La política monetaria de China debe cambiar

La próxima crisis de crédito supone un reto de primer orden para la economía china, basada en la manufactura, porque la subida de los tipos de interés mundiales y del yuan tendrá, con toda seguridad, un efecto devastador sobre los modelos de negocio chinos y sobre la demanda de los consumidores extranjeros. Afrontarla será probablemente el mayor desafío al que se ha enfrentado el Gobierno chino desde el final de la era maoísta. Sin embargo, China tiene una vía de escape: estabilizar los tipos de interés y el yuan vinculándolo al oro.

¿Pero tendrán los chinos la determinación de tomarla? Este artículo examina los desafíos y la posible solución. Concluye que hay una probabilidad razonable de que China adopte un dinero sólido, porque está en condiciones de hacerlo y los peligros de no hacerlo podrían destruir el Estado.

¿Son keynesianos los chinos?

Podemos estar razonablemente seguros de que los funcionarios del Gobierno chino que se acercan a la mediana edad se han occidentalizado en gran medida a través de su formación. En ningún ámbito es probable que esto importe más que en las finanzas y la economía. En estas disciplinas quizá exista una división entre ellos y la vieja guardia, representada y encabezada por el presidente Xi. Los veteranos que guían la Asamblea Popular Nacional envejecen, y los más brillantes de sus sucesores entienden el análisis económico de otra manera, al haberse formado en universidades occidentales.

Hasta ahora no ha sido un problema apreciable en el entorno económico y financiero actual, relativamente estable. La evolución silenciosa rara vez altera el statu quo y, mientras refleje los cambios de la sociedad en general, la maquinaria del gobierno seguirá avanzando. Pero cuando (nunca es «si») se desencadene la próxima crisis crediticia global, la capacidad de China para gestionarla podría verse gravemente comprometida.

Este artículo analiza la próxima crisis de crédito desde el punto de vista de China. Dadas las primeras señales del estado del ciclo crediticio en Estados Unidos y de la creciente inestabilidad de los mercados financieros globales, el momento podría volverse de pronto relevante. China debe adoptar un dinero sólido como vía de escape de un sistema global de dinero fiduciario que se desintegra, pero para ello tendrá que descartar la economía neokeynesiana de Occidente, que ha adoptado como motor de su propio avance económico.

Con economistas formados en Occidente incrustados en la administración china, ¿ha conservado China el criterio colectivo necesario para entender los defectos, las limitaciones y los peligros del sistema de dinero fiduciario de Occidente? ¿Puede basarse en los beneficios del enfoque de dinero sólido que la llevó a acumular oro y a animar también a sus ciudadanos a hacerlo?

Los asesores económicos de China tendrán que mostrar el valor de abandonar las políticas económicas equivocadas y las estadísticas falseadas con las que seguirán juzgándola sus homólogos occidentales. Si afronta el desafío, China debería salir de la próxima crisis de crédito en una posición mucho más fuerte que la de Occidente, para el cual es inimaginable un cambio tan radical en el pensamiento económico emprendido de forma voluntaria.

Estrategia financiera y monetaria posterior a Mao

Tras la muerte de Mao Zedong en 1976, la dirección china se enfrentó a una decisión primordial sobre el destino del país. Con la desaparición de Mao, se había ido el icono que unía por la fuerza a más de cuarenta grupos étnicos. Era el final de una era de la historia china, y el país tenía que abrazar el futuro con un enfoque nuevo. No hacerlo suponía el riesgo de que el Estado se fragmentara a través de la desobediencia civil y, probablemente, habría acabado en una guerra civil multiétnica.

Se impusieron las cabezas sensatas, que habían observado los notables éxitos de Hong Kong y Singapur, impulsados por las diásporas chinas. Estaba claro que, para sobrevivir, el Partido Comunista tendría que adoptar el capitalismo sin renunciar al control político. El sucesor designado por Mao, Hua Guofeng, no duró más de un año, y fue ascendido a un puesto superior para apartarlo del peligro. Fue su sucesor, Deng Xiaoping, quien reinventó China. A finales de la década de 1970, Deng, que odiaba a los soviéticos por su implicación en Vietnam, reafirmó a la URSS como el principal adversario de China. En ese momento crucial de la crisálida de China, el país aseguró una relación estratégica con Estados Unidos al compartir un enemigo común.

