Resumen
El renovado deseo de Estados Unidos de intensificar las tensiones militares es una fachada de su continua guerra financiera, dirigida esta vez contra Corea del Norte, Siria y posiblemente Irán. Es probable que esta sea la opinión de los asesores estratégicos de China. Analizamos la geopolítica y la economía que hay detrás de la estrategia bélica de Estados Unidos desde la perspectiva de China y concluimos que está entrando en su fase final. El plan de salida de China parece consistir en vincular al oro el precio de la energía y después el de otras materias primas importantes, volviendo al statu quo anterior a 1971, cuando el dólar era solo un vínculo de liquidación entre los precios de las materias primas y el oro. Salvo que esta vez el dólar quedará relegado, en lo que a China respecta, y esta utilizará en su lugar el yuan para su imperio, que con el tiempo será mucho mayor que el de EE. UU., medido por el PIB.
Introducción
El día en que el presidente Trump asumió el cargo, parecía que por fin habría distensión con Rusia, lo que llevaría a Estados Unidos a retirarse de conflictos imposibles de ganar y a un nuevo acuerdo pacífico entre estos enemigos de largo recorrido. Sin embargo, dentro del tradicional periodo de adaptación presidencial de cien días, Trump ha pasado de su programa electoral de desvinculación de las aventuras exteriores a una agresión abierta en múltiples lugares.
Algo importante ha cambiado su forma de pensar. En tan poco tiempo, Trump ha cometido nada menos que cinco actos de agresión exterior, y hay un sexto pendiente. El primero fue una operación conjunta con comandos emiratíes en Yemen, que salió mal y causó la muerte de un Navy SEAL. El segundo fue el reciente ataque contra una base aérea siria, en respuesta a un presunto ataque con gas venenoso. El tercero es la escalada de amenazas militares contra Corea del Norte. El cuarto es el bombardeo de una red de cuevas en el este de Afganistán. Y el quinto es el envío de más tropas al norte de Irak y al este de Siria para intensificar la lucha contra el ISIS. La retórica también se está endureciendo contra Irán, el espantajo de largo recorrido de Estados Unidos.
Los tres escenarios bélicos con mayores posibilidades de escalada son Siria, Corea e Irán. Se encuentran en dos regiones donde se poseen e invierten cantidades significativas de dólares, lo que ofrece la posibilidad de una fuga de capitales, algo que conviene tener presente al leer este artículo.
Trump también busca la aprobación del Congreso para un aumento del gasto en defensa de 54.000 millones de dólares, un incremento enorme que, para ponerlo en perspectiva, se compara con el presupuesto total de defensa de Rusia, de 66.000 millones.
Se suele dar por sentado que el poder militar y la tecnología armamentística de Estados Unidos garantizan el logro de los objetivos en el campo de batalla. Pero esto no ha sido lo habitual desde la primera invasión de Irak en 1990. Desde entonces, cualquier éxito inicial ha quedado más que compensado por fracasos posteriores y consecuencias imprevistas. Es a causa de las operaciones lideradas por Estados Unidos en Irak, Afganistán, Libia y Siria por lo que Europa está inundada de refugiados, que traen consigo a terroristas infiltrados. Hay pocas dudas de que un analista imparcial recomendaría a Estados Unidos abandonar la acción militar, así que tiene que haber otras razones detrás de su belicismo.
China, que lleva mucho tiempo siendo un objetivo estratégico de la agresión estadounidense, seguramente está preocupada por la escalada de amenazas contra Corea del Norte, y con buenos motivos. En términos comerciales, Corea del Sur es ahora un socio comercial importante, y por eso China no querrá que la situación en la península coreana se deteriore. Tampoco querrá que Estados Unidos se haga con un territorio que linda con su frontera. Rusia también comparte una pequeña frontera con Corea del Norte y es probable que opine lo mismo. Sin embargo, el comercio de Rusia no es tanto con Corea del Sur, pero sí es un importante proveedor de armas del Norte.
