No se es muy consciente de que el concepto de la UE está en las últimas. Las ineficiencias burocráticas y el mal liderazgo quedaron plenamente al descubierto la semana pasada, cuando la UE se mostró incapaz de distribuir las vacunas e intentó culpar a todos los demás. Pero hay un problema mayor oculto en la estructura del euro, compuesta por el sistema bancario y los sistemas de liquidación TARGET2.
Este artículo analiza la precaria situación financiera de los bancos comerciales y la manipulación del sistema TARGET2 por parte de los reguladores nacionales para ocultar deudas incobrables. Ahora es previsible que la situación de la deuda incobrable empeore más rápido a causa de las consecuencias económicas de los confinamientos por el coronavirus, y la falta de vacunas no ayuda, ya que aplaza la vuelta a la normalidad económica.
No es exagerado concluir que el fracaso de su sistema de liquidación hundirá al BCE y a los bancos centrales nacionales. El BCE desaparecerá y los bancos centrales nacionales se reconstituirán para administrar nuevas monedas nacionales; no puede haber otro desenlace.
Con el fracaso del euro, es probable que la Comisión Europea ceda poder a los intereses nacionales, lo que anunciaría una nueva era de enorme incertidumbre política a medida que se diseñen nuevas monedas y acuerdos de financiación de los gobiernos.
Introducción
En el plano político parece haber niveles alarmantes de ignorancia sobre las consecuencias económicas de castigar a Gran Bretaña por el Brexit en un momento en que la propia economía de la UE se tambalea al borde de una crisis financiera.
La semana pasada, el extraordinario comportamiento de la Unión Europea dejó al descubierto que los últimos partidarios del Remain en Gran Bretaña no habían sido más que quijotes luchando contra molinos de viento. Sin consultar a los irlandeses ni a los británicos, la Comisión activó el artículo 16 del Acuerdo de Comercio y Cooperación, lo que equivalía a establecer una frontera aduanera entre Irlanda e Irlanda del Norte. Esto contravenía directamente promesas anteriores de respetar el Acuerdo del Viernes Santo y no hacerlo. Fue por insistencia de la UE por lo que no debía existir ninguna frontera en tierra, lo que separa a Irlanda del Norte del resto del Reino Unido a efectos aduaneros. A pesar de este incumplimiento de un acuerdo cuya tinta apenas se había secado, el gobierno británico logró mantener la calma y persuadir a la UE de que reconsiderara y diera marcha atrás.
La razón de relatar estos hechos es subrayar que el sistema de la UE parece haber sido diseñado para promover y nombrar a quienes no pueden ser elegidos, en una parodia a gran escala del principio de Peter. El origen de este error en concreto fue burocrático. La UE estaba decidida a quitar la distribución de las vacunas contra la covid de manos de los Estados miembros y después dio largas durante tres meses decisivos, mientras otras naciones como el Reino Unido y EE. UU. hacían pedidos anticipados de cientos de millones de vacunas.
Las políticas, en su mayoría políticas y con poca consideración por las consecuencias económicas, quedan atascadas en la burocracia de la UE, además de la necesidad frecuente de consultar a 27 Estados miembros distintos e imprimir etiquetas en todos sus idiomas. En consecuencia, la Agencia Europea de Medicamentos, que según se informa estuvo cerrada por vacaciones entre el 23 de diciembre y el 4 de enero en plena pandemia, solo aprobó la vacuna de AstraZeneca el viernes pasado, cuando Gran Bretaña ya había vacunado a millones de personas.
Proporcionalmente, se ha inmunizado a muchos menos europeos, con graves consecuencias políticas para los líderes nacionales de Europa, en particular los que tienen elecciones a la vista, como en Francia. El gobierno italiano ha caído, una vez más, y su gestión de la crisis del coronavirus tiene gran parte de la culpa. Y, algo inusual en la normalmente tolerante sociedad neerlandesa, incluso ella se ha echado a la calle en disturbios.