Las semillas de la relación con Estados Unidos ya se habían sembrado con la primera visita de Nixon a China en 1972, de modo que los estadounidenses estaban dispuestos a ayudar a integrar a China en su mundo. A lo largo de la década de 1980, esa relación abrió China a la inversión extranjera de corporaciones estadounidenses y de otros países occidentales, y hubo una avalancha de nuevas fábricas que aprovechaban una mano de obra barata y diligente y la ausencia de regulaciones restrictivas y leyes de planificación.

En 1983 era evidente que el banco central de China, el Banco Popular (PBOC), tenía un problema creciente con la moneda, porque compraba todas las divisas contra las que emitía yuanes para la circulación interna. A las entradas de capital se sumaba la política de mantener el tipo de cambio del yuan bajo para estimular el desarrollo económico. En consecuencia, además de gestionar las divisas, el PBOC recibió la responsabilidad exclusiva de las compras de oro y plata del Estado como contrapeso de esa política.[i] Al público aún se le prohibía poseer ambos metales.

En aquellos días, el objetivo de China con el oro era simplemente diversificar sus reservas. La dirección entendía la diferencia entre el oro y el dinero fiduciario, igual que la habían entendido los árabes en la década de 1970 y los alemanes en la de 1950. Era prudente tener algo de oro físico. Además, la teoría económica marxista que se enseñaba en las universidades estatales inculcaba a los estudiantes que el capitalismo occidental estaba condenado a fracasar y que, en ese caso, sus monedas fiduciarias también perderían todo su valor.

La acumulación secreta de oro por parte de China en la década de 1980 era también un seguro frente a una futura inestabilidad económica, por lo que se repartió entre las instituciones fundamentales del Estado, como el Ejército Popular de Liberación, el Partido Comunista y la Liga de la Juventud Comunista.[ii] Solo una parte relativamente pequeña se declaró como reservas monetarias.

En la década de 1990, las entradas de capital empezaban a complementarse con las exportaciones, y surgía una nueva clase china adinerada. El PBOC seguía teniendo un exceso de dólares. Por suerte, el oro no gozaba de aprecio en los mercados occidentales y el metal precioso estaba fácilmente disponible a precios decrecientes. El PBOC pudo acumular oro en secreto, en grandes cantidades, en nombre de las instituciones del Estado. Pero, tras el colapso de la URSS, surgía una nueva razón estratégica para comprar oro.

El fin de la URSS en 1989 significó que ya no era el enemigo común de Estados Unidos y China, lo que alteró la relación estratégica entre ambos. Esto condujo a un cambio gradual en las relaciones exteriores de China, con una América cada vez más preocupada por la emergencia de China como superpotencia, que amenazaba su propio dominio global.

Estos cambios en las relaciones transformaron la política china sobre el oro: de ser una especie de seguro general frente a las incógnitas monetarias, pasó a acumularse como activo estratégico.

El metal precioso estaba disponible libremente, en parte porque los bancos centrales occidentales lo vendían en un mercado a la baja. La célebre venta de la mayor parte del oro de Gran Bretaña por parte de Gordon Brown en el punto más bajo del mercado fue la cara pública del desencanto general de los bancos centrales occidentales con el oro. China estaba al otro lado de la operación. Entre 1983 y 2002, la producción minera añadió 42.460 toneladas a las existencias en superficie, mientras Occidente era vendedor neto.[iii]

Las pruebas de la política china de oro a todo trance son evidentes. China invirtió con fuerza en la minería del oro y hoy es, con diferencia, el mayor país productor. Las refinerías del Gobierno chino también importaban doré de oro y plata para procesarlo y conservarlo, y fijaron un nuevo estándar de cuatro nueves para los lingotes de un kilo. Hoy, China ejerce un control cada vez más férreo sobre todo el mercado mundial del metal precioso.

En 2002, China decidió permitir que el público comprara oro, y los medios estatales promovieron ampliamente los beneficios de poseerlo. Podemos estar seguros de que esta decisión se tomó solo después de que el Estado hubiera acumulado suficiente metal precioso para sus supuestas necesidades.

