Este artículo analiza los antecedentes de las negociaciones del Brexit y concluye que el Reino Unido negocia desde una posición de fuerza, mientras que la UE se encuentra cada vez más en una situación de dificultad financiera. No solo se verá obligada la Comisión Europea a reducir su gasto y la redistribución de recursos, sino que el proyecto del euro está amenazado por la fuga de capitales entre Estados miembros, a pesar de las primeras señales de recuperación económica que deberían estar restableciendo la confianza del mercado. Dejando a un lado la política, aumenta la presión sobre la UE para que reduzca la perturbación del Brexit acordando cuanto antes un pacto mutuamente beneficioso.
Las finanzas de la UE son cada vez más desesperadas
La UE no puede permitirse andarse con rodeos con el Brexit, porque un mal Brexit podría causarle un daño incalculable. No solo la gran empresa europea quiere un Reino Unido con el que comerciar libremente, sino que la confianza en el proyecto europeo disminuye rápidamente. La UE es un megaestado que se desvanece, y nadie sabe cómo asegurar su supervivencia. Inevitablemente, los fallos de la UE la están alcanzando, y la salida de Gran Bretaña pone de manifiesto las consecuencias financieras de décadas de mala gestión, de destrucción de capital mediante una redistribución derrochadora y de la ausencia de cualquier plan de contingencia.
La contribución anual de 8.000 millones de euros del Reino Unido al presupuesto de la UE es casi igual al coste de administrar todo el aparato de Bruselas, por lo que el Brexit creará un déficit presupuestario casi total, que Bruselas tendrá que cubrir con los demás miembros. Inevitablemente, también se acabará recortando parte de la redistribución destinada a los proyectos favoritos de Bruselas. Por esta razón, los políticos de Bruselas esperan un pago de capital por parte de Gran Bretaña.
La Comisión también tiene el compromiso de redistribuir fondos de los Estados miembros, estimados en 238.000 millones de euros. Debió de dar por hecho, antes del referéndum del año pasado, que Gran Bretaña votaría a favor de permanecer y pagaría su parte. En cambio, votó a favor del Brexit, y la Comisión tendrá que obtener el dinero de una aportación de capital, ya sea de Gran Bretaña o de otra procedencia, o cancelar algunos de los proyectos. Con estos problemas, la Comisión se encuentra en una posición difícil, pillada a contrapié por el Brexit. Y cuando Theresa May dice que ningún acuerdo es mejor que un mal acuerdo, y lo dice en serio, realmente podría significar el fin de Bruselas tal como la conocemos.
TARGET2 se deteriora aún más
Probablemente la estadística más alarmante que llega de la eurozona sea el crecimiento continuo de los desequilibrios de TARGET2. El siguiente gráfico muestra la situación más reciente.
En un sistema TARGET2 que funcione con normalidad, los desequilibrios deberían ser mínimos, como lo eran antes de la crisis financiera. Pero el BCE dice que no hay nada de qué preocuparse, lo cual sería cierto si estos desequilibrios fueran solo una fase pasajera, que se revertirá cuando vuelva la normalidad. Después de nueve años, esto parece cada vez más improbable.
Estos desequilibrios surgen a causa de los flujos de capital, por los cuales el dinero se traslada de un país a otro sin que exista un comercio subyacente. Si un banco español sufre retiradas de depósitos, el Banco de España interviene y lo cubre. Esto crea un activo en el balance del Banco de España, compensado por un pasivo en TARGET2. El nuevo depósito en Alemania se refleja en un aumento de las reservas del banco alemán mantenidas en el Bundesbank. El pasivo del Bundesbank con el banco alemán se compensa con un crédito en TARGET2.
Por tanto, TARGET2 refleja la fuga de capitales, o corridas bancarias silenciosas en algunos de los sistemas bancarios nacionales. Los superávits del Bundesbank, del Banco de Luxemburgo y del Banco Central de Finlandia están alcanzando nuevos máximos históricos. El Banco Central de los Países Bajos registró un descenso antes de las recientes elecciones, pero ese saldo vuelve a aumentar. Según las cifras más recientes, hasta marzo, estos saldos suman 1,186 billones de euros, 119 000 millones más que en el primer trimestre. El saldo del Bundesbank aumentó otros 14 000 millones de euros en abril, hasta 843 000 millones, aún sin disponer de las cifras de los demás bancos centrales nacionales. Estas cifras dejan claro que la fuga de capitales, en particular desde Italia y España, sigue aumentando, a pesar de las noticias sobre una incipiente recuperación económica.
El tercer mayor saldo negativo es el del propio BCE, con 183 000 millones de euros, y está relacionado con su política de expansión cuantitativa. Los saldos negativos de los bancos centrales nacionales son netos de los créditos generados a partir de ellos, lo que implica que el grado de fuga de capitales de estos países está subestimado.