El único líder con buen acceso al presidente de Corea del Norte, Kim Jong-un, es el presidente ruso, Putin. Cuando Trump fue elegido por primera vez, las negociaciones con Corea del Norte eran una opción realista, e incluso se habló de que Trump se reuniera con Kim Jong-un para negociar. El camino hacia las negociaciones pasaba siempre por Putin, y si no está cerrado del todo, se ha vuelto mucho más difícil por el lanzamiento de misiles de Estados Unidos contra los intereses de Rusia en Siria.
Aunque amenaza con reanudarse la hostilidad en Corea (nunca terminó oficialmente en 1953), es seguro que China y Rusia evitarán agravar la situación. El presidente Xi habrá hecho su propia valoración del presidente Trump con este fin, que probablemente fue el motivo más importante de la reunión en Mar-a-Lago desde el punto de vista de Xi. La forma bastante informal en que, según se cuenta, se le comunicó a Xi el ataque con misiles contra Siria, mientras tomaban tarta de chocolate, parece una exhibición de poder propia de un empresario para impresionar a un oponente. No fue una actuación propia de un estadista. Es probable que Xi la considerara amateur, incluso una señal de debilidad, y puede que le haya transmitido a Putin esa opinión al informarle de la reunión.
La relación entre Rusia y China es sólida, y es probable que coordinen sus respuestas estratégicas a la agresión estadounidense tanto en Corea como en Siria. La cuestión es cuál será su respuesta si Estados Unidos sigue intensificando sus acciones belicosas contra Corea del Norte, Siria y posiblemente Irán. Para encontrar pistas, conviene verlo desde el punto de vista de China. El estratega más influyente del Ejército Popular de Liberación, el general de división Qiao Liang, expuso su filosofía estratégica general en un foro de estudio de libros del Comité Central del Partido Comunista en otoño de 2015. Se puede considerar que su opinión es la de la dirección china.i
Las hipótesis de trabajo de China
El análisis económico y las conclusiones de Qiao son interesantes e importantes, pero conviene leerlo tanto por lo que no se dice como por lo que se dice. Su documento habrá sido examinado y aprobado por la dirección china antes de hacerse público. En ese sentido, es probable que también haya un elemento de desinformación. Además, habrá estado pensado para que lo estudiaran gobiernos extranjeros, alertándolos de los verdaderos motivos de Estados Unidos.
Teniendo en cuenta estas cautelas, podemos continuar. La tesis principal de Qiao es que Estados Unidos utiliza el dólar para gestionar el comercio y las finanzas exteriores en su propio beneficio interno. Muchos conocemos la idea de que, al exportar dólares y crédito bancario denominado en dólares, Estados Unidos crea riqueza tanto para el Gobierno estadounidense como para los grandes bancos del país, y de que, por tanto, la condición del dólar como moneda de reserva es vital para la economía estadounidense. Pero Qiao va mucho más allá y afirma que, desde que se abandonó la vinculación del dólar al precio del oro, Estados Unidos ha puesto en marcha en su propio beneficio un ciclo de auge y caída económica entre los usuarios extranjeros del dólar. Como lo expresa el propio Qiao:
EE. UU. evitó una inflación elevada dejando que el dólar circulara por todo el mundo. También necesita limitar la impresión de dólares para evitar una devaluación del dólar. Entonces, ¿qué debe hacer cuando se queda sin dólares?
Los estadounidenses dieron con una solución: emitir deuda para traer el dólar de vuelta a EE. UU. Empezaron a jugar a imprimir dinero con una mano y a pedirlo prestado con la otra. Imprimir dinero permite ganar dinero. Pedir dinero prestado también permite ganar dinero. Esta economía financiera (usar dinero para ganar dinero) es mucho más fácil que la economía real (basada en la industria). ¿Por qué iba a molestarse con industrias manufactureras que solo tienen una baja capacidad de generar valor añadido?
Desde el 15 de agosto de 1971, EE. UU. ha ido abandonando gradualmente la economía real y se ha desplazado hacia una economía virtual. Se ha convertido en un estado de economía «vacía». Hoy el producto interior bruto (PIB) de EE. UU. ha alcanzado los 18 billones de dólares, pero solo 5 billones proceden de la economía real.
