Las consecuencias de abandonar la fiesta

La decisión colectiva del electorado británico es rechazar la recomendación de su gobierno, salvo la de los pocos ministros disidentes, de que Gran Bretaña permaneciera en Europa.

Es un fracaso evidente de la política del gobierno. Sobre todo, es un fracaso que socava el control del Estado sobre la gente corriente. El tiempo dirá si se trata solo de un revés temporal para los planificadores económicos del mundo, o de la retirada de la piedra angular que sostiene toda la estructura del estatismo moderno.

Por tanto, hay dos aspectos de este acontecimiento que deben considerarse: la política interna del Reino Unido y las consecuencias económicas y políticas internacionales.

Hay pocas dudas de que David Cameron y George Osborne, el ministro de Economía, son ahora solo administradores interinos, con el deber de gestionar una retirada planificada de Europa hasta que se les sustituya como políticos ejecutivos. La retirada será un proceso largo que, durante al menos los próximos dos años, llevará a la separación final y oficial. Es posible que la élite europea de Fráncfort y París intente presentar propuestas para mantener a Gran Bretaña en el club de la UE y forzar un segundo referéndum. Cualquier intento así fracasará, porque ni siquiera puede ser considerado por un primer ministro interino.

Los días de David Cameron como primer ministro están contados y ya no tiene autoridad real. Los conservadores tendrán que elegir a un nuevo líder, y el favorito de las casas de apuestas, casi con seguridad, es Boris Johnson. Es probable que el Partido Conservador lo elija antes de que acabe este año.

Por tanto, el futuro de Gran Bretaña dependerá de las políticas de un gobierno dirigido por Boris, que, hay que admitirlo, habrá obtenido el poder básicamente por el fracaso del bando del Remain a la hora de presentar un argumento convincente. Podría decirse que perdió el Remain, y que no ganó el Leave.

Aunque el bando del Leave hizo campaña con un programa que, por implicación, defendía mercados más libres, es otra cosa suponer que las normas y la burocracia se vayan a derogar realmente. Por eso, un cínico podría señalar con razón que, en lugar de estar controlada por un grupo de políticos ineptos en Bruselas, la economía británica será dirigida por otro grupo de políticos ineptos en Westminster.

La realidad es que Boris Johnson, si llega a ser primer ministro, y su futuro gobierno son criaturas del sistema. Y, lo que es importante, carecen de la base intelectual para desafiarlo con seguridad. Sin duda consultarán a los mismos asesores que apoyaron el Remain, no solo en la administración pública, sino en los bancos del sector privado y en las grandes empresas. Ningún político, a menos que entienda de verdad el desafío económico, es inmune a los esfuerzos de persuasión de estos grupos de presión e intereses creados.

Por tanto, es poco probable que el paso de Gran Bretaña de formar parte de un superestado europeo a la plena independencia sea suave. El Reino Unido volverá a estar más expuesto a la disciplina de los mercados del sector privado. Los mercados de la libra no son demasiado grandes como para que los especuladores no puedan atacarlos con éxito. Existe un riesgo significativo, al menos a corto plazo, de que Gran Bretaña tropiece de una crisis de la libra a otra.

Podríamos argumentar que, a partir de hoy, nada cambia de inmediato. Gran Bretaña seguirá siendo miembro de la UE durante los próximos dos años. Es cierto, pero se pasa por alto que los mercados miran hacia delante y no verán con buenos ojos la dilación del Gobierno. La curva de aprendizaje será muy empinada para Boris y compañía.

Habrá que resolver dos asuntos pendientes. Hay pocas dudas de que el desplome de la libra tras el referéndum se agravó por las declaraciones despectivas de dos hombres: George Osborne, el ministro de Economía, y Mark Carney, el gobernador del Banco de Inglaterra. Ambos, mientras ocupan su cargo, tienen el deber de no socavar la economía ni la moneda con sus declaraciones. A un político en ejercicio se le puede otorgar cierto margen en esta cuestión, pero no al responsable de un banco central.

Si hubiera ganado la permanencia, se habrían salido con la suya. Pero no fue así, y el voto a favor de la salida se impuso a pesar de sus amenazas. Cabe argumentar que las consecuencias de su estrategia del miedo no solo han empeorado la situación de la libra y de los mercados financieros denominados en libras respecto de lo que habría sido de otro modo, sino que sus declaraciones han contribuido a una crisis de mercado más amplia. Por tanto, es probable que ambos se vean forzados a dejar el cargo más pronto que tarde.

Cisnes negros y merecido castigo

La reacción inmediata de los mercados mundiales a la sorpresa de la salida ha sido de pánico, empezando por los mercados asiáticos, con un yen que se disparó hasta situarse por debajo de 103 por dólar. El oro ha sido prácticamente el único punto brillante, con una subida de más del 6 % hasta los 1340 $ en un momento dado. Dada la debilidad de la libra, el oro ha subido de forma más acusada medido en libras: casi un 20 %, hasta 1000 £ por onza. Los mercados bursátiles asiáticos lo están acusando mucho, y el japonés cae más de un 7,5 %.

Estas son las noticias de los mercados durante la noche.  Con un poco de suerte, los operadores serán más racionales cuando los mercados europeos empiecen a operar con normalidad más tarde esta mañana. Sin embargo, la situación financiera y económica mundial es muy grave y está madura para una crisis. Los bancos europeos corren un riesgo especial, ya que sus apuestas complacientes por la permanencia les perjudicarán mucho. Es de esperar que las acciones de bancos como Deutsche, UniCredit y Credit Suisse toquen nuevos mínimos, lo que alimentará las dudas sobre su solvencia.

Ese es el cisne negro. El merecido castigo es el plato que les espera a los políticos de Europa y al equipo del FMI. La UE se enfrenta a exigencias populistas de democracia, o al menos de un sistema mejor que el que ofrece la jerarquía de la UE. Tendrá suerte si evita una mayor desintegración, con antiguos miembros buscando sus propias alianzas comerciales. Eso, si una crisis bancaria sistémica no acaba con ella antes.

El FMI también hizo una valoración muy desacertada e inapropiada: Christine Lagarde apoyó públicamente el mantra catastrofista de la permanencia en caso de salida. Esta importante institución, que emite los DEG del mundo, habría servido mejor a los mercados si se hubiera mantenido callada y hubiera dado prioridad al control del riesgo. Su credibilidad ha quedado muy dañada.

Debo terminar este informe con una nota sombría más. Los bancos de metales preciosos, en su complacencia, han acumulado grandes posiciones cortas en oro, que a las 5:00 de la mañana, hora de Londres, había subido 100 $ en un momento dado. A menos que, a lo largo de la sesión de hoy, el oro pierda la mayor parte de este notable aumento, podría haber impagos en este mercado. El mercado del oro, al basarse en la única forma de dinero que no es riesgo de nadie más, es fundamental para todo el sistema financiero. Podría resultar ser la mayor preocupación de todas.

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