Este no es el único problema inicial posterior al Brexit. El gobierno del Reino Unido se negó a conceder estatus diplomático a la UE alegando que los Estados miembros ya están representados en Londres y que la UE no es un Estado, sino una comisión. La logística entre el Reino Unido y Francia sigue entorpecida por una burocracia convertida en arma, lo que ya está provocando más fricciones en los altos niveles de gobierno.
Detrás de todo parece haber un deseo abrumador de castigar al Reino Unido por el Brexit. Para las otras 27 naciones que permanecen en la UE, hay que demostrar que el Reino Unido sufre las desventajas de la independencia. Por eso molestan tanto el éxito británico al vacunar a su propia población y la ineptitud de la UE. Si se sigue centrando la atención en castigar al Reino Unido por el Brexit, puede que se perjudique a la economía británica, pero, más importante aún, se perjudicará todavía más a la UE, teniendo en cuenta que los desequilibrios comerciales entre ambos favorecen a las exportaciones de la UE.
La UE está sacrificando su propia economía cuando menos puede permitírselo. Pero mientras la política nos distrae, hay cuestiones mucho más profundas relacionadas con la economía y el dinero.
El error monetario que subyace al concepto de la UE
El concepto que subyace a la UE puede resumirse como la socialización de la riqueza de los estados del norte para subvencionar a los países miembros del sur y menos desarrollados. En consonancia con su bajo perfil político de posguerra, Alemania aceptó que el proyecto europeo pasara de ser un bloque comercial a una unión monetaria.
El euro estaba pensado para nivelar, permitiendo que países como Italia, España y Grecia se aprovecharan de la calificación crediticia de Alemania, según el argumento estatista de que, al ser emitida por una nación soberana integrada en una moneda y un sistema de liquidación comunes, hay poca diferencia entre poseer deuda soberana alemana, italiana o incluso griega. Como consecuencia, a través de las instituciones inversoras, los ahorradores alemanes subvencionaron directa e indirectamente deuda emitida a niveles que no compensan el verdadero riesgo del prestatario. El gráfico de FRED que aparece a continuación muestra el efecto sobre el rendimiento del bono italiano de referencia a 10 años.

En el período previo a la sustitución de las monedas nacionales por el euro, se ignoraron las reglas de Maastricht para la admisión; de lo contrario, el nivel de deuda soberana de Italia habría impedido su entrada. El tipo de mercado del bono del Estado italiano a 10 años era un rendimiento del 12,4 % cuando entró en vigor en 1992 el tratado de Maastricht, que fijaba las condiciones de acceso a la unión monetaria. El bono de referencia equivalente de Alemania rendía un 8,3 %. Hoy el bono de referencia alemán rinde un menos 0,62 % y el italiano un más 1,07 %. No solo se ha reducido la diferencia a menos del 2 %, sino que a finales de 2020 el volumen de deuda pública italiana había aumentado hasta más del 150 % del PIB.[i]
Pueden ponerse ejemplos similares con los demás PIGS: Portugal, Grecia y España. Claramente, la evidencia es que los mercados no están valorando el riesgo soberano como deberían y que sus rendimientos están muy suprimidos. Las perspectivas de los déficits presupuestarios de estos países son sencillamente nefastas, hasta el punto de que recientemente se ha especulado con que el BCE tendrá que cancelar parte de sus enormes tenencias de deuda pública de los PIGS.
Que esto sea así nos lleva a definir el defecto básico del sistema del euro: no es en absoluto un proyecto determinado por la economía; es simplemente una construcción política para lograr objetivos políticos.
El BCE y su tarea imposible
En la introducción dejamos al descubierto la falta de urgencia burocrática en la adquisición de vacunas y el posterior pánico en Bruselas. En contraste, la presidenta del BCE fue presidenta del FMI y, antes de eso, ocupó varios cargos en el gobierno francés, entre ellos el de ministra de Economía y Finanzas. Fue nombrada para el BCE como una persona de confianza. Y, como tal, ha heredado una posición imposible, porque no tiene mandato para moderar las políticas inflacionistas que heredó.