Al emitir deuda, EE. UU. trae una gran cantidad de dólares del extranjero de vuelta a los tres grandes mercados estadounidenses: el mercado de materias primas, el mercado de letras del Tesoro y el mercado bursátil. EE. UU. repite este ciclo para ganar dinero: imprimir dinero, exportarlo al extranjero y traerlo de vuelta. Así, EE. UU. se ha convertido en un imperio financiero.
En otras palabras, la riqueza de Estados Unidos se sostiene gracias a una operación de «inflar y vender» facilitada por la condición del dólar como moneda de reserva, que sustituye a la producción industrial genuina. Conviene aclarar un punto: los dólares en manos extranjeras nunca salen de EE. UU., solo cambia su función. Es más correcto decir que el Gobierno estadounidense hace que los dólares se desvíen del comercio exterior y de la inversión en manufactura para invertirse en bonos del Tesoro. Puede hacerlo aumentando los riesgos de otros usos en comparación con la tenencia de bonos del Tesoro estadounidense, que se consideran «libres de riesgo».
El primer ciclo que identificó Qiao fue la expansión de dólares destinada a crear un auge en América Latina a mediados de los años setenta. El crédito bancario se expandió gracias a un dólar débil. Después, cuando la inflación amenazó, Estados Unidos subió los tipos de interés para fortalecer el dólar, lo que provocó que los dólares pasaran de usos más arriesgados a bonos del Tesoro, considerados refugio seguro. Sobrevino una crisis financiera generalizada en América Latina. Esto permitió que los inversores estadounidenses compraran después activos productivos a precios de saldo (los bonos Brady). Mientras tanto, la bolsa estadounidense subió con fuerza a partir de 1981, a medida que los tipos de interés iban bajando.
El segundo ciclo se dirigió al Sudeste Asiático, que se expandió gracias a un dólar que se debilitó a partir de 1986. Desde 1995, el dólar empezó a fortalecerse, y todo culminó en un ataque bajista contra el baht tailandés, que se extendió a Malasia, Indonesia y otros países de la región. El fenómeno de los Tigres Asiáticos fue creado y destruido, no por los propios países, sino por la marea alta y baja de la propiedad y la inversión en dólares. Qiao señala que China logró evitar verse atrapada en esta operación de inspiración estadounidense. De nuevo, los dólares volvieron a activos estadounidenses, esta vez alimentando el auge tecnológico, que aún tenía dos años por delante.
Qiao llega a afirmar que el acontecimiento más importante del siglo XX no fueron las dos guerras mundiales, sino el abandono del patrón oro por parte de Estados Unidos en 1971. Es una afirmación de peso. Aunque explica de forma convincente los hechos que condujeron a ese acontecimiento, el fallo del análisis de Qiao es suponer que Estados Unidos añadió deliberadamente la estrategia de «inflar y vender» para ganar dinero a los beneficios de exportar la propiedad del dólar una vez liberado de la disciplina del oro. Es casi seguro que los estrategas estadounidenses del Estado profundo carecían del grado de control necesario sobre los acontecimientos.
La verdadera razón por la que los tipos de interés estadounidenses subieron en 1980-81 fue frenar la inflación interna desbocada, que se estaba descontrolando. El colapso de América Latina no fue intencionado. La crisis asiática fue en su mayor parte resultado de malas inversiones y del robo descarado de capital, no de acciones premeditadas del Gobierno estadounidense. Qiao afirma que la forma en que los dólares se desviaron deliberadamente de la inversión extranjera es mediante la emisión de deuda del Tesoro por parte de Estados Unidos. Aunque los beneficios de este ciclo de «inflar y vender» para Estados Unidos puedan parecer obvios tal como lo describe Qiao, el aumento de la cantidad de bonos del Tesoro emitidos está vinculado sobre todo a los ciclos de crédito, y no es fruto de maniobras tortuosas del Estado profundo. Pero al menos podemos coincidir en que las consecuencias de la mala gestión que hace Estados Unidos de sus propios asuntos financieros concuerdan con las observaciones de Qiao.