El público chino ha acumulado hasta la fecha unas 15.000 toneladas, descontado el reciclaje de chatarra, según las entregas desde las cámaras de la Bolsa del Oro de Shanghái. Dado que al público todavía se le prohíbe poseer divisas, la posesión de oro debería seguir siendo popular como alternativa al yuan para conservar valor, y actualmente se entregan entre 150 y 200 toneladas al mes desde las cámaras de la SGE.

Aparte de las reservas declaradas, no se sabe cuánto oro posee el Estado. Pero si se evalúan los flujos de capital desde 1983 y se tienen en cuenta la disponibilidad de metal físico a través de la producción minera y el efecto del mercado bajista de 1980-2002, el PBOC podría haber acumulado hasta 15.000-20.000 toneladas antes de que se permitiera al público comprar oro. De ser así, representaría aproximadamente el 10 % de esos flujos de capital a los precios del oro de la época.

Se desconoce la verdad, pero podemos estar seguros de que el oro se ha convertido en un activo estratégico para China y su pueblo. China debe de haber esperado siempre que, a largo plazo, el oro vuelva a ser dinero, presumiblemente como respaldo del yuan. De lo contrario, ¿por qué hacer tantos esfuerzos para monopolizar el mercado mundial del metal precioso?

Pero hay un problema. A medida que pase el tiempo y surja una nueva generación de dirigentes formados en Occidente, ¿seguirán reconociendo plenamente el valor del oro más allá de ser un mero activo estratégico? Y, dado que han adoptado con éxito sus políticas económicas y monetarias, ¿reconocerán las verdaderas razones de los fracasos económicos de Occidente?

Estas siguen siendo cuestiones fundamentales. Pero, antes de buscar respuestas al dilema actual de China, debemos analizar a fondo sus políticas económica, monetaria y geoestratégica actuales.

Trabajar con los patrones monetarios de Occidente

Los chinos han adoptado el sistema bancario de reserva fraccionaria como medio para financiar la expansión económica. Sin embargo, existen diferencias significativas con Occidente en la forma en que se distribuye este crédito. En Estados Unidos, los bancos comerciales son todos entidades independientes, controladas nominalmente mediante la regulación. En China, aproximadamente dos tercios de todos los activos bancarios están en manos de bancos estatales.[iv] Esta estructura permite al Gobierno chino controlar directamente la estrategia general de préstamos bancarios.

Al controlar la estrategia de préstamos, el Estado puede garantizar que se financien sus objetivos estratégicos. Pero, lo que es más importante, el Estado también utiliza sus bancos nacionalizados para influir en los flujos de capital del sector privado y para poner un límite a los excesos especulativos. Lo más reciente ha sido la reducción deliberada de la banca en la sombra. Antes de eso, el Estado cargó contra la especulación en materias primas y, en 2015, pinchó la burbuja bursátil (aunque había otras influencias en juego; véase más abajo).

Un punto que los analistas occidentales rara vez reconocen es que, aunque la expansión del crédito bancario en China ha sido más rápida que en Estados Unidos, hay menos dinero inmovilizado en actividades especulativas. Y es la especulación excesiva la que desestabiliza los mercados.

Contrariamente a lo que muchos observadores parecen creer, el sistema financiero chino es más eficaz que el estadounidense a la hora de financiar la producción. Es posible que el M2 de EE. UU. se haya duplicado en los últimos diez años, pero el PIB nominal ha aumentado solo un 40 %. El M2 de China se ha triplicado, pero el crecimiento de su PIB nominal casi lo ha igualado.[v] En Estados Unidos, el grueso de la expansión monetaria ha ido a parar a la especulación financiera y sostiene una economía que depende de que los valores de los activos aumenten continuamente como base de la creación de riqueza.

La política china de asegurar que la expansión del crédito bancario se invierta en producción y no en especulación puede parecer anticuada. Pero hay otra razón por la que evita el potencial desestabilizador de los flujos especulativos: la probabilidad de que Estados Unidos los utilice para socavar la economía china. El general de división Qiao Liang, estratega del Ejército Popular de Liberación, identificó en un discurso ante el Comité Central del Partido Comunista Chino (CCPCC) en abril de 2015 un ciclo de debilidad del dólar frente a otras divisas seguido de fortaleza, que primero infló la deuda en países extranjeros y luego los llevó a la quiebra. Eso permitió después a intereses empresariales estadounidenses adquirir activos a precios de saldo.

