En el prólogo de La acción humana: Tratado de economía, Mises explica los fenómenos complejos del mercado como "el resultado de innumerables acciones, elecciones y preferencias conscientes y deliberadas de individuos, cada uno de los cuales intentaba, lo mejor que podía según las circunstancias, alcanzar diversos deseos y fines y evitar consecuencias no deseadas". Son las elecciones individuales, en respuesta a juicios de valor subjetivos y personales, las que determinan en última instancia los fenómenos del mercado: la oferta y la demanda, los precios, la pauta de producción e incluso los beneficios y las pérdidas. Aunque los gobiernos puedan pretender fijar "precios", son los individuos quienes, con sus acciones y elecciones, mediante la competencia por el dinero, los productos y los servicios, determinan realmente los "precios". Así, Mises presenta la economía no como un estudio de los bienes materiales, los servicios y los productos, sino como un estudio de las acciones humanas. Considera la ciencia de la acción humana, la praxeología, una ciencia de la razón y la lógica, que reconoce una regularidad en la secuencia y en las interrelaciones de los fenómenos del mercado. Mises defiende la metodología de la praxeología frente a las críticas de marxistas, socialistas, positivistas y estadísticos matemáticos.
Mises atribuye el enorme progreso tecnológico y el consiguiente aumento de la riqueza y del bienestar general en los dos últimos siglos a la adopción de políticas de gobierno liberales basadas en las enseñanzas económicas del libre mercado, que crean un entorno económico y político en el que los individuos pueden perseguir sus respectivos objetivos en libertad y en paz. Mises también explica lo inútil y contraproducente de los intentos de los gobiernos de regular, controlar e igualar las circunstancias de todas las personas: "Los hombres nacen desiguales y... es precisamente su desigualdad lo que genera la cooperación social y la civilización".