Donde el análisis de Qiao resulta menos fácil de criticar es en las acciones estadounidenses posteriores. Afirma que Sadam Huseín fue derrocado porque instauró una política de vender petróleo en euros y no en dólares. Eso era cierto, y hay pocas dudas de que se desalentó la amenaza a la hegemonía del dólar. Afirma que la desintegración de Yugoslavia buscaba socavar la posición del nuevo euro. El euro perdió el 30 % de su valor desde entonces y quedó dañado como opción de liquidación para el comercio mundial. Como sigue diciendo Qiao: «después de que explotaran los primeros misiles de crucero en Kabul, el índice Dow Jones subió 600 puntos en un solo día».
Qiao dirige entonces su atención al ciclo contemporáneo (en 2015) de gestión del dólar, y sostiene que ahora estaba dirigido contra China. En sus palabras:
Fue tan preciso como la marea: el dólar estadounidense fue fuerte durante seis años. Luego, en 2002, empezó a debilitarse. Siguiendo el mismo patrón, se mantuvo débil durante diez años. En 2012, los estadounidenses empezaron a prepararse para fortalecerlo. Usaron el mismo método: crear una crisis regional para otros.
Por eso vimos que ocurrieron varios hechos relacionados con China: el hundimiento del Cheonan, la disputa por las islas Senkaku (islas Diaoyu en chino) y la disputa por el banco Scarborough (la isla Huangyan en chino). Todo esto sucedió durante ese periodo. El conflicto entre China y Filipinas por la isla Huangyan y el conflicto entre China y Japón por las islas Diaoyu pueden parecer poco relacionados con el índice del dólar estadounidense, pero ¿lo estaban realmente? ¿Por qué ocurrió justo en el décimo año de debilidad del dólar?
Por desgracia, EE. UU. jugó con demasiado fuego [en su propio mercado hipotecario] antes y se metió en una crisis financiera en 2008. Esto retrasó un poco el momento de la subida del dólar.
Si reconocemos que existe un ciclo del índice del dólar y que los estadounidenses lo usan para cosechar de otros países, podemos concluir que había llegado el momento de que los estadounidenses cosecharan de China. ¿Por qué? Porque China había obtenido la mayor cantidad de inversión del mundo. El tamaño de la economía china ya no era el de un solo condado; era incluso mayor que el de toda América Latina y aproximadamente igual al de la economía de Asia Oriental.
Cuando Qiao presentó su documento al Comité Central del PCCh, la bolsa de Shanghái se estaba desplomando y, desde entonces, ha habido episodios de fuga de capitales que las autoridades chinas han tenido dificultades para contener. Los medios de comunicación dominantes en EE. UU. han sido sistemáticamente negativos. Desde la perspectiva de Qiao, todo apunta a una maniobra de «pump and dump» dirigida contra China. Sin embargo, China se ha protegido de los ataques financieros de EE. UU. mediante la propiedad nacional de los bancos y los controles de capital. En consecuencia, solo los extranjeros pueden vender yuanes para comprar dólares, o retirar dólares de sus propias operaciones para invertir en bonos del Tesoro. Por lo tanto, el daño iba a ser siempre limitado.
China también se adapta a las circunstancias. Mientras EE. UU. aumenta su dominio naval en la región del Pacífico, en lugar de combatirlo, ella se limita a ampliar su influencia hacia el oeste. Esta es la base del proyecto de la Franja y la Ruta, que ya hace circular trenes de mercancías hasta Madrid y Londres.
China prefiere que sus socios comerciales acepten yuanes como pago, y les prestará yuanes si se lo piden. Con el tiempo, los pagos en yuanes serán convertibles en oro a través del Mercado de Futuros del Oro de Shanghái cuando gane más profundidad, lo que lo hará superior al dólar como moneda de liquidación, aunque Qiao guarda silencio sobre este punto. Más sobre esto más adelante. En el análisis de Qiao subyace la idea de que el imperio chino no solo será mucho mayor que EE. UU. en términos comerciales, sino que, al entender las debilidades del imperialismo financiero estadounidense, será más duradero.
Resolver el límite de deuda de EE. UU.