Qiao sostuvo que se trataba de una política estadounidense deliberada y que se utilizaría contra China.[vi]

En sus palabras, había llegado el momento de que Estados Unidos «cosechara» China. Gracias a informes de inteligencia chinos, a principios de 2014 tuvo conocimiento de la implicación estadounidense en el movimiento «Occupy Central» de Hong Kong. Tras varios retrasos, la Fed anunció el fin de la flexibilización cuantitativa en septiembre del año siguiente, lo que impulsó el dólar al alza, y las protestas de «Occupy Central» estallaron el mes siguiente.

A Qiao le resultó evidente que ambos hechos estaban relacionados. Al socavar el tipo de cambio dólar/yuan, los estadounidenses intentaron desestabilizar la economía. En seis meses, el foco de los excesos especulativos de entonces, la bolsa de Shanghái, comenzó a hundirse: el índice SSE Composite cayó de 5.160 a 3.050 entre junio y septiembre de 2015.

No podemos saber con certeza si las sospechas de Qiao son correctas, pero sí podemos entender la cautela de los dirigentes chinos a partir de su análisis. Es extremadamente relevante para la situación actual. Un dólar fuerte, impulsado por la subida de los tipos de interés, está «cosechando» Turquía, Sudáfrica y todos los demás Estados enganchados al dólar barato. También está socavando el tipo de cambio del yuan, amenazando con «cosechar» también China. Parece probable, al menos para los chinos, que los comentarios actuales sobre los desastres que se abatirían sobre China si el tipo cruza los 7,000 yuanes por dólar obedezcan a susurros procedentes del Gobierno estadounidense.

Por esta y otras razones, la dirigencia china desconfía enormemente de tener pasivos en dólares y de la acumulación de dinero especulativo improductivo en la economía. Esto justifica, a sus ojos, su estricto régimen de control de cambios, por el cual no se permite que los dólares circulen en China y el PBOC convierte en yuanes todos los flujos de capital entrantes. Sin embargo, el actual régimen de control de cambios también impide que el yuan circule ampliamente fuera de China, lo que limita su aceptación como moneda internacional.

Eso tendrá que cambiar si el yuan ha de sustituir al dólar en el comercio chino. Además, una política que conduce a la acumulación masiva de dólares tiene que terminar en algún momento.

La solución es respaldar el yuan con oro

El mayor general Qiao dejó claro al CCPCC que el dólar solo alcanzó el dominio global después de agosto de 1971, cuando se abandonó el vínculo con el oro y se sustituyó por el petróleo. El vínculo con el petróleo no se establecía mediante valores de cambio, como había ocurrido con el oro, sino mediante un monopolio de pagos. En palabras de Qiao: «Lo más importante del siglo XX no fue la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial ni la desintegración de la URSS, sino la desconexión entre el dólar estadounidense y el oro del 15 de agosto de 1971».[vii]

Palabras contundentes, sin duda. Pero si es así, los chinos sabrán que el acontecimiento más importante de este nuevo siglo será la destrucción de la condición hegemónica del dólar. Exige una reflexión cuidadosa y podrían surgir muchas consecuencias imprevistas. Los chinos saben que no deben ser culpados de la caída del dólar.

Mientras la economía mundial siga creciendo sin dislocaciones periódicas del crédito, China solo necesita reaccionar ante los acontecimientos, sin hacer nada de forma manifiesta para socavar el dólar. No necesita buscar jamás el estatus de moneda de reserva. Nadie puede quejarse de ello. Pero aunque los banqueros centrales presuman que han desterrado las crisis de crédito, la realidad es distinta. Desde una perspectiva independiente y basada en el mercado, el comienzo de otra crisis de crédito es cada día más probable. Siendo así, con las políticas monetarias actuales cabe esperar que la economía de China se hunda, junto con las de los estados del bienestar occidentales.