Más exactamente, heredó dos imposibles. El primero es seguir distribuyendo el ahorro nacional de Alemania para sostener a los PIGS, y el segundo es un sistema bancario que está total y absolutamente roto. La tabla 1 muestra la relación entre los totales de balance de los G-SIB de la eurozona, el patrimonio de su balance y su capitalización bursátil para ilustrar este último punto.

G-SIB es el acrónimo de banco de importancia sistémica mundial, que cuenta con colchones de capital adicionales diseñados para garantizar que no cree ni propague riesgo de contraparte. Por implicación, los bancos más pequeños son menos seguros, de modo que estos G-SIB de la eurozona deberían estar mejor capitalizados en términos de liquidez disponible. Sin embargo, cuando se observa que la valoración bursátil de Société Générale es solo el 21,1 % de su valor contable, lo que da a los accionistas un apalancamiento de mercado de 101,4 veces su balance, hay que tomar nota. Y al tomar nota, también deberían establecerse el nivel real de préstamos dudosos y cualquier pasivo fuera de balance. Otros G-SIB de la eurozona están menos apalancados operativamente para sus accionistas, pero hay pocas dudas de que sus valoraciones de mercado nos indican que, tras tener en cuenta los préstamos dudosos no declarados, muchos de ellos no solo están técnicamente insolventes, sino que no deberían cotizar.
Gran parte del problema se encuentra en esos préstamos dudosos. Se ha vuelto rutinario que los reguladores nacionales los consideren en situación normal para que puedan servir de garantía de préstamos del banco central nacional. Cuando luego se pierden en el sistema de liquidación TARGET2, se olvidan y, milagrosamente, el banco comercial vuelve a parecer solvente. Pero TARGET2 se llena de esas deudas incobrables y surgen desequilibrios, como muestra el siguiente gráfico del almacén de datos del BCE.

Esta es una de las formas en que el ahorro nacional de Alemania se está redistribuyendo hacia los PIGS. A finales de diciembre, el Bundesbank alemán «tenía a su favor» 1,136 billones de euros (€1.136 mm), una cifra que ha aumentado un 26 % en 2020. Al mismo tiempo, los mayores deudores, Italia, España, Grecia y Portugal, aumentaron sus deudas combinadas en 242 000 millones de euros hasta 1,18 billones de euros. Pero el deterioro más rápido para su tamaño se da en el saldo negativo de Grecia, que se ha más que duplicado en 54 600 millones de euros desde los 25 700 millones de finales de 2019. El déficit de España también crece a un ritmo preocupante, de 392 400 millones a 500 000 millones de euros, y el de Italia, de 439 400 millones a 516 000 millones.
Si un banco central nacional registra un déficit en Target2 frente a los demás bancos centrales, es porque ha prestado dinero a sus bancos comerciales para cubrir transferencias de pagos, en lugar de tramitarlas a través del sistema de liquidación. Los préstamos a los bancos comerciales figuran como un activo en el balance del banco central nacional, compensado por un pasivo frente al Eurosistema del BCE a través de TARGET2; de ahí los déficits de los PIGS. Pero, según las normas, si el sistema TARGET2 fallara, el BCE repartiría los costes según la fórmula preestablecida de la clave de capital, basada en la participación de los bancos nacionales en el capital del BCE.
El propio BCE tiene un déficit de 342 000 millones de euros, derivado de que los bancos centrales nacionales no han transferido las compras de bonos realizadas en su nombre, lo que reduce los déficits aparentes de los deudores y suprime el importe adeudado a bancos centrales nacionales como el Bundesbank. Es decir, el saldo negativo del BCE implica que las estadísticas subestiman la gravedad de la situación.
A un banco central nacional le conviene registrar un déficit mayor en relación con su clave de capital, apoyando a los bancos insolventes de su jurisdicción. Así, si TARGET2 fallara, su amortización sería mayor que su aportación a la recapitalización del BCE. Junto con Luxemburgo, Alemania es el claro perdedor de este arreglo. La participación de Alemania en el capital del BCE es del 26,38 % del total de las participaciones de los bancos nacionales de la zona del euro.[ii] Si TARGET2 colapsara, el Bundesbank perdería el billón largo de euros que le deben los demás y el propio BCE, y además tendría que aportar hasta 400 000 millones de euros de las pérdidas netas, según los desequilibrios actuales. Eso supone actualmente un coste teórico para el Bundesbank de al menos 1,536 billones de euros, que borraría su propio balance.
