Los siervos se han rebelado: ¿le toca a Europa?

En Camino de servidumbre, Hayek describía cómo el Estado va erosionando progresivamente las libertades personales en nombre del bien común.

Su advertencia se asocia más con el totalitarismo y las dictaduras que con las democracias modernas, pero las actitudes estatistas sobre las que alertaba siguen vigentes hoy y conducen a la misma pérdida de libertad personal y al mismo aumento del control estatal. En general, los siervos son pacientes y tolerantes con sus amos, pero en una democracia el establishment que sostiene al Estado corre el riesgo de ser cuestionado. Y eso ha ocurrido dos veces este año: primero con el Brexit y ahora con Trump en Estados Unidos.

Podemos tener la certeza de que el establishment en Reino Unido y Estados Unidos se reinventará. Theresa May no pretende cambiar el mundo, sino adaptarse a las nuevas realidades. Donald Trump sigue siendo en buena parte una incógnita, pero la primera impresión es de una ignorancia económica espantosa, disfrazada de nueva «Reaganomics». Propone recortes de impuestos sustanciales y un gasto en infraestructuras dirigido por el Estado «para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande». Pero, a menos que los recortes de impuestos y los compromisos en infraestructuras vayan acompañados de reducciones del gasto público, algo que parece sumamente improbable, el resultado será estimular la inflación latente de precios en un grado sorprendente.

El punto de partida de la «Trumpenomics» no podría ser peor. El nivel de deuda, tanto del sector público como del privado, ya es demasiado alto para ser sostenible, y desde esa base elevada se propone imprimir y endeudarse mucho más. Este derroche solo puede pagarse con creación de crédito, a medida que los bancos movilizan y apalancan sus reservas excedentes en la Fed para comprar bonos del Estado. El dinero fiduciario latente acumulado desde la crisis financiera se aplicará por fin a empujar al alza los precios en Main Street, en lugar de hacerlo principalmente en Wall Street, como hasta ahora. El statu quo ha ocultado enormes distorsiones económicas y monetarias, cuya corrección tendrá consecuencias inesperadas para los precios.

La riqueza y el ahorro del sector privado ya han sufrido una dilución considerable tras décadas de políticas monetarias de la Fed. Un número importante de estadounidenses tiene dificultades para llegar a fin de mes y lleva muchos años en apuros económicos. El gasto deficitario acelerado del gobierno es una influencia maligna adicional, que cabe esperar que haga subir los precios de los bienes corrientes, manteniéndose todo lo demás igual. Mientras los keynesianos creen en el estímulo económico, la realidad es que otra ronda de devaluación monetaria aumentará el empobrecimiento de los «deplorables» que votaron a Trump. Resultará ser una política keynesiana destructiva que se suma a los errores de política ya existentes.

De momento, con la bolsa disparada por las expectativas de todo este magnífico estímulo, a nadie parece preocuparle demasiado. Pero ya vemos que el mercado de deuda del Tesoro estadounidense cae con rapidez, con los precios de los bonos a 10 años cerca de un 8 % más bajos, una catástrofe para los inversores que han confiado en el «put de Yellen». El dólar también se ha apreciado frente a otras divisas, reflejo del atractivo de los mayores rendimientos en dólares. Y, al mismo tiempo, los precios de las materias primas se disparan. El siguiente gráfico, que es un compuesto de materias primas industriales, ilustra este problema.

Insights Nov 17 Img 1

El aumento de los precios de las materias primas no se aprecia en general. Por ahora se espera que los comercios minoristas absorban los mayores precios, como declaró Mark Carney el martes en la comisión del Tesoro del Parlamento británico. Es un caso digno de los tres monos sabios. Pero la compresión de márgenes solo puede absorber cierta cantidad antes de que los clientes tengan que pagar más, o los minoristas cierren y los fabricantes reduzcan la producción. Bienvenidos a la nueva gran América.

Ahora vemos que los tipos a largo plazo suben y que el poder adquisitivo del dólar, medido en materiales industriales, cae de forma significativa antes de cualquier estímulo derivado del gasto deficitario acelerado de Trump. Llega tarde y solo agravará una mala situación. Los precios de las materias primas suben sobre todo por el acopio de China, que planea su propio impulso en infraestructuras. En lugar de que solo el mayor país por comercio mundial busque gastar en desarrollo de infraestructuras, tendremos además al mayor país por PIB intentando lo mismo. El momento elegido para la juerga de gasto planeada por Trump no podría ser peor desde el punto de vista de la inflación de precios.

La subida del dólar frente a otras divisas también está causando un caos destructivo. La divisa de reserva que todos han tomado prestada se revaloriza frente a las monedas locales, lo que provoca una carrera por protegerse y una escasez de dólares en los mercados interbancarios. No conviene subestimar estas dificultades, que resultan extremadamente costosas para las empresas endeudadas de los mercados emergentes y de la eurozona. El aumento de los tipos a largo plazo en dólares también deja al descubierto que las políticas monetarias del BCE y del Banco de Japón son completamente erróneas. Ha provocado fuertes caídas del euro y del yen frente al dólar, y enormes pérdidas adicionales en las inversiones en bonos denominados en estas divisas.