La economía manufacturera de China se verá especialmente golpeada por la subida de los tipos de interés que normalmente desencadena una crisis de crédito. Unos tipos de interés más altos convierten las inversiones de capital anteriores en la producción de bienes en malas inversiones, porque los cálculos de beneficios basados en tipos de interés más bajos y en precios de los insumos más bajos dejan de ser válidos. Esto es un problema mayor para China que para muchas otras economías, por su énfasis en la producción de bienes. En resumen, a menos que China encuentre una solución a la próxima crisis de crédito antes de que llegue, podría encontrarse en mayores dificultades que los estados donde la producción de bienes es una ocupación minoritaria, desde un punto de vista puramente productivo.

Por lo que sabemos de su análisis estratégico del dinero y el crédito, los chinos deberían ser conscientes del riesgo cíclico para la producción. Si el yuan y el dólar se enfrentan directamente como monedas puramente fiduciarias, el yuan saldrá perdiendo siempre. Significaría que el yuan se hundiría inevitablemente más rápido que el dólar en el período previo a la crisis de crédito, lo que parece estar ocurriendo ahora. Como dice Qiao, Estados Unidos ya está «cosechando» a China. En algún momento, China debe actuar para protegerse de esta cosecha. Y ahí es donde entra en juego su oro.

Estabilizar la moneda y la economía con oro

China acumuló originalmente reservas de oro no declaradas como una diversificación prudente frente a no tener nada más que pasivos de otros gobiernos. Después, esto se convirtió en una política cuasi estratégica, al animar también a sus ciudadanos a acumular oro, mientras seguía prohibiéndoles poseer divisas extranjeras. Sabemos aproximadamente cuánto oro tienen sus ciudadanos, pero solo podemos hacer conjeturas sobre lo que posee el Estado. Pronto será el momento de que China lo declare.

El razonamiento es sencillo. En esta fase tardía del ciclo global del crédito, y mientras el yuan no tenga respaldo, los tipos de interés del yuan subirán hasta el punto de destruir los modelos de negocio chinos. La única forma de evitarlo es vincular el yuan al oro, de modo que los tipos de interés se alineen con los del oro y no con los tipos al alza de un yuan sin respaldo que se debilita frente al dólar, cuyos tipos de interés también están subiendo.

China dará un paso de gran calado al poner fin a la era del dólar que existe desde agosto de 1971, cuando el oro, como dinero último, fue expulsado del sistema monetario. Debe estar preparada para hacerlo con urgencia, a pesar de la opinión de los economistas de formación occidental que forman parte de su propia administración. Algunos bancos centrales occidentales podrían pasar por un bochorno considerable, al haber vendido y cedido en préstamo sus reservas de oro, de modo que ya no las tienen en su poder. China debe actuar pronto para evitar que nuevas subidas de los tipos de interés del dólar socaven aún más el yuan.

Ese momento debe de estar acercándose. China debe resistir la tentación de aplazar una decisión tan importante y permitir que el yuan caiga mucho más. Los neokeynesianos de Pekín argumentarán que un yuan más bajo compensará a los exportadores que se enfrentan a los aranceles estadounidenses. Pero eso solo hace subir los precios internos y encarece las materias primas que necesitan los planes de infraestructuras de China. No, la decisión de actuar debe tomarse cuanto antes.

Suponiendo que China tenga reservas de oro no declaradas de importancia, esto podría hacerse de forma muy sencilla mediante la emisión de un bono perpetuo de gran tamaño, que pagaría cupones en oro o en yuanes a elección del tenedor. Este modelo financiero, sin la característica de convertibilidad en oro, se basa en el Consolidated Loan Stock británico, emitido por primera vez en 1751 y amortizado definitivamente en 2015.[viii] Al no tener vencimiento, no suponía ninguna salida de capital para el Tesoro, salvo cuando este lo decidiera.

Las ventajas generales de este enfoque resultarán evidentes, y lo que sigue es un esbozo de propuesta que muestra cómo pueden lograrse la estabilidad monetaria y la eliminación del riesgo sistémico. Para dar tiempo a los mercados a ajustar el precio del oro a la remonetización de China, estas propuestas deberían anunciarse antes de la introducción del bono, junto con la plena divulgación de las verdaderas reservas de oro de China. El bono aportaría un rendimiento básico al oro, con una parte adicional del rendimiento que reflejaría el riesgo de crédito de China. Su precio se fijaría de modo que tener el bono resulte atractivo para ahorradores e inversores, y que sea una alternativa creíble a poseer metal precioso físico. Como el bono no tendría que amortizarse nunca, debería beneficiar a la solvencia de China en los mercados y respaldar la demanda internacional del propio yuan.