Los desequilibrios de TARGET2 son, en última instancia, responsabilidad del BCE, no de cada banco central nacional. Sin embargo, las cuentas del BCE no contemplan ninguna provisión para el riesgo de que un banco central nacional abandone el sistema. Es una buena razón por la que no se puede permitir que un país abandone la zona euro.
A finales de enero, el BCE había comprado, según las estimaciones, 1,34 billones de euros en bonos públicos, 230 000 millones en bonos garantizados (en su mayoría hipotecas agrupadas) y 60 000 millones en bonos corporativos. A estas compras se pueden añadir otros 220 000 millones hasta la fecha, lo que da un total actual de 1,85 billones. Los riesgos de valoración de estos bonos no se reflejan en el balance del BCE, que en diciembre de 2016 solo declaraba 160 800 millones de euros, recogidos en «Valores mantenidos con fines de política monetaria». Es decir, solo el 11 % del total de bonos comprados mediante la expansión cuantitativa a finales de diciembre figura en el balance del BCE. Dónde recae el riesgo de precio del otro 89 % es importante, porque cuando los tipos de interés se normalicen, las pérdidas podrían ser considerables.
En ese caso, el reparto de las pérdidas lo decide el Consejo de Gobierno del BCE, que determina tanto la forma como la medida en que se distribuyen entre los bancos centrales nacionales y el BCE. Y si la inflación de precios realmente se instala, no solo las finanzas públicas y la deuda del sector privado quedarán atrapadas en una trampa de deuda, sino que también habrá que recapitalizar al BCE y a todos los bancos centrales nacionales.
Los políticos de la UE, en modo pánico
Es casi seguro que la preocupación por las finanzas de la UE está detrás de las declaraciones desmesuradas de algunos dirigentes europeos. Según Jean-Claude Junker, Theresa May vive en otra galaxia, lo que plantea la pregunta de dónde reside él mismo, en términos relativos. Tras las peticiones de varios Estados miembros, que de repente se han dado cuenta de que van a perder subvenciones, la Comisión ha aumentado de forma mecánica su exigencia de pago inicial al Reino Unido de 60 000 a 100 000 millones de euros. Esto ocurre a pesar de que el propio asesoramiento jurídico de los abogados de la Comisión señala que no se puede reclamar ninguna cantidad. Francia, Hungría, Italia, España y Polonia también quieren que el Reino Unido siga pagando a sus agricultores después de salir de la UE.
Se ha convertido en una ópera bufa, una sátira sobre una relación apenas tangencial entre la Comisión Europea y la democracia británica. Jean-Claude Junker, al introducir en francés un discurso reciente, dijo de forma algo absurda que el inglés está perdiendo importancia en Europa a causa del Brexit, pese a ser la lengua más hablada. Esta es la mentalidad frente a la que negociará el Reino Unido.
La politiquería de los comisarios de alto rango está muy alejada de la realidad democrática. Cuando David Davis, por el Reino Unido, se siente frente a Michel Barnier, por la UE, ¿responderá a la exigencia de un pago inicial de 100 000 millones de euros con una cantidad menor, o con una contrarreclamación por la parte británica de los 154 000 millones de euros estimados en activos de la UE, que la UE no menciona? Una reclamación sobre los activos de la UE es igualmente endeble. Davis solo puede aceptar una postura acorde con su asesoramiento jurídico, o al menos no muy alejada de él, porque rinde cuentas democráticamente, cosa que Barnier no hace. Tanto los abogados de la UE como los británicos dicen que el Reino Unido no tiene ninguna obligación de capital, y no hay mención alguna en el artículo 50 ni en los artículos a los que remite. Los pagos de capital y las reclamaciones de activos son solo un intento de aprovecharse.
La postura británica es que es mejor no tener tratado que tener uno malo, así que la mayor parte del movimiento en las negociaciones debe venir del lado de la UE. Como ilustró su trato a Grecia (que Yanis Varoufakis nos recordó oportunamente la semana pasada en su nuevo libro, Adults in the Room), la UE puede ser obstinada hasta el punto de la destrucción. Por suerte para el Reino Unido, este no está en la posición de Grecia y puede permitirse marcharse.
Pero los comisarios no conocen otro método que el de la intimidación. Recordad que, cuando Irlanda se negó a ratificar el Tratado de Niza en un referéndum, la UE le dijo que volviera a votar y que lo hiciera bien. Hicieron lo mismo con Irlanda a propósito del Tratado de Lisboa. A Dinamarca le dijeron que celebrara un segundo referéndum sobre Maastricht, y también que lo hiciera bien. Quizá pensaron que, al aumentar el coste de la salida, el Reino Unido daría marcha atrás y optaría por un Brexit blando, o incluso decidiría quedarse tras un segundo referéndum. Así, cuando Juncker cenó con Theresa May el 26 de abril y ella le expuso con claridad el punto de vista británico, él montó una pataleta.
