La muerte de la democracia

Quien piense que la democracia no importa puede llevarse una desagradable sorpresa a finales de este año, cuando conozcamos el resultado de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. El Estado profundo está en camino de hacerse con el control del Congreso. Si esto ocurre, será el siguiente paso de una tendencia global a marginar la democracia en Occidente, impulsada en buena parte por la política exterior estadounidense. Ha llevado a los gobiernos de todo el mundo a aumentar su control sobre la población, en una inversión de los principios democráticos.

Nos afecta a todos. Desde la tragedia de las Torres Gemelas, la política exterior estadounidense ha liderado la extensión de la vigilancia personal a todas las naciones del antiguo mundo libre. Ha obligado a los bancos a revelar los asuntos privados de sus clientes en nombre de la prevención del terrorismo, el delito y la evasión fiscal. Los gobiernos que se han resistido a estas medidas han sido desestabilizados, y organismos independientes, como el sistema bancario SWIFT, se han visto obligados a aplicar la política exterior de Estados Unidos.

Todos los países han tenido que plegarse a los imperativos de Estados Unidos, aunque, es cierto, a menudo de buen grado. El secreto bancario suizo ya no existe, y más de cien países intercambian automáticamente información financiera sobre sus ciudadanos y sus empresas. Los estadounidenses espían de forma rutinaria a sus aliados, como descubrió la señora Merkel en 2015.

La erosión de la democracia en Estados Unidos es un problema que ya se anticipó en su constitución fundacional. Los derechos que recoge están para proteger al individuo frente al Gobierno Federal, y sin embargo el Gobierno Federal va socavando esos derechos, tal como sin duda temían los padres fundadores. El derecho a poseer y portar armas de la Segunda Enmienda, siempre una cuestión polémica, fue formulado por James Madison para que una milicia local pudiera repeler a un ejército [federal] permanente.<[i] Los estadounidenses conservan el derecho a portar armas gracias a los esfuerzos de la Asociación Nacional del Rifle, pero, como descubrió la familia Bundy en Nevada, no esperes que el Gobierno Federal respete tus derechos constitucionales.

Hoy pocas personas piensan en la libertad en estos términos, pero una mayor erosión de la democracia es un asunto urgente al que se enfrentan los votantes estadounidenses en noviembre. Parece que un gran número de antiguos y actuales agentes militares y de inteligencia buscan ser nominados como candidatos demócratas para las elecciones de mitad de mandato de 2018. Y si los demócratas consiguen la mayoría en la Cámara de Representantes, que es la previsión actual, podrían constituir hasta la mitad de los nuevos miembros, controlando de hecho el Congreso al tener la llave del equilibrio de poder.

El Comité de Campaña Demócrata para el Congreso ha identificado 102 escaños como «competitivos» en su programa de campaña de rojo a azul. Ochenta de estos escaños corresponden a republicanos vulnerables y 22 son escaños en los que el titular se retira. 57 de los 221 candidatos que aspiran a la nominación demócrata en estos 102 distritos son agentes actuales o pasados del complejo militar-de inteligencia. Y de esos 102 distritos, 44 tienen uno de estos candidatos, 11 tienen dos y uno tiene tres. Además, hay indicios de que los patrocinadores financieros del Partido Demócrata apoyan esta afluencia de agentes de inteligencia y de que cuentan con abundantes fondos.[ii]

¿Por qué deberíamos preocuparnos?

Estos candidatos representan al complejo militar-de inteligencia o tienen fuertes vínculos con él. Este complejo, el Estado profundo, ya ha recuperado un alto grado de influencia sobre la Casa Blanca tras las últimas elecciones presidenciales, hasta el punto de que ahora parece haberse hecho con el control de la política exterior. También dicta la seguridad nacional. Insatisfecho con el grado de control que tiene sobre la Casa Blanca, el Estado profundo parece buscar ahora controlar también el Congreso, teniendo a políticos en el bolsillo en ambos lados de la Cámara y manteniendo así el equilibrio de votos.

Aunque el complejo militar-de inteligencia lleva tiempo ejerciendo un férreo control sobre la política exterior de Estados Unidos, esto es algo nuevo. Con independencia de los méritos o deméritos de los principales candidatos a la presidencia, la CIA parece haber gestionado el proceso democrático durante décadas para que gane su candidato preferido. Primero fue Bush padre, ex director de la CIA. Le siguió Bill Clinton, gobernador de Arkansas, donde se ha alegado que la CIA utilizó el aeropuerto municipal Intermountain de Mena como punto de entrega para operaciones secretas. Fuera o no cierto, a Clinton le siguió Bush hijo, cuando el 11-S se convirtió en la justificación de la segunda invasión de Irak. Y es difícil dudar de que Obama se alineó enseguida con la CIA al nombrar a una dócil Hillary Clinton como secretaria de Estado.

Tras Obama, que fue poco más que un presidente títere, Hillary era la elegida, pero entonces los votantes se rebelaron y eligieron en su lugar a The Donald.