Estos hechos futuros están implícitos en la tesis de Qiao. Supongamos por un momento que su tesis es válida: entonces las amenazas de Trump de intensificar una guerra regional por Corea del Norte o Siria/Irán adquieren un cariz totalmente distinto. Aunque cuesta creer que el Estado profundo de EE. UU. planeara «cosechar» América Latina y después el Sudeste Asiático a finales de los noventa, tenemos derecho a suponer que los propios asesores estratégicos del Gobierno estadounidense habrían aprendido que manipular el tipo de cambio del dólar de esta manera es un arma financiera poderosa, que beneficia a las finanzas internas de EE. UU. y mantiene controlados a sus enemigos. Al amenazar a Corea del Norte, es probable que la inversión en dólares salga del comercio y la inversión en Corea del Sur y Japón y regrese a los bonos del Tesoro de EE. UU.
Si miramos hacia delante, esto podría resolver dos problemas urgentes: el primero, persuadir al Congreso de que autorice un aumento del límite del déficit, ya que siempre es más fácil convencerlo de que financie a un gobierno en guerra; y el segundo, atraer el capital denominado en dólares necesario para comprar deuda del Tesoro sin tener que subir los tipos de interés. El Gobierno estadounidense es sin duda consciente de que hay que limitar las subidas de los tipos de interés para minimizar el riesgo de desencadenar una auténtica crisis de deuda.
Como ocurrió con la crisis asiática, parece que China evitará verse socavada por estos flujos de capital negativos. Sin que el público lo sepa, Estados Unidos ya ha fracasado en su guerra financiera contra China y necesita nuevas víctimas, y por eso la atención se ha desplazado a la península de Corea y a Oriente Próximo. Trump comprende ahora que la única forma de que su presidencia prospere es fomentar la fuga de capitales hacia Estados Unidos desde el exterior y lograr que se eleve el límite de deuda para dar cabida a esos capitales. Sin duda, esto es lo que explica su conversión repentina.
Es muy probable que Japón y Corea del Sur hayan estudiado el documento de Qiao, que hayan comprendido los verdaderos motivos de Estados Unidos y que, por ello, tiendan más a distanciarse de las operaciones en dólares a partir de ahora. Sus sectores privados tardarán en entender esta dinámica financiera, así que seguirán siendo víctimas. Pero para los gobiernos y las grandes empresas, el error de Estados Unidos ha quedado al descubierto. Es probable que esto nos lleve a un mundo nuevo, en el que el declive del dólar como moneda de reserva y de comercio se acelere, a medida que Estados Unidos se quede sin víctimas de su esquema de «inflar y vender». Y cuando eso ocurra, es casi seguro que el dólar perderá rápidamente su poder adquisitivo, lo que conducirá a un reajuste monetario global y a un precio del oro en dólares mucho más alto.
La llamativa omisión del oro
Una pista de que el informe de Qiao fue censurado es que no menciona la estrategia china de acumulación de oro. Aunque Qiao supo ver enseguida la importancia del vínculo entre el oro y el dólar durante los años de Bretton Woods, no explica por qué China lleva acumulando oro desde que se promulgaron en 1983 las normativas originales que encomendaban esa función al Banco Popular. No explica por qué se promovió el oro entre los ciudadanos de a pie después de que abriera la Bolsa del Oro de Shanghái en 2002, ni por qué China ha invertido en minería de oro hasta convertirse en el mayor productor del mundo con diferencia, ni por qué el Gobierno mantiene el monopolio de la refinación, e incluso compra doré a otros países para refinarlo y acumularlo. No hay nada que nos ayude a entender por qué los lingotes de oro refinados por el Estado chino casi nunca se ven fuera de China.
China da una gran importancia a atesorar oro, tanto para sí misma como para sus ciudadanos. Se calcula que el público ha adquirido entre 12 000 y 14 000 toneladas desde 2002, y este autor ha especulado con que el Gobierno ha acumulado en diversas cuentas hasta otras 20 000 toneladas desde 1983. Para el Gobierno, esto supone una acumulación media anual de menos de 600 toneladas al año, en su mayor parte a precios de la época muy inferiores al nivel actual en dólares.
