La supresión del precio del oro: el juego continúa

La caída de los precios de los metales preciosos ha contribuido en gran medida a minar la confianza de los inversores, pero todo indica que la demanda de metales físicos sigue siendo fuerte.

Esto lleva a muchos observadores a comentar que son el oro y la plata en papel, y no el metal precioso físico, los que están marcando los precios. La venta masiva actual combina la capitulación de posiciones largas en papel, la apertura de nuevas posiciones cortas por parte de quienes siguen la tendencia y, lo que es importante, el cuadre de libros de los bancos de metales preciosos.

Una forma mejor de distinguir entre los mercados de futuros y a plazo y la demanda física es considerar que los dos primeros los utilizan inversores especulativos y la segunda, compradores que buscan protección financiera frente al riesgo sistémico. En medio están quienes compran futuros para tomar entrega, pero son una minoría. Esta divergencia de motivos explica por qué los mercados de papel parecen tocar una melodía distinta a la del mercado físico.

Mientras los inversores especulativos pierden los nervios, ignoran tres datos recientes que merece la pena tener en cuenta. En una entrevista radiofónica concedida por el ex subsecretario del Tesoro Paul Craig Roberts a Goldseek Radio durante la Semana Santa, concluye que la Fed está suprimiendo el precio del oro para que los mercados no pierdan la confianza en el dólar y hagan subir los tipos de interés. Su razonamiento es claro, lógico y, lo que es importante, bien fundamentado. El secretario del Tesoro, que era su jefe directo, tiene el deber de supervisar el Fondo de Estabilización Cambiaria, creado en 1934 para «operar con oro y divisas, así como con los demás instrumentos de crédito y valores que considere necesarios…». Por lo tanto, Roberts sabe de lo que habla.

El segundo dato fue una investigación sobre las importaciones y exportaciones de oro de Estados Unidos, realizada por Eric Sprott y Shree Kargutkar, que analizó las estadísticas comerciales estadounidenses desde 1991 y concluyó que se habían exportado al menos 4.500 toneladas de oro por encima de la producción y el reciclaje del país, y posiblemente hasta 11.200 toneladas si se incluye la demanda del sector privado estadounidense. Este oro solo puede proceder de fuentes oficiales, lo que confirma el análisis deductivo que llevan años realizando nuestros colegas James Turk y Frank Veneroso: los gobiernos occidentales y sus bancos centrales han suministrado cantidades sustanciales de oro a los mercados.

El tercer dato fue el documento que escribí para GoldMoney hace un mes, en el que concluía que el oro monetario bajo custodia del Banco de Inglaterra no puede superar las 3.320 toneladas, y que el resto, un mínimo de 2.220 toneladas, es oro no monetario que se mantiene sobre todo para gobiernos y quizá para fondos soberanos. Así, contrariamente a las apariencias, como máximo solo el 60 % del oro bajo custodia del Banco es realmente oro monetario.

Además, cuando noticias como el descalabro bancario de Chipre llegan a los titulares, el oro y la plata se venden de forma agresiva. Esta reacción contraria a lo esperable es coherente con una intervención destinada a reforzar la confianza en el papel moneda. Por tanto, las pruebas de que los bancos centrales y sus agencias han estado suprimiendo el precio del oro son abrumadoras, y el análisis de Paul Roberts confirma por qué ocurre. Cuando los bancos centrales occidentales manipulan los mercados, apostar en su contra es cosa de ingenuos. Pero para quienes reconocen que los bancos centrales se han metido en un agujero del que no hay salida para el sistema bancario, los gobiernos y, en última instancia, las monedas de papel, poseer oro y plata físicos tiene una lógica irrefutable.

En lugar de preocuparnos porque los precios bajen, deberíamos dar gracias a nuestra buena estrella por el regalo de un oro y una plata artificialmente baratos, cortesía de nuestros bancos centrales.

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