Para entender cómo y por qué surge el problema, debemos remontarnos a la anterior crisis bancaria europea posterior a Lehman, que ha marcado las prácticas regulatorias actuales a nivel nacional. Si el supervisor bancario nacional considera que los préstamos son morosos, las pérdidas serían un problema bancario nacional. Si, por el contrario, los considera en situación normal, son admisibles para las operaciones de refinanciación del banco central nacional. Un banco comercial que usa como garantía los préstamos dudosos pide prestado al banco central nacional, que a su vez se financia para cubrirse reteniendo pagos al sistema TARGET2. Así, los préstamos insolventes salen de los sistemas bancarios nacionales de los PIGS y se pierden en el Eurosistema.
En el caso de Italia, el elevadísimo nivel de préstamos morosos alcanzó un máximo del 17,1 % en septiembre de 2015, pero a mediados de 2020 se había reducido al 6,5 %.[iii] Dados los incentivos del supervisor para desviar el problema de los préstamos morosos de la economía nacional al Eurosistema, sería un milagro que alguna parte de la reducción de los préstamos morosos fuera genuina. Y con todos los confinamientos por la covid-19, los préstamos morosos italianos volverán a dispararse, y buena parte de este aumento aún no se refleja en la contabilidad de los bancos comerciales.
En los Estados miembros con saldos negativos en TARGET2, como Italia, existen tendencias antiguas y crecientes hacia problemas de liquidez en las industrias tradicionales, que habrían sido insolventes durante décadas sin el goteo de crédito adicional. Como el supervisor bancario tiene incentivos para no admitir estos problemas de préstamos morosos, registrados y no registrados, en la economía nacional, los préstamos a estas empresas insolventes se han renovado y aumentado continuamente financiándolos a través de TARGET2. La consecuencia es que las empresas nuevas se han visto privadas de crédito bancario por falta de balance y de entusiasmo de los bancos. Un sistema que ha convertido en zombis a los bancos comerciales y a la mayoría de sus prestatarios no podría estar mejor calculado para paralizar la economía italiana y limitar sus perspectivas de recuperación.
Oficialmente, no hay ningún problema, porque las posiciones TARGET2 del BCE y de todos los bancos centrales nacionales se compensan hasta cero, y la contabilidad mutua entre los bancos centrales del sistema lo mantiene así. Para sus arquitectos, un fallo sistémico de TARGET2 es inconcebible. Pero como algunos bancos centrales nacionales están ya acostumbrados a usar TARGET2 como fuente de financiación de sus propios sistemas bancarios insolventes, la crisis del coronavirus amenaza con aumentar aún más los desequilibrios y con hundir el sistema de liquidación del euro.
El miembro del Eurosistema con el mayor problema es el Bundesbank alemán, al que ahora se le deben bastante más de un billón de euros a través de TARGET2. El riesgo de pérdidas está a punto de acelerarse con rapidez como consecuencia de las sucesivas rondas de confinamientos por la covid en los PIGS. El Bundesbank tiene razones para estar muy preocupado.[iv] Esta es una cita directa del artículo del profesor Sinn al que se hace referencia en la nota final iii:
«… la cuestión de Target llegó a los titulares políticos cuando el nuevo presidente del Bundesbank alemán, Jens Weidmann, expresó su preocupación por los derechos de Target del Bundesbank en una carta al presidente del BCE, Mario Draghi. En la carta, Weidmann no solo exigía criterios de calificación crediticia más estrictos para las garantías presentadas a cambio de préstamos de refinanciación, sino que también pedía la colateralización de los crecientes derechos de Target del Bundesbank. Weidmann escribió su carta sobre Target tras varios meses de silencio del Bundesbank, durante los cuales realizó un extenso análisis interno de la cuestión. Esta carta supuso un cambio de Weidmann respecto a la posición anterior del Bundesbank, según la cual los saldos de Target eran irrelevantes y un subproducto normal de la creación de dinero en el sistema monetario europeo.»