Pero China ha ido aún más lejos y busca controlar el mercado mundial haciendo que la Bolsa del Oro de Shanghái sea, con diferencia, la mayor bolsa física. Ha introducido ya contratos de futuros sobre oro en yuanes, a los que seguirán con el tiempo contratos de futuros sobre petróleo en yuanes. Esto permite a los operadores extranjeros de materias primas y de mercancías al por mayor vender a plazo los yuanes que reciben a cambio de oro, lo que hace más atractiva la financiación del comercio liquidada en yuanes frente a la liquidada en dólares. Y cuando se introduzca el contrato de petróleo en yuanes, los importadores de petróleo usarán los contratos en yuanes para vender petróleo a cambio de oro.
Con una sola acción sencilla, China está lista para fijar el precio del petróleo en oro en lugar de en dólares. Solo le hace falta apretar el gatillo, presumiblemente cuando haya vendido sus propias reservas en dólares para almacenar materias primas industriales. Y cuando el petróleo se liquide de hecho en oro a través de los mercados de futuros, cabe esperar que otras materias primas sigan el mismo camino.
Esto no debería sorprender al Estado estadounidense, que está cerca de que China le dé jaque mate en el tablero de ajedrez geopolítico. Es probable que el precio del oro en dólares suba bruscamente, reflejando la pérdida de poder adquisitivo del dólar, y que ponga fin al privilegio exorbitante del dólar estadounidense, del que disfruta desde el fin del patrón oro en 1971. Es potencialmente el golpe de gracia tanto para el dólar de papel como para el imperialismo estadounidense.
Conclusión
China piensa a largo plazo y tiene su propia forma de entender cómo gestiona Estados Unidos su imperio financiero en beneficio de su economía nacional y a costa de todos los demás. China se ha protegido, y los intentos de Estados Unidos de socavar su economía ya han fracasado. La atención se centra ahora en otra parte. La reciente belicosidad contra Corea del Norte, Siria y posiblemente Irán tiene mucho que ver con persuadir al Congreso de que eleve el techo de deuda y con fomentar la fuga de capitales hacia una nueva oleada de bonos del Tesoro estadounidense sin que suban los tipos de interés. Esto explica con claridad el cambio de opinión de Trump sobre las aventuras en el extranjero.
El intento actual de desplumar a las economías de Japón y Corea del Sur mediante la escalada de tensión en torno a Corea del Norte, así como a los países con saldos en dólares en Oriente Medio mediante la escalada en Siria, el norte de Irak e Irán, será probablemente el último de este tipo. La publicación del análisis de Qiao por parte de China ha alertado a los estrategas gubernamentales de todo el mundo sobre el uso de esta táctica, lo que reduce su eficacia. Estados Unidos se está quedando sin incautos a los que esquilmar.
Por lo tanto, el final del juego para el dólar y para la explotación de otros países por parte de Estados Unidos está a la vista, y probablemente terminará con una crisis final del dólar. China podría provocarla en el momento que elija, simplemente introduciendo el contrato de futuros de petróleo en yuanes que tiene previsto, junto con el contrato de futuros de oro en yuanes. Cuando tenga la liquidez suficiente, los productores de petróleo podrán vender petróleo a cambio de oro, restableciendo en la práctica las relaciones de precios anteriores a 1971. Esto explica la dinámica que se está desarrollando en los niveles más altos, y Estados Unidos es quien más tiene que perder. Pero como China aún posee grandes cantidades de bonos del Tesoro estadounidense y de reservas en dólares, por el momento quizá prefiera disponer de más tiempo antes de dar el golpe de gracia.
Pero lo dará. Su objetivo fundamental es eliminar la capacidad de Estados Unidos de obtener beneficios por el hecho de que todo se fije en dólares. Lógicamente, eso significa lograr que el petróleo y otras materias primas clave se referencien en oro, como ocurría antes del shock de Nixon en 1971, y que las monedas fiduciarias sean meros medios de liquidación. Estados Unidos debe tener cuidado de no adelantar la fecha de su propia caída atacando a Corea del Norte, Siria o Irán.
iPara un resumen del discurso de Qiao Liang, consulta http://chinascope.org/archives/6458/76
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