Lo único que han conseguido es que el electorado británico se ponga a la defensiva, igual que ocurrió cuando Obama dijo que el Reino Unido pasaría al final de la cola en el T-TIP. Gracias a estas amenazas, es probable que la señora May obtenga una victoria aún más abrumadora en las próximas elecciones generales, con un mayor número de diputados partidarios fervientes del Brexit.
Todo eso es de cara a la galería. Por suerte, entre bastidores los funcionarios que llevan la negociación real avanzan discretamente. Una cosa es la política y otra, la práctica. Según Daniel Korski, que fue subjefe de la Unidad de Políticas del número 10, en un artículo publicado el miércoles pasado en el Daily Telegraph, los negociadores de la UE ya aceptan que a todos les interesa evitar un precipicio. Hace muchos meses, Iain Duncan-Smith informó de que los fabricantes alemanes habían acordado en secreto con el Gobierno de Angela Merkel que cualquier barrera comercial sería mínima. La realidad que hay tras la retórica es que será la empresa europea, que al fin y al cabo emplea a residentes de la UE y recauda y paga la mayor parte de los impuestos, la que determinará el resultado.
En teoría, el Reino Unido dispone de dos años desde marzo antes de salir formalmente, aunque el artículo 50(3) permite ampliar ese plazo de mutuo acuerdo. Esto abre la posibilidad de acuerdos transitorios si fueran necesarios. Además, la parte de la UE podrá ratificar la decisión por el nuevo sistema de mayoría cualificada. Esto significa que el apoyo de Alemania, Francia, Italia y España a un acuerdo debería bastar, así que es probable que el Reino Unido se dirija a esos gobiernos entre bambalinas, junto con sus grandes empresas. La realidad es que las empresas europeas quieren proteger sus mercados e inversiones en el Reino Unido, y quizá usarlo tras el Brexit como trampolín para el negocio global.
Por tanto, cabe esperar que los británicos informen de forma encubierta a los grandes fabricantes europeos de automóviles, a los bancos y a cualquier otra gran multinacional con sede en esos países. Los asuntos polémicos, como las subvenciones agrícolas y los derechos de los ciudadanos, aunque importantes, difícilmente impedirán un acuerdo. Sin embargo, los procedimientos de la UE, que exigen consultar a los 27 Estados, suelen implicar plazos muy largos. La única manera de acordar el comercio y los derechos de los ciudadanos afectados dentro del plazo de dos años es que la Comisión trabaje primero con Alemania, Francia, Italia y España para completar las negociaciones, reduciendo al mínimo las consultas con los demás Estados, antes de presentarles una solución final. De lo contrario, casi con seguridad hará falta una prórroga prolongada.
Hay pocas dudas sobre dónde está el poder. El Reino Unido puede marcharse; la UE, no. Los miembros de la Commonwealth celebran el Brexit. Además, el Reino Unido puede alcanzar con rapidez un acuerdo de nación más favorecida con China, algo que a la UE le llevaría décadas. China ya envía mercancías por ferrocarril a Europa, incluido el Reino Unido. Un acuerdo rápido de nación más favorecida con China abre una red comercial que acabará incluyendo a toda Asia y a las partes de Europa no sujetas a la UE. Con el tiempo, es probable que esto resulte un arreglo mucho mejor para el Reino Unido que verse limitado por los acuerdos comerciales de la UE. Combinar la Commonwealth y Asia en un gran acuerdo comercial liberalizado tiene la ventaja de convertir al Reino Unido en una base adecuada para que las empresas europeas vendan servicios en la que promete ser la mayor zona comercial del mundo.
Librarse de la UE es obvio, y el electorado británico empieza a entenderlo. La City también anticipa con creciente entusiasmo las nuevas oportunidades.
Todo esto presupone que las preocupantes estadísticas de TARGET2 no presagian una crisis bancaria o financiera antes de marzo de 2019. Nadie será inmune a una explosión bancaria en la eurozona, pero desde el punto de vista británico debe de haber urgencia por salir de la UE antes de que ocurra. También presupone que Theresa May obtenga el mandato electoral que busca el 8 de junio.
Las opiniones y los puntos de vista expresados en este artículo son los de su(s) autor(es) y no reflejan los de Goldmoney, salvo que se indique expresamente. El artículo tiene fines meramente informativos de carácter general y no supone que Goldmoney o el autor o los autores le presten asesoramiento jurídico, financiero, fiscal, de inversión o contable. No debe actuar ni confiar en ninguna información contenida en el artículo sin antes obtener asesoramiento profesional independiente. Se ha procurado que la información del artículo sea fiable; no obstante, Goldmoney no garantiza que sea exacta, completa o actualizada, ni que deba tomarse como indicación de resultados futuros, y no debe confiarse en ella como tal. Goldmoney no se hará responsable de ninguna reclamación, pérdida, daño o molestia causados por la información o las opiniones contenidas en este artículo, y cualquier acción emprendida como consecuencia de ellas corre por su cuenta y riesgo.