Así que Weidmann conoce con precisión el peligro descrito en este artículo. Como mecanismo que permite a los PIGS ocultar préstamos morosos en cantidades crecientes, el sistema TARGET2 se ha pudrido hasta la médula. Y ahora, por el impacto económico del coronavirus, más pronto que tarde el sistema de liquidación saltará por los aires. Para equilibrar el lado del activo de su balance, el Bundesbank tiene pasivos de 2,227 billones de euros con su sistema bancario comercial, y un capital insuficiente para absorber las amortizaciones de TARGET2. Tampoco los bancos centrales de los PIGS tienen el capital para cubrirlas. Es decir, si TARGET2 colapsa, todos los bancos centrales de la eurozona, incluido el BCE, simplemente quebrarán.
Hasta entonces, TARGET2 es un pacto con el diablo que no le conviene romper a nadie.
La enorme escala de un fallo de TARGET2 hace que una solución parezca imposible. Los desequilibrios actuales en todo el sistema suman 1,621 billones de euros, pero en realidad más si se tienen en cuenta los propios préstamos del BCE a través del sistema. Como se ha mencionado, según las claves de capital, en un fallo sistémico los activos netos de TARGET2 del Bundesbank, de 1,136 billones de euros, se sustituirían por pasivos de hasta 400 000 millones, y el resto de las pérdidas se repartiría entre los demás bancos nacionales.[v] Nadie sabe cómo se resolvería, porque nunca se contempló el fallo del sistema de liquidación; pero muchos de los bancos centrales nacionales, si no todos, tendrían que ser rescatados, presumiblemente por el BCE como garante del sistema. Pero con solo 7 660 millones de euros de capital suscrito, el patrimonio del balance del BCE es minúsculo comparado con las pérdidas en juego, y sus accionistas buscarían a su vez rescates para rescatar al BCE. Un fallo de TARGET2 parecería exigir que el BCE amplíe de hecho sus programas de QE para recapitalizarse a sí mismo y a todo el sistema de bancos centrales de la eurozona.
Eso sí sería una crisis, como nunca se ha visto, en la que un banco central imprime dinero únicamente para salvarse a sí mismo y a sus agentes regionales.
Por tanto, el fin de TARGET2 probablemente supondrá una amortización completa para los bancos centrales nacionales y marcará también el final del BCE, al menos en su forma actual. Suponiendo que el euro siga siendo un medio de crédito y de intercambio, habría que implantar un sistema distinto y basado en fórmulas para la gestión de la moneda, diseñado para recapitalizar los bancos centrales nacionales y mantener la moneda moderadamente escasa en toda la eurozona. Y su implantación tendría que ser instantánea, y probablemente resultaría imposible.
El futuro de la UE tras el fracaso del BCE
El fracaso de TARGET2 obligaría a los bancos centrales nacionales a replantearse como es debido su relación con sus redes de banca comercial. Analizar cómo podría hacerse en cada jurisdicción queda fuera de nuestro alcance, ya que nos interesa más el panorama general y las perspectivas del euro y de sus sucesores.
Si el sistema TARGET2 se derrumba, se reclamarán los préstamos denominados en euros. En la medida en que las empresas de la UE tengan depósitos e inversiones líquidas en divisas extranjeras, estas se convertirán inevitablemente en una fuente de fondos, lo que impulsará el tipo de cambio del euro al alza frente a esas otras divisas. Además, los extranjeros que utilizan el euro como base de una operación de carry trade, por ejemplo para respaldar posiciones en el mercado de swaps de divisas, también verán sus posiciones deshechas, lo que generará una mayor demanda de euros en los mercados de divisas. Este fenómeno, que suele asociarse al dólar estadounidense, se describe a menudo como una carrera por conseguir efectivo provocada por la crisis.
