El negocio de «cash for gold» (o «cash 4 gold», si prefieres) ha vivido un auge en los últimos años, pero las empresas de este tipo que operan en Estados Unidos se enfrentan a la perspectiva de una regulación más estricta. Esto podría incluir la obligación de registrar los datos personales de los clientes y remitirlos a la policía local.
Actualmente ninguna normativa federal obliga a estas tiendas a registrar los datos de sus clientes. Los partidarios del registro sostienen que, en el futuro, quienes vendan oro tendrán que identificarse como mínimo con un carné de conducir válido. Sus datos personales se transmitirían entonces directamente a las autoridades federales mediante un sistema informático controlado por las fuerzas del orden locales.
Los propietarios de las tiendas de «cash for gold» no aprueban estas medidas (como era de esperar). No solo les preocupan los mayores costes burocráticos, sino también perder clientela en el futuro, ya que los posibles vendedores se verían disuadidos ante la perspectiva de que sus datos privados se introduzcan en una base de datos del gobierno. Los partidarios del registro de datos argumentan que estas medidas son necesarias para combatir el creciente comercio de oro robado.
Los anuncios suelen afirmar que no hay «mejor momento» para vender oro y platería viejos. Los vendedores no son conscientes de que, en una época en la que los bancos centrales imprimen cantidades récord de dinero nuevo y en la que persiste una gran incertidumbre económica, poseer oro y otros metales preciosos es una buena forma de preservar la riqueza.
Informes anteriores muestran que la clientela habitual de las tiendas de «cash for gold» suele vender metales preciosos para obtener efectivo con el que pagar facturas pendientes. Quienes se oponen a que se remitan datos a las autoridades ven estas medidas como parte de un plan del gobierno para obtener una visión completa de toda la actividad de compra y venta en el sector no bancario. Muchos propietarios de tiendas de oro sostienen que estas regulaciones apuntan al sector equivocado, ya que los grandes, en este caso los bancos, pueden hacer lo que quieran mientras que los pequeños siempre se llevan los golpes.
Quienes apoyan controles más estrictos sobre este mercado sostienen que obligar a las tiendas de «cash for gold» a registrar y remitir los datos de sus clientes no causará problemas apreciables a estos negocios. Sigue siendo cuestionable que estas medidas ayuden a descubrir robos de oro.