Europa

La UE y el BCE se han visto muy afectados por la sorpresa de Trump. De repente, el Brexit parece una decisión premonitoria, ya que el Reino Unido probablemente conseguirá un mejor acuerdo comercial con un socio anglosajón de lo que se pensaba en un principio. Otros países bien podrían protagonizar sus propias rebeliones de siervos, con numerosas elecciones y referendos previstos para el próximo año. Además, es probable que Trump reduzca el compromiso de Estados Unidos con la OTAN en el marco de una nueva política de distensión con Rusia. La situación política se ha vuelto de pronto muy arriesgada, y la situación económica también ha empeorado.

Durante los últimos ocho años, el BCE ha contenido con éxito una crisis bancaria sistémica que afectó, en distintos momentos, a Irlanda, Chipre, Grecia y Portugal, con amenazas reales procedentes de Italia, España e incluso Alemania. Para mantener el valor de las garantías y las inversiones que figuran en los balances de los bancos, el BCE ha reducido los tipos de interés y ha elevado los precios de los bonos comprando grandes cantidades de deuda en el mercado. Es una política que ha funcionado hasta ahora, porque las amenazas exógenas también estaban contenidas. Ya no es así, y se ha puesto de manifiesto que los precios de los bonos de la eurozona están considerablemente más sobrevalorados que los del Tesoro estadounidense, dado que los precios llegaron a dar rentabilidades negativas a los bunds alemanes. El efecto de nuevas caídas en el precio de los bonos sobre los balances de los bancos podría ser catastrófico.

Hoy, el punto débil evidente del sistema financiero es Italia. Italia afronta un referéndum constitucional el 4 de diciembre, aplazado desde octubre. La votación es un intento de Matteo Renzi, primer ministro italiano, de reducir el poder del Senado. En la práctica, el poder que pierda el Senado pasará al ejecutivo. Al principio, Renzi se comprometió a dimitir si el referéndum le era adverso, pero últimamente parece haberse echado atrás en ese compromiso a medida que ha aumentado la probabilidad de fracaso. Italia importa, porque está al borde de una gran crisis bancaria y económica y los siervos sospechan que hay gato encerrado en la reforma constitucional.

La debilidad del sistema bancario italiano no es ningún secreto, pero los comentaristas pasan por alto el punto de fondo: el problema fundamental está en la economía. Los préstamos dudosos del sistema bancario se reconocen oficialmente en el 18 % del PIB. Pero el sector público representa el 52 % del PIB, lo que significa que los préstamos dudosos superan el 40 % del PIB del sector privado, teniendo en cuenta que es ahí donde se concentran. Y es muy probable que el problema de los préstamos dudosos sea peor de lo que se reconoce oficialmente. Así que, aunque los bancos se reestructuren o se rescaten con éxito, es poco probable que eso resuelva el malestar económico de fondo.

La Trumpnomics ha hecho que los rescates del BCE sean considerablemente más difíciles, porque, además de los préstamos dudosos, los bancos tienen que absorber enormes pérdidas de valoración a precios de mercado en sus bonos. Además, el BCE casi con toda seguridad tendrá que subir los tipos de interés más que la Fed, sobre todo si el euro sigue debilitándose frente al dólar, como parece probable. Ahí es donde golpeará la crisis, y probablemente no tardará mucho.

En conclusión, la Trumpnomics tal como se ha planteado (aunque obviamente aún no está en su forma definitiva) conducirá a una inflación de precios cada vez más rápida, acompañada no de mejores condiciones para la «cesta de deplorables», como Hillary Clinton describió a los partidarios de Trump, sino de su mayor empobrecimiento mediante la materialización del mecanismo de transferencia de riqueza que supone la inflación de precios. Las condiciones de estanflación ya están en el horizonte, pero, por pura economía elemental, los planes que Trump pretende aplicar las aceleran aún más. El suceso del cisne negro, la consecuencia imprevista, probablemente adelantará la desintegración política y económica de Europa y de la zona euro, a través de una moneda en caída y del hundimiento de los precios de los bonos. Bienvenidos al mundo de The Donald. Los siervos nunca ganan, como reconoció Hayek.

Las opiniones y los puntos de vista expresados en este artículo son los de su(s) autor(es) y no reflejan los de Goldmoney, salvo que se indique expresamente. El artículo tiene fines meramente informativos de carácter general y no supone que Goldmoney o el autor o los autores le presten asesoramiento jurídico, financiero, fiscal, de inversión o contable. No debe actuar ni confiar en ninguna información contenida en el artículo sin antes obtener asesoramiento profesional independiente. Se ha procurado que la información del artículo sea fiable; no obstante, Goldmoney no garantiza que sea exacta, completa o actualizada, ni que deba tomarse como indicación de resultados futuros, y no debe confiarse en ella como tal. Goldmoney no se hará responsable de ninguna reclamación, pérdida, daño o molestia causados por la información o las opiniones contenidas en este artículo, y cualquier acción emprendida como consecuencia de ellas corre por su cuenta y riesgo.

Volver a los análisis de Goldmoney