
Con los volúmenes de Comex reducidos a un goteo, los operadores de los mercados del oro y la plata están echando el cierre ante las vacaciones de Navidad. En unos mercados tranquilos esta semana, el oro y la plata han ido subiendo con poca liquidez. En la sesión europea de esta mañana, el oro cotizaba a 2053 $, 34 $ más que al cierre del viernes pasado, y la plata a 24,47 $, 63 centavos más en el mismo periodo.
Con solo cuatro sesiones de negociación por delante este año, el oro acumula una subida del 12,6 % y la plata del 2,2 % desde el cierre de diciembre del año pasado. El oro ha tenido un comportamiento mejor que su media a largo plazo, pero quizá ha quedado eclipsado por la renta variable y el bitcoin. En consecuencia, salvo los fervientes partidarios del oro, que siempre son una minoría ruidosa, vemos el oro cerca de máximos históricos con una notable falta de interés por parte de los inversores. Pero es que el sector de la inversión lleva cuarenta años dando cada vez más la espalda al oro y a los metales físicos.
En lugar de la demanda de los inversores, han sido los bancos centrales, que han añadido más de 800 toneladas de oro a sus reservas este año, quienes han dominado los mercados físicos. Gran parte de ese oro lo han suministrado directamente las minas y las refinerías, que solo toman como referencia los precios de mercado. Además, el aumento de las reservas no incluye las compras de los fondos soberanos, que, de conocerse, probablemente harían que la demanda estatal global superase las 1000 toneladas.
El siguiente gráfico, sobre las operaciones del banco central de China, ilustra cómo se está deshaciendo de dólares y bonos del Tesoro de EE. UU. para comprar oro.
El gráfico procede de un artículo de OMFIF y revela la estrategia operativa del Banco Popular de China. Y, con EE. UU. entrando en una trampa de deuda, China no será el único país que haga esta operación.
Si esta tendencia continúa el año que viene, la presión recaerá cada vez más sobre los bancos occidentales de metales preciosos. Su mayor temor debe de ser que el público llegue a darse cuenta de que no es el oro el que sube, sino que son el dólar y otras divisas las que pierden poder adquisitivo, desnudas en su valor salvo por una fe cada vez más frágil en ellas.
Este año en Comex se han entregado 132 269 contratos de oro. Eso son 13 226 900 onzas, o más de 411 toneladas. La cifra de la plata es de 135 510 000 onzas, o 4215 toneladas.
Recientemente, el giro suave de la Fed ha desencadenado un rally de alivio en los bonos de todo el mundo, pero ha suscitado temores de una caída del dólar. El índice del dólar ponderado por comercio es el siguiente. 
El giro de política, ampliamente esperado, se ha reflejado en un dólar a la baja desde el 1 de noviembre, periodo en el que ha caído casi un 5%. Esto supone una pérdida importante para el carry trade que vende yenes o euros para invertir en letras del Tesoro de EE. UU. por el diferencial de rentabilidad, que además se ha estrechado. Podría provocar más ventas de dólares por parte de instituciones japonesas y de la zona euro que han buscado rentabilidades más altas que las que ofrecen sus propias divisas.
Por tanto, lo probable es que se produzcan más ventas de dólares, debido a las grandes posiciones alcistas acumuladas desde principios de este año. Pero la próxima semana los mercados de papel podrían ver un maquillaje de cierre de ejercicio, ya que los operadores de los bancos de metales preciosos buscan precios más bajos del oro y la plata en beneficio de sus carteras de negociación y de sus bonus de fin de año.