideren la determinación del futuro poder adquisitivo del dólar.

Para los extranjeros, la perspectiva del tipo de cambio será crucial. Sabemos por los datos TIC del Tesoro que las salidas ya han comenzado, coincidiendo con la repentina desaceleración del comercio mundial.[vi] Y si, como se sostiene en este artículo, empiezan a ver un mayor deterioro económico, seguirán liquidando sus posiciones en dólares, que serán excedentarias respecto a sus necesidades comerciales a la baja. Sus tenencias combinadas en dólares, incluidas las de gobiernos extranjeros, superan actualmente el PIB de Estados Unidos, con inversiones por un total de 18 463 000 millones de dólares[vii] además de los depósitos bancarios mencionados de 4 905 000 millones.

Por eso debemos vigilar estos flujos. Cabe esperar que los depositantes corporativos tarden más en actuar que los extranjeros, ya que les interesan principalmente los beneficios contables y no las cuestiones de poder adquisitivo. Esto cambiaría si la Fed impusiera tipos de interés negativos y los bancos los trasladaran a los depositantes. Por tanto, es probable que la debilidad del dólar en los mercados de divisas, pero más aún frente a las materias primas en un momento de recesión económica generalizada, sea la primera señal de alerta de un inminente colapso del poder adquisitivo del dólar.

Esta no es la opinión actual: los comentaristas del mercado creen que los extranjeros endeudados necesitan más cobertura para sus deudas denominadas en dólares. Los hechos que muestran los datos TIC del Tesoro dicen lo contrario y, en cualquier caso, las obligaciones de deuda a corto plazo se cubren habitualmente con derivados.

Por tanto, una fuga del dólar es mucho más probable de lo que se cree en general y cabe esperar que socave los intentos de la Fed de mantener el control sobre los mercados de bonos. Por ahora, los precios de los bonos suben, reflejo de los crecientes indicios de recesión, pero es una fase que pasará pronto.

El Tesoro de EE. UU. se anticipa al problema

Con el tiempo, la atención volverá inevitablemente a centrarse en los problemas de financiación que surgirán como consecuencia de la caída de la participación extranjera en los mercados denominados en dólares. En las cifras del TIC ya hemos visto indicios tempranos de ventas de dólares por parte de extranjeros, que amenazan con socavar la financiación del déficit presupuestario si continúan. Desde el fin de Bretton Woods (con la única excepción del periodo 1998-2001, cuando hubo tres superávits presupuestarios consecutivos) se ha dado por sentado en general que los extranjeros siempre financiarían la mayor parte del déficit presupuestario, si no todo.

Sin embargo, ahora parece que los extranjeros han dejado de reciclar sus dólares comerciales, con lo que la carga de la financiación del Tesoro de EE. UU. recae sobre los inversores nacionales, que además tendrán que absorber las ventas de los extranjeros. El Tesoro de EE. UU. necesitará desesperadamente flujos de capital de cartera del exterior para contrarrestar estos problemas, pero esos flujos están destinados a ir a otros lugares, como el desarrollo de infraestructuras en Asia.

Es evidente que el Tesoro de EE. UU. es muy consciente del problema. A menos que se frene en seco la incipiente alianza entre China y Rusia, el dinero de cartera mundial será absorbido por la financiación de sus planes de inversión, sobre todo a medida que desarrollen su bloque monetario asiático no basado en el dólar. Tras haber dependido de ese dinero durante décadas, el Tesoro de EE. UU. espera que una crisis de financiación en América se materialice con rapidez.

Este es ahora el motivo principal de la postura de EE. UU. en la guerra financiera que sigue en marcha con China y Rusia. China y Rusia son muy conscientes de esta dinámica y no van a rendirse ni a someterse. Nuestra hipótesis de trabajo debe ser que, en los próximos años, no solo se invertirán los flujos comerciales hacia el dólar a medida que se profundice la recesión global, sino que China hará todo lo posible por privar a EE. UU. también de flujos internacionales de cartera para atender sus propias necesidades de desarrollo.[viii]

Entonces la Fed no tendrá más alternativa que financiar ella misma gran parte del déficit del gobierno mediante flexibilización cuantitativa. Los tipos de interés volverán al límite inferior de cero, o incluso se llevarán a terreno negativo para evitar la crisis de financiación del gobierno. Lehman parecerá un simple calentamiento de lo que está por venir.

