La volatilidad del mercado se detiene casi por completo

Hay inquietud en numerosos mercados, con una volatilidad de un momento a otro que se ha frenado casi por completo. Esto contribuye a la sensación de que estamos en la calma que precede a la tormenta. No es raro que haya un parón veraniego, ni que un mercado sufra más desinterés que otro, pero la situación actual en toda la gama de mercados de capitales debería ser motivo de gran preocupación.

El contexto monetario también carece de precedentes: todos los bancos centrales occidentales han reducido los tipos de interés hasta cerca de cero durante un periodo prolongado, acompañados de inyecciones masivas de dinero primario. Esto ha dejado enormes cantidades de liquidez embalsadas en los mercados de capitales. Los bancos centrales también han dirigido cómo se invierte esa liquidez: de eso trata la Operación Twist de la Fed, que eleva los precios de los bonos a largo plazo en relación con los de corto plazo. Y también los «Programas de Mercados de Valores» y las «Operaciones Monetarias de Compraventa» del BCE, que han conseguido eliminar las primas de riesgo de los bonos públicos de la Eurozona.

Manipular los mercados de bonos y eliminar de ellos la percepción de riesgo es solo el comienzo de la intervención deliberada. En los círculos de la banca central se cree que la subida de los mercados bursátiles fomenta la confianza que hace que los consumidores vuelvan a gastar. Se considera que la caída de los rendimientos de los bonos es el motor de este proceso. Y, a medida que las intervenciones se han ido comprendiendo y aceptando más ampliamente, los inversores han concluido con complacencia que los mercados cuentan con una garantía sólida.
Los bancos centrales también saben que un precio del oro al alza socava la confianza, por lo que han actuado para mantenerlo deprimido. Lo sabemos por los enormes flujos de oro físico hacia Asia, que solo pueden proceder de la liquidación de oro monetario. Es decir, se trata de ensalzar lo bueno y restar importancia a lo malo.

Las distorsiones de mercado causadas por las intervenciones se acumulan desde la crisis de Lehman de 2008 y se alejan cada vez más de la realidad del mercado. Inevitablemente, los inversores del sector privado aumentan estas distorsiones al anticipar que continuarán. Los bancos y los fondos de inversión se sienten seguros invirtiendo en bonos del Estado español e italiano con rendimientos ridículamente bajos, sabiendo que el BCE tiene que respaldarlos. Del mismo modo, los inversores confían tanto en las acciones estadounidenses que se endeudan para comprarlas y han llevado la deuda total con margen en la NYSE a un nivel casi récord de 437.000 millones de dólares en abril. Y, al mismo tiempo, estos inversores confiados han llevado las ventas en corto de oro y plata a nuevos niveles.

Ya empiezan a verse grietas en estas distorsiones del mercado. Los reguladores cercan a los bancos: primero fue el Libor y ahora son las divisas y el oro. La Fed da marcha atrás con la flexibilización cuantitativa y China intenta frenar el ritmo de creación de crédito, mientras que Japón y la eurozona siguen luchando contra el colapso económico. Supone un baño de realidad para los inversores sobreexpuestos que se han comprometido a ganar dinero con la intervención continuada del mercado. No es de extrañar que la volatilidad se haya reducido a un ritmo mínimo y que mercados muy diversos estén a punto de estancarse.

La historia nos enseña que los intentos de controlar los mercados suelen acabar en crisis, y ese momento parece estar ahora terriblemente cerca. De ser así, la consecuencia será una reevaluación radical del riesgo de los bonos, que provocará pérdidas generalizadas en el sistema bancario y la rápida liquidación de posiciones de inversión excesivas en diversos mercados. La volatilidad acabará con la complacencia y volverá con fuerza.

Volver a los análisis de Goldmoney