Dado el grado en que los extranjeros tienen actualmente un exceso de dólares, mientras que el euro está poco representado en las carteras internacionales, es el dólar el que probablemente sufrirá más una crisis monetaria de la eurozona, al menos al principio. Este será el contexto en el que el Bundesbank alemán estudiará sus opciones.
El argumento a favor de un nuevo marco
El Bundesbank también considera un peligro el fallo inminente del Eurosistema, que ahora vemos que se está volviendo inevitable. Esta es la conclusión lógica de la carta de Weidmann a Mario Draghi, del BCE. De ello se deduce que se está desarrollando un Plan B que, como mínimo, tendrá por objeto aislar al Bundesbank de las dificultades a las que se enfrentan los demás bancos centrales nacionales y el propio BCE. Esto solo puede lograrse con una nueva moneda, basada en el marco alemán anterior a su integración en el euro. De ese modo, el Bundesbank basado en el euro puede darse por perdido mientras el Eurosistema se derrumba, y surge un Bundesbank basado en el marco.
Alemania no querrá reavivar viejas enemistades. El Bundesbank será plenamente consciente de lo que supondría su propia supervivencia para los PIGS, y especialmente para Francia, cuyas ambiciones en la eurozona, a punto de frustrarse, son esencialmente políticas. Los tipos de interés de las monedas que sustituyan al euro en estos países subirían casi con toda seguridad de forma brusca, lo que hundiría sus mercados de bonos y minaría a los bancos comerciales que sobrevivan y las finanzas nacionales. Estos países no tendrían una alternativa práctica distinta de buscar el amparo de una forma de dinero mejor que el euro para estabilizar sus mercados de bonos y seguir teniendo acceso al crédito. En resumen, el consenso monetario pasaría de un sistema monetario abiertamente inflacionista, manipulado por los bancos centrales nacionales y sus reguladores, a otro basado en una forma de dinero más sólida.
En lugar de abandonar del todo los hábitos inflacionistas, la intención sería siempre reanudar la financiación inflacionista. Por tanto, es probable que el Bundesbank se resista a medidas que, en la práctica, lo dejen en la posición del extinto BCE, asumiendo la responsabilidad de la circulación de todo el dinero de la antigua eurozona. Es cierto que el Gobierno alemán podría ver la situación de otro modo, pero es probable que incluso él sea consciente de las implicaciones políticas de parecer haber salido relativamente indemne de una crisis del euro en comparación con los demás países y, además, hacerse con el control del dinero de la extinta eurozona.
La solución obvia es volver a un patrón oro creíble y animar a otros Estados miembros a hacer lo mismo. La figura 2 muestra las reservas oficiales de oro de los principales Estados miembros, suponiendo a efectos de este análisis que realmente existen, que no hay doble contabilización, que pueden repatriarse cuando sea necesario y que no están cedidas en préstamo ni intercambiadas con otras partes.[vi]

Las reservas de oro del BCE se crearon originalmente mediante transferencias de los bancos centrales nacionales, por lo que podemos suponer que sus 504,8 toneladas se devolverán en su mayor parte a estos, porque, aparte de los bancos centrales de fuera de la eurozona, son los únicos acreedores del BCE.[vii] Siendo así, los diez principales tenedores de la eurozona tendrán hasta 10 702 toneladas entre todos. Sin embargo, el oro está repartido de forma desigual: Alemania, Italia y Francia poseen reservas considerables, pero los Países Bajos y Portugal también tienen reservas abundantes para su tamaño.
Es probable que todos estos países, incluida Alemania, se muestren reacios a movilizar su oro para respaldar nuevas monedas. Alemania se recuperó de dos colapsos monetarios en el siglo pasado sin hacerlo, y es probable que el Bundesbank considere que poseer sus reservas de oro bastará para convencer a sus ciudadanos de que un nuevo marco será un dinero estable y creíble. Además, no basta con convertir las monedas fiduciarias en monedas convertibles en oro sin abordar el gasto público. Un patrón oro exitoso no solo exige presupuestos equilibrados, sino que también debe mantenerse una reducción deliberada del gasto total para que el patrón se consolide con el tiempo. El fracaso del Tratado de Maastricht en este aspecto ilustra las dificultades de la disciplina fiscal.
