«Bernanke mantiene el rumbo en las compras de la Fed» es el titular de la web del FT esta tarde, con el presidente de la Fed confirmando lo que llevamos diciendo desde el principio: que, en sus palabras, «una política monetaria muy acomodaticia seguirá siendo apropiada en el futuro previsible».
Quizá la Fed se ha asustado por la estampida de los bonos en las últimas semanas tras tanto hablar de reducir los estímulos, y por el daño que las subidas de tipos causarían al aún frágil sistema bancario. O por la realidad de que, mientras Washington siga registrando déficits de billones de dólares hasta donde alcanza la vista, con un perfil de vencimientos de su deuda relativamente corto, lo que obliga al Tesoro a renovar constantemente los bonos que vencen, unos tipos más altos son un billete solo de ida al olvido fiscal del Gobierno. Sea como sea, saben que no existe una forma realista de salir de la cinta de correr de la flexibilización cuantitativa sin causar un daño enorme a la economía estadounidense y, por extensión, a la economía mundial.
Pero ¿y qué?, podrías decir. Compré metales preciosos como forma de protegerme financieramente frente a estos problemas, y sin embargo el oro ha caído unos 400 dólares en los últimos seis meses, con un descenso porcentual aún mayor en la plata. ¿Qué pasa? En resumen, estos mercados son volátiles (la plata, especialmente). El oro subió todos los años de 2001 a 2012. Una corrección importante no solo era inevitable, sino también saludable si se considera el valor a más largo plazo del metal en relación con otros activos, bienes y servicios.
Sin embargo, hablando en términos más concretos, desde principios de año ha habido novedades muy interesantes en el mercado del oro en relación con los inventarios de los almacenes, los tipos de arrendamiento del oro y cómo esto se relaciona con la petición del Bundesbank, en enero, de que le devolvieran su oro de Nueva York, así como con la petición de Hugo Chávez –en agosto de 2011, justo antes del máximo del precio nominal del oro– de que le devolvieran el oro de Venezuela de Londres. Para conocer los detalles más escabrosos, no dejes de leer el último boletín de Grant Williams, “Things that make you go hmmm”. Merece la pena dedicarle tiempo.