Las nuevas emisiones de moneda del PBOC tendrían entonces que estar respaldadas por oro, como ocurría con la emisión de billetes del Banco de Inglaterra en virtud de la Ley Bancaria de 1844. Se daría a los bancos un plazo limitado para separar sus funciones de captación de depósitos de sus carteras de préstamos, que sustituirían a las emisiones de bonos como principal instrumento de financiación de la actividad crediticia.

Los depósitos bancarios no rendirían nada, e incluso podrían conllevar costes administrativos. Por tanto, depositantes y ahorradores canalizarían sus ahorros hacia los nuevos bonos bancarios o hacia el nuevo bono de gran tamaño. Los bancos y el sistema bancario dejarían de suponer un riesgo sistémico.

Esto significaría que la expansión monetaria en China solo se produciría mediante importaciones de oro, producción minera y reciclaje de joyas como chatarra. Dada la producción minera anual de China, de más de 400 toneladas, y suponiendo que el Estado ya posee importantes reservas no declaradas, debería haber respaldo de oro suficiente para poner el yuan en un patrón oro por estos medios. Una emisión de bonos de un billón de yuanes con un cupón del 3 % en oro, suponiendo un precio del oro de 15 000 yuanes (2150 $ a los tipos de cambio actuales), requeriría un máximo de solo 62 toneladas de oro para pagar el cupón anual, suponiendo que todos los tenedores opten por cobrar los intereses en oro. En la práctica, es probable que la mayor parte de los intereses se cobre en yuanes.

El coste del endeudamiento para la producción se realinearía entonces con el nivel general de precios en China, restableciendo la paradoja de Gibson como la relación entre el precio del productor y el coste de financiación.[ix] Las empresas exportadoras se librarían de los mayores tipos de interés sobre sus préstamos, pero tendrían que adaptarse a un entorno de moneda sólida. Suiza se las arregla con una moneda relativamente fuerte, y antes del euro, Alemania también. Las fábricas de propiedad extranjera, cuyos dueños solo están allí por un tipo de cambio del yuan a la baja, se enfrentarán a cierres generalizados. Pero eso libera a trabajadores para otras funciones más relevantes para el futuro de China.

Por tanto, la disrupción de las industrias exportadoras heredadas es inevitable, e incluso necesaria. El alejamiento de ellas ya está incorporado a la política económica. Los chinos siempre supieron que depender de las exportaciones era solo un peldaño hacia su propia autosuficiencia. A largo plazo, cabe presumir que sabe que el dinero sólido ofrece un entorno empresarial más estable que el dinero fiduciario, sobre todo siendo el mayor consumidor mundial de materiales industriales con precios en dólares.

Fue la libra esterlina respaldada por oro lo que convirtió a la diminuta Gran Bretaña en la mayor nación de la tierra en la segunda mitad del siglo XIX. El dinero sólido funciona en una economía impulsada por el ahorro, y como los chinos ahorran una parte sustancial de sus ingresos netos, esa es la característica que define a China.

Proteger la riqueza y los ahorros de los ciudadanos es la prioridad de fondo de la dirigencia. El valor de la riqueza acumulada por los ahorradores chinos, en comparación con la de otras naciones con monedas fiduciarias en declive, quedaría asegurado y reforzado. Sin duda, el poder adquisitivo del oro seguiría aumentando frente al de las monedas fiduciarias sin respaldo, lo que alentaría la demanda extranjera del nuevo bono perpetuo de gran tamaño de China. La subida de su valor de mercado medido en divisas extranjeras no solo garantizaría la demanda continuada del bono, sino que generaría plusvalías para sus actuales poseedores por el camino.

Hacer el yuan convertible en oro permitiría a China acabar con los controles de cambio y que la moneda estuviera libremente disponible y fuera deseada para el comercio. El PBOC reduciría gradualmente sus reservas en divisas y no participaría más en los mercados de divisas.