En lo político, exige revertir el ideal socialdemócrata europeo, con el riesgo de crear un vacío político que podría ser ocupado por diversas formas de extremismo.
Influencias internacionales
La evolución política y monetaria de una Europa posterior al euro no estará determinada únicamente por acontecimientos endógenos. En otro lugar he escrito sobre el probable destino del dólar estadounidense, que en esta era inflacionista probablemente será dramático por motivos distintos.[viii] Obviamente, no se pueden predecir con certeza las implicaciones que tendrán entre sí dos crisis separadas en desarrollo ni los plazos que conllevan, pero hay hilos conductores comunes. El más notable es la supresión de los tipos de interés y de los rendimientos de la deuda pública por parte del BCE y de la Fed en sus respectivas jurisdicciones.
Ambos bancos centrales han mantenido estos objetivos mediante la inflación monetaria, permitiendo que prosiga la creación de deuda y, en consecuencia, inflando burbujas de activos. Estas burbujas tienen características distintas: el BCE impone tipos de interés negativos, mientras que la Fed ha respetado el límite del cero. Dado que la economía estadounidense es de naturaleza más financiera y que el dólar es la moneda de reserva internacional, la inflación del dólar es el principal motor de los precios de las materias primas y de rarezas como las criptomonedas, todo lo cual se está inflando ahora con rapidez.
Un vínculo común entre ambos son los bancos de importancia sistémica mundial (G-SIB). Un fallo en el sistema bancario de la eurozona socavará casi con toda seguridad el de Estados Unidos, así como otros. La historia ha demostrado que incluso la quiebra de un banco pequeño en un país lejano puede tener graves consecuencias en todo el mundo. En este contexto, cabe esperar que, al exponer los defectos tanto del sistema TARGET2 como de los bancos comerciales de la eurozona, se haya logrado una mayor comprensión de los peligros monetarios a los que todos nos enfrentamos. Y para los ciudadanos de la UE, recuperar el poder nacional de manos de la burocracia de Bruselas debería suponer una mejora respecto a la situación actual, siempre que se utilice con prudencia.
[i] Citado por Luigi Marattin, presidente de la comisión de finanzas de la Cámara Baja del Parlamento, en una entrevista con Bloomberg el 5 de noviembre. Sospechaba que la cifra podía llegar al 160 %.
[ii] Las claves de capital del BCE en la eurozona suman el 69,6176 % del total, mientras que la de Alemania es el 18,367 % de ese total. La cifra calculada en el texto supone que, en caso de fallo de TARGET2, las pérdidas se limitarán en primera instancia a los bancos nacionales de la zona del euro. Los bancos nacionales ajenos al euro incluyen el Banco de Inglaterra, con un 14,3374 %, y es presumible que el BoE tenga una responsabilidad en caso de que las pérdidas no puedan contenerse dentro de la zona del euro.
[iii] Véase https://www.ceicdata.com/en/indicator/italy/non-performing-loans-ratio
[iv] Véase Evergreening in the euro area; Steinkamp, Tornell y Westermann, documento de trabajo n.º 113, julio de 2018, que describe cómo se mantiene a flote a las empresas zombi y cómo sus préstamos acaban como garantía de TARGET2.
[v] Véase el n.º 4 de la descripción del debate público de Hans Werner Sinn, cuando señaló por primera vez que los pasivos que afrontaría el Bundesbank si TARGET2 fallaba se determinarían según su clave de capital. https://www.hanswernersinn.de/en/controversies/TargetDebate
[vi] Fuente: FMI, a través del World Gold Council.
[vii] Como accionista del BCE, el Banco de Inglaterra podría tener derecho a una parte de su oro.
[viii] Véase https://www.goldmoney.com/research/goldmoney-insights/global-trade-in-2021 para conocer los factores que conducen a la pérdida de poder adquisitivo del dólar estadounidense.
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