Mercados: mantener la calma y seguir adelante

A finales de julio, los mercados alcistas de renta variable mundial tuvieron un momento de duda, con caídas del tres o el cuatro por ciento. En las siete sesiones hasta el 1 de agosto, el S&P500 cayó un 3,8%, y aún no hemos salido del bache. Al mismo tiempo, el Russell 2000, un índice de empresas estadounidenses de pequeña capitalización, cayó un excepcional 9%, y, lo que es más preocupante, parece haber perdido impulso alcista, como se muestra en el gráfico siguiente. Esto indica una posible formación de doble techo en ciernes.

Russell 2000 08082014

Mientras tanto, los diferenciales de rendimiento de los bonos basura se ampliaron de forma significativa, lo que indicaba que los mercados estaban reconsiderando los rendimientos adecuados para los bonos de riesgo.

Este es el análisis convencional y el eje común de la mayoría de los informes de los brokers. En pocas palabras, la inversión gira ahora en torno a la tendencia y poco más. Ya no hace falta valorar nada adecuadamente: basta con medir la confianza. Este enfoque de la inversión encaja con la economía poskeynesiana y la planificación gubernamental. Las expectativas de la multitud, o sus «espíritus animales», están ahora para ser gestionadas. Ya no existe el comportamiento aparentemente irracional de unos mercados sin ataduras dominados por pensadores independientes. La orientación futura (forward guidance) es solo la última manifestación de esta política. Representa el triunfo de la gestión económica sobre los mercados.

Los bancos centrales llevan mucho tiempo adhiriéndose a la gestión de las expectativas. Al principio consistía en fijar los tipos de interés para acelerar el crecimiento del dinero y del crédito. Los inversores y operadores pronto aprendieron que la política de tipos de interés es el factor más importante en la valoración de todo. De los ciclos de crédito surgió el análisis técnico, que buscaba identificar tendencias y puntos de giro con fines de inversión.

Hoy este control va mucho más allá debido a dos precedentes: en 2001-02, la Fed, bajo la presidencia de Alan Greenspan, redujo los tipos de interés específicamente para rescatar a la bolsa de su caída, y, en segundo lugar, el rescate del sistema bancario por parte de la Fed tras la crisis de Lehman extendió la intervención directa a todos los mercados financieros.

Ambas actuaciones lograron sus objetivos. La intervención omnipresente continúa hasta hoy y se copia en otros lugares. No es casualidad que, por ejemplo, los rendimientos de los bonos españoles se coticen como si la deuda soberana de España estuviera entre las más seguras del planeta, y que los de los bonos franceses reflejen un plan creíble para devolver su deuda.

Sabemos desde hace años que, mediante la intervención, los bancos centrales han logrado controlar los precios de las divisas, los metales preciosos y los bonos del Estado; pero hay cada vez más indicios de compras directas de otros activos financieros, incluidas las acciones. Los medios para una gestión continua de los precios existen: bancos centrales, fondos de estabilización cambiaria, fondos soberanos y fondos de pensiones controlados por el Estado, que entre todos tienen un poder de compra ilimitado.

Sin duda, hay un grupo creciente de banqueros centrales que creen haber descubierto por fin, con este control, el Santo Grial de Keynes: la eutanasia del rentista y su sustitución por el Estado como principal fuente de capital para las empresas. Si es así, la caída de los mercados del mes pasado será solo eso, una caída, porque la intervención simplemente continuará y, si es necesario, se intensificará.

Pero en el proceso, todo el riesgo de mercado se está trasladando de los bonos, las acciones y el resto de los activos financieros a las propias divisas; y será el resultado de su poder adquisitivo lo que dará el veredicto final en el debate entre los mercados y la planificación económica.

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