Sin embargo, supondría un ataque mortal contra el estatus del dólar federal, a menos que, como parece improbable, el Tesoro estadounidense la siga rápidamente reintroduciendo una forma creíble de convertibilidad en oro que evite los defectos del sistema de Bretton Woods. El Tesoro de EE. UU. afirma que posee 8133 toneladas de oro, que podrían usarse con este fin.

A los precios actuales, el oro del Tesoro de EE. UU. está valorado en 325 000 millones de dólares y, a un precio probable tras el anuncio de China, quizá en 600 000 millones. Si el oro del Tesoro existe realmente, China debería alegrarse de comprarlo si EE. UU. intenta vender una parte para frenar el precio del oro. Al fin y al cabo, China tiene tanto dólares como bonos del Tesoro para vender a cambio de oro en cantidades mucho mayores. Y EE. UU. sería necio si obstaculizara la liquidación de las ventas chinas de bonos del Tesoro, como han sugerido algunos comentaristas, porque eso solo minaría la confianza mundial tanto en el dólar como en los mercados de bonos en dólares.

Es difícil ver cómo puede EE. UU. igualar un plan de dinero sólido de China. Además, las finanzas del Gobierno estadounidense ya están en muy mal estado y volver al dinero sólido exigiría una reducción del gasto público que todos los observadores coinciden en considerar políticamente imposible. Este no es un problema al que se enfrente el Gobierno chino, y el propósito de un bono de gran tamaño vinculado al oro no es tanto captar fondos como sellar una relación de precios entre el yuan y el oro.

Tanto si China aplica el plan aquí sugerido como si no, hay algo seguro: la próxima crisis de crédito llegará y tendrá un gran impacto en todas las naciones que funcionan con sistemas de dinero fiduciario. La cuestión de los tipos de interés, por las montañas de deuda que deben los gobiernos y los consumidores, tendrá que abordarse, con casi todas las economías occidentales irremediablemente atrapadas en una trampa de deuda. Los obstáculos para pasar a una política monetaria sólida parecen simplemente demasiado desalentadores para afrontarlos.

En última instancia, volver al dinero sólido es una solución que causará menos daño que unas monedas fiduciarias que pierden su poder adquisitivo a un ritmo cada vez mayor. Piensa en Venezuela y en cómo el dinero sólido resolvería sus problemas. Pero ese camino está bloqueado por un sumidero que amenaza con tragarse gobiernos enteros. Intentar ganar tiempo echando todavía más dinero a una economía que sufre una crisis de crédito solo destruirá la moneda. La táctica funcionó durante la crisis de Lehman, pero fue por los pelos. Es improbable que vuelva a funcionar.

Como la expansión de la deuda de China en los últimos diez años se ha dirigido sobre todo a la producción, si no actúa pronto se enfrentará a una recesión a la antigua usanza, con industrias que quiebran y un desempleo disparado. China ofrece una protección social muy limitada y, sin una represión de estilo maoísta, afronta la perspectiva no solo de que los planes del Estado se tuerzan, sino de que se desarrollen el descontento y la rebelión entre las masas.

Para China, un patrón yuan de cambio en oro es ahora la única salida. También tendrá que desmentir con firmeza lo que las universidades occidentales han enseñado a sus estudiantes más brillantes. Pero si actúa pronto y con decisión, China será la que siga en pie cuando se asiente el polvo, y el resto de nosotros, en nuestros Estados del bienestar financiados con dinero fiduciario, nos quedaremos mordiendo el polvo de nuestras monedas poco sólidas.




[i] Reglamento sobre el control del oro y la plata (promulgado el 15 de junio de 1983 por el Consejo de Estado)

[ii] Evidencia anecdótica procedente de varias fuentes fiables.

[iii] Estimación de Goldmoney. Véase https://www.goldmoney.com/research/goldmoney-insights/the-aboveground-gold-stock

[iv] Bank Ownership and Performance in China: some further evidence, de Mattia Marigliano, Universidad de Lund, agosto de 2017.

[v] St. Louis FRED, PIB de EE. UU. Wikipedia: Historical GDP of China.

[vi] Véase http://chinascope.org/archives/6458

[vii] ibid.

[viii] La convertibilidad en oro existía en tiempos de paz a nivel de la moneda.

[ix] Para más información, véase https://www.goldmoney.com/research/goldmoney-insights/how-gibson-s-paradox-has-been-buried

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