No cabe duda de que el caos en la Casa Blanca desde la victoria de Trump ha reflejado una lucha entre bastidores por el control de la política exterior, la seguridad nacional y el gasto militar. Se ha tratado de los intentos de la CIA, finalmente exitosos, por asegurarse de que Trump se desdijera de las promesas electorales pertinentes y cumpliera su propia agenda. Hasta ahora, Trump ha dado marcha atrás en lo relativo a Rusia, Corea del Norte, Irán y el gasto militar, lo que sugiere que va camino de convertirse en el lacayo del Estado profundo. Ahora parece que la CIA quiere controlar el equilibrio de poder en el Congreso.

Esto debería preocupar profundamente a los estadounidenses que quieren poner freno a la erosión de su democracia. Estados Unidos ya está en camino de convertirse en una dictadura oculta, en la que hasta el presidente es cautivo de una agencia secreta no elegida que persigue su propia agenda belicosa. Los aliados de Estados Unidos también deberían inquietarse por recibir instrucciones de la comunidad de inteligencia estadounidense, que ya no sigue un itinerario diplomático equilibrado, sino uno de belicismo geopolítico.

Buscar el control del Congreso es una extensión lógica de las políticas ya existentes del Estado profundo. Hemos pasado de la invención de armas de destrucción masiva como excusa para derrocar a Sadam Husein a operaciones de bandera falsa y otras guerras en Oriente Medio y Eurasia. Y puede que nunca sepamos cuánta parte de la actual retórica antirrusa es fabricada por las agencias de inteligencia estadounidenses, pero, dado que el género habitual de los servicios de inteligencia es la desinformación y la propaganda, cuesta creer que se trate de hechos indiscutibles.

Es difícil dudar de que el traslado de sistemas de misiles hacia las fronteras de Rusia en los años posteriores al colapso de la antigua Unión Soviética garantizó que los rusos siguieran viendo a Estados Unidos como un agresor. El camino mejor, y más democrático, habría sido abrir las fronteras al comercio y a la influencia cultural. Y quién sabe si la necesidad de un hombre fuerte nacionalista no habría surgido y Putin, de seguir en el poder en esas circunstancias distintas, podría estar comportándose de un modo muy diferente. Pero eso habría significado que el complejo militar-de inteligencia no tendría ningún propósito, más allá de la cada vez menor seguridad interior de Estados Unidos.

El dinero es la raíz de este mal

Durante mucho tiempo, los altos mandos de la CIA debieron de sentirse los amos de la raza humana. Los regímenes iban y venían a instancias de la CIA, pero la CIA seguía a lo suyo. Mantener ese poder, en un momento en que China y Rusia se perfilan como las potencias de Asia, exige más dinero, y mucho. Dinero para sobornar y subvencionar a otros Estados: China es ahora la mayor fuente de fondos para los regímenes independientes del mundo. Dinero para tecnología y armamento: la tecnología militar y la capacidad de misiles de Rusia son ahora potencialmente más avanzadas que las de Estados Unidos.

Por tanto, el Estado profundo tiene un problema de financiación inminente si quiere mantener el ritmo de Rusia y China en sus condiciones habituales. La financiación militar del Gobierno se hace mediante la asignación de gasto discrecional que fija el Congreso a través del proceso anual de presupuestos. Además, hay una cantidad clasificada asignada a los principales departamentos de inteligencia, incluida la CIA. En conjunto, el Departamento de Defensa y las Operaciones de Contingencia en el Extranjero, que incluyen la financiación de guerras en suelo extranjero, tienen un presupuesto de 886.000 millones de dólares para 2019, un aumento mínimo respecto a 2018.

Estas cantidades tendrán que aumentar de forma significativa en 2020 si el Estado profundo quiere perseguir sus objetivos. El presidente Trump ya está de su lado, pero el Congreso tendrá que mostrarse dócil para asegurar que haya disponibles los fondos necesarios. Esa parece ser la explicación de que el Estado profundo busque hacerse con el control del Capitolio.

Esto llevará el conflicto geopolítico con China y Rusia a un nuevo nivel. Sus propios servicios de inteligencia serán casi con certeza plenamente conscientes de las maniobras del Estado profundo estadounidense en el Congreso. Podría explicar el momento del anuncio preventivo de Rusia de que tiene misiles capaces de golpear a Mach 20. También podría explicar el reciente anuncio de China de su intención de aumentar el gasto militar, aunque es probable que el momento lo haya fijado la reciente Asamblea Popular Nacional.

Si el complejo militar-de inteligencia de EE. UU. consigue copar el Congreso, será el golpe de gracia para la democracia que quede en Estados Unidos. Dejará el campo libre a una organización estatal secreta, que ha mostrado poco o ningún respeto por la vida humana y el Estado de derecho, para acelerar su agenda belicista. Tendrá acceso sin trabas a las finanzas nacionales para acelerar su programa de agresión global, sin importarle las consecuencias para los demás.

Es difícil que haya más en juego.


[i] Véase https://en.wikipedia.org/wiki/Second_Amendment_to_the_United_States_Constitution

[ii] Estos detalles se publican en un sitio web marxista que ha investigado el asunto en profundidad. Véase http://www.wsws.org/en/articles/2018/03/13/pers-m13.html

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