El notable clásico de Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca, planteó un desafío extraordinario cuando apareció por primera vez en 1952.
Se entiende que influyera tanto en Joseph Schumpeter como en Murray Rothbard, que usaron esta obra como su principal fuente. El libro no sólo es una presentación pionera de esta escuela perdida de teoría monetaria (pensadores fantásticos de la vieja España, más avanzados que los clásicos ingleses siglos después), sino que además está maravillosamente escrito. Grice-Hutchinson es una guía y una maestra sobresaliente.
Los eruditos españoles conocen desde hace mucho a los grandes economistas de la baja Edad Media y sus obras. Pero para los angloparlantes, este libro abrió un terreno completamente nuevo. No sólo dio a conocer una escuela desconocida de teoría monetaria, sino que presentó los orígenes de la teoría económica en el continente, lo que llevó a replantear toda la historia de la disciplina.
De esta obra surge un tema. Estos pensadores eran partidarios del mercado, del dinero sólido, contrarios al Estado en muchos aspectos, defensores de la propiedad y, en una medida sorprendente, favorables a los comerciantes. Su orientación teórica era subjetivista, marginalista y centrada en los procesos. Es decir, la Escuela de Salamanca representaba una especie de protoescuela austriaca con una fuerte inclinación liberal (liberal en el sentido clásico).
A los keynesianos de hoy les convendría aprender lo que los eruditos de Salamanca sabían hace muchos siglos. Y a los austriacos de hoy les convendría explorar su rica herencia intelectual salmantina.