Del editor de la prestigiosa Grant’s Interest Rate Observer, un relato de la profunda recesión económica de 1920–21 que propone, en lo relativo a la intervención federal, que «menos es más». Es una réplica de libre mercado al estímulo keynesiano que aplicaron Bush y Obama a la recesión de 2007–09, cuyas secuelas, afirma Grant, el país aún sufre.
James Grant cuenta la historia de la última depresión de Estados Unidos que el Gobierno no trató; relativamente breve y autocorregida, dio paso a los locos años veinte. Su libro aparece en el quinto año de una recuperación mediocre tras la crisis de 2007–2009, tratada con exceso de medicación.
En 1920-21, Woodrow Wilson y Warren G. Harding afrontaron una profunda crisis económica aparentando ignorarla, con políticas que la mayoría de los economistas del siglo XXI calificarían de erróneas. Ante la caída en picado de los precios, los salarios y el empleo, el gobierno equilibró el presupuesto y, a través de la Reserva Federal, subió los tipos de interés. No se aplicó ningún «estímulo», y a finales de 1921 ya estaba en marcha una recuperación sólida y con abundante empleo.
En 1929, la economía volvió a hundirse, y siguió haciéndolo mientras la administración Hoover adoptaba justamente las políticas que Wilson y Harding habían rechazado aplicar. Grant sostiene que la intervención federal, bienintencionada, en especial la campaña liderada desde la Casa Blanca para sostener los salarios industriales, contribuyó a convertir una mala recesión en la peor depresión de la historia de Estados Unidos. Grant recurre a la experiencia de la depresión anterior para extraer lecciones para hoy y para el futuro. Es una respuesta contundente a la idea dominante sobre cómo combatir una recesión. Grant demuestra que el sistema de libre empresa es más resistente de lo que creen incluso sus defensores.