Las propiedades monetarias naturales del oro
Todo lo que podemos tocar, sentir, respirar o quemar es un elemento o un compuesto. Todo lo que se construye, fabrica o inventa depende de una relación causal ineludible que comienza con la extracción, el transporte, el almacenamiento y la distribución de elementos.
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A lo largo de 6000 años, los científicos han clasificado 92 elementos naturales únicos en nuestro planeta. Estos elementos tienen propiedades físicas diferentes y una rareza relativa distinta en la Tierra.
Extraer elementos requiere un aporte de energía, trabajo, tiempo e información (unidades de insumo).
La abundancia relativa de los 92 elementos naturales entre sí en la Tierra es inmutable e impone una proporción de costes relativa y perpetua. Aquí, el término proporción de costes no se refiere a dólares, euros ni otras medidas externas al proceso de extracción, sino a unidades de insumo (energía, trabajo, tiempo e información).
Las propiedades naturales del oro lo convirtieron en la mercancía intermedia perfecta (dinero), dado que cualquier bien o servicio de la economía real se compone de combinaciones variables de unidades de insumo.
El oro es el más raro de los elementos extraídos en cualquier escala significativa. Tiene además otra característica igual de importante: la inmortalidad. No se empaña, ni se pudre, ni se evapora, ni se desintegra. No tiene ciclo de vida y, por razones que desconocemos, resiste la entropía, una de las leyes naturales más importantes, según la cual todo lo que está hecho de energía tiende al desorden con el paso del tiempo.
De los 92 elementos naturales, solo hay uno que podría haber evolucionado como mercancía intermedia (dinero) que representara cualquier transacción cooperativa entre participantes en un mercado libre.
El punto crítico es que cualquier transacción en la economía real (sea cual sea el sector o la geografía) representa, en última instancia, distintas combinaciones de unidades de insumo como coste: energía, trabajo, tiempo e información.
Intenta pensar en cualquier bien o servicio de la economía real. Por complejo que sea el servicio o por sencillo que sea el bien, comprobarás que este axioma se cumple.
La escasez del oro hace que su extracción absorba más unidades de insumo que cualquier otro elemento o compuesto. La inmortalidad del oro significa que perdura mientras todo lo demás, incluidas las unidades de insumo, se va debilitando con el tiempo. Por lo tanto, el oro es siempre superior en el tiempo a las unidades de insumo en cualquier transacción dentro de la economía real.
Si lo juntamos todo, las existencias totales de oro representan miles de millones de transacciones pasadas, lo que impone un valor futuro proporcional en unidades de insumo equivalentes.
Como el oro dura para siempre, todo el oro extraído hasta ahora crece con el tiempo como un inventario físico (existencias) cada vez mayor, en manos de cientos de millones de personas, ya sea en forma de joyas o de metal precioso. En cambio, las unidades de insumo se deprecian y no tienen existencias ni inventario equivalentes a los que recurrir. Siempre hay que reproducirlas, reconfigurarlas o redesarrollarlas en el futuro.
Estas grandes existencias de oro tienen un coste acumulado que crece con cada unidad adicional de oro extraída de la tierra. Este coste se compone de miles de millones de transacciones históricas en las que se intercambiaron por oro distintas combinaciones de unidades de insumo decrecientes.
Por supuesto, estas existencias de oro no pertenecen a una sola persona. Están ampliamente repartidas entre cientos de millones de personas de todas las geografías y culturas, con habilidades y dotes naturales diversas. Cada peso de oro que alguien posee o lleva puesto puede rastrearse hasta una transacción pasada en la que esa persona decidió intercambiar sus unidades de insumo decrecientes.
Cada una de ellas participa en un sistema cooperativo que valora sus habilidades especializadas, su trabajo, su tiempo y sus recursos con unidades de insumo decrecientes. Esto refuerza su capacidad de responder a la relación entre el valor de sus unidades de insumo decrecientes y el oro. Pueden convertir su oro en unidades de insumo decrecientes o convertir unidades de insumo decrecientes en oro.
Este punto es extremadamente importante si se quiere entender por qué el precio del oro a largo plazo, incluso al usar una medida externa, siempre reflejará la relación natural entre los elementos.
De ello se deduce que, en un mercado libre, el valor futuro de estas existencias totales de oro (el precio del oro) subirá o bajará según las unidades proporcionales de energía, trabajo, tiempo e información que ofrezcan los participantes de la economía real.
Conclusión
En este artículo he mostrado cómo el oro se convirtió en dinero debido a la física (la ley natural) y a la antropología darwiniana. El ascenso del oro no tuvo nada que ver con la economía ni con los economistas.
También he mostrado cómo el precio a largo plazo en relación con las unidades decrecientes debe ajustarse hasta alcanzar un equilibrio. Creo que ese equilibrio es el siguiente:
Existencias de oro = Valor presente de las unidades de insumo intercambiadas históricamente
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