Puede que haya medidas de apoyo al dólar por parte de fondos soberanos, y que se utilicen swaps de divisas entre los principales bancos centrales para estabilizar las monedas. Quizá se urda un nuevo plan que incluya los DEG. Podría afirmarse que se está produciendo un reinicio global, pero eso no cambiará los resultados. La realidad es imprimir, imprimir, imprimir.

La inflación monetaria de la moneda de reserva mundial solo puede acelerarse, debido a un déficit presupuestario creciente y a la necesidad de apoyar a bancos que de otro modo quebrarían. Con un segundo salto en la tasa de inflación de la moneda fiduciaria de reserva, y con ventas de bonos del Tesoro de EE. UU. por parte de vendedores extranjeros que absorber, el dólar perderá credibilidad, primero en el exterior y después en el interior.

Los precios de los bienes y servicios subirán en dólares nacionales y en cualquier otra moneda fiduciaria vinculada al dólar, a pesar del desplome de la demanda provocado por una recesión cada vez más profunda. Si todavía piensas que todo el cambio en los precios proviene del lado de los bienes en una transacción, te quedarás perplejo ante la posibilidad de que los precios suban en una crisis. La explicación es que el poder adquisitivo de tus dólares, euros o lo que sea, cae más rápido que el valor deflactado de los bienes.

Esto podría ocurrir con rapidez una vez que comience el descenso. Los bancos centrales han ido cerrando resquicios en el sistema bancario, de modo que los depositantes, en conjunto, quedan atrapados. La cantidad de efectivo físico que pueden retirar de sus cuentas está hoy limitada y, en términos reales, valdrá aún menos en el futuro. La única salida para un depositante es comprar cosas, cualquier cosa. Oro, incluso bitcoin. Pero con una marea de depositantes moviéndose en la misma dirección, el precio que aceptará un vendedor subirá muy deprisa, porque los vendedores tampoco querrán conservar moneda.

Si comprendes todo esto, entenderás cómo «…el proceso (inflacionario) pone en juego todas las fuerzas ocultas del lado de la destrucción». Han cambiado muchas cosas en los últimos cien años desde que Keynes escribió Las consecuencias económicas de la paz”, pero el deseo humano de satisfacción, de seguridad y la creencia errónea en los motivos honestos del gobierno se han mantenido, en general, igual. A nadie se le ocurre que el Estado les roba de forma habitual el valor de sus salarios y ahorros mediante el simple recurso de emitir dinero de la nada.

La ignorancia sobre los asuntos monetarios y sobre la inflación encubierta de la moneda sigue siendo un misterio para tanta gente hoy como entonces. Esperemos que, a partir de ahora, esto ya no incluya a los lectores de este artículo.



 


[i] Para consultar el dinero amplio (M3), véase https://fred.stlouisfed.org/series/MABMM301USM189S Para consultar los saldos presupuestarios, véase https://fred.stlouisfed.org/series/FYFSD

[ii] 42,22 $/1335 $.

[iii] Los consumidores también tienen préstamos para el coche, deuda estudiantil e hipotecas. Aquí solo nos interesan los saldos en efectivo y la financiación del gasto diario.

[iv] https://www.fdic.gov/bank/statistical/stats/2019mar/industry.pdf

[v] Véase la línea 2 menos las líneas 4 y 5 en https://ticdata.treasury.gov/Publish/bltype.txt

[vi] Véase la línea 29 en https://home.treasury.gov/news/press-releases/sm690

[vii] https://ticdata.treasury.gov/Publish/slt2d.txt

[viii] En este contexto, los estrategas militares chinos citan como prueba la participación de Estados Unidos en el movimiento Occupy Hong Kong de 2014, algo que vuelve a ocurrir hoy a raíz de las leyes de extradición propuestas. Véase http://chinascope.org/archives/6458/76

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