La estrategia de China con el oro

China delegó por primera vez la gestión de la política del oro en el Banco Popular mediante una normativa de 1983.

Este hecho fue fundamental para el surgimiento de China como economía de libre mercado tras las reformas posteriores a Mao de 1979/82. En aquel momento, Occidente hacía todo lo posible por suprimir el oro para reforzar la confianza en las divisas de papel, y liberaba grandes cantidades de metal precioso para que otros las compraran. Por eso el momento es importante: fue una oportunidad para China, un país de mil millones de habitantes inmerso en una rápida modernización económica, de diversificar fuera del dólar sus crecientes superávits comerciales.

Que yo sepa, ningún analista del sector privado ha tratado este tema como es debido, lo que podría explicar por qué se suele pensar que la política china del oro es algo más reciente, y por qué incluso los especialistas del sector entienden tan poco la situación real. Pero en los treinta y un años transcurridos desde que se promulgó la normativa china sobre el oro, la producción minera mundial ha aumentado las existencias en superficie desde unas 92.000 toneladas estimadas hasta las 163.000 de hoy, es decir, 71.000 toneladas*; y mientras Occidente también reducía sus existencias en un prolongado mercado bajista, todo ese oro se acumuló en algún sitio.

El periodo en el que me centraré va de 1983 a 2002, cuando por fin se liberalizó la propiedad de oro en China y se creó la Bolsa de Oro de Shanghái. El hecho de que las autoridades chinas permitieran la propiedad privada de oro sugiere que para entonces ya habían adquirido el suficiente para fines monetarios y estratégicos, y que se contentaban con añadir más a partir de la producción minera nacional y de la chatarra china, en lugar de hacerlo mediante compras en el mercado. Esto plantea la pregunta de cuánto oro podría haber acumulado China en secreto a finales de 2002 para que así fuera.

La normativa china de 1983 sobre el oro coincidió con el inicio de un mercado bajista occidental del oro, en el que los banqueros privados suizos que gestionaban los mayores depósitos occidentales redujeron las tenencias de sus clientes durante los quince años siguientes hasta niveles muy bajos. A mediados de los ochenta se desarrolló el mercado de metales preciosos de Londres, que permitía asegurar y vender para entrega inmediata la futura producción minera y de chatarra. El metal precioso entregado se obtenía mediante préstamos o permutas de los bancos centrales, y debía reponerse más adelante. Un respetado analista estadounidense, Frank Veneroso, estimó en un discurso en Lima en 2002 que el total de préstamos y permutas de los bancos centrales estaba entre 10.000 y 16.000 toneladas en ese momento. Esta cantidad hay que restarla de las reservas oficiales y sumarla al enorme aumento de la oferta minera, junto con la liquidación de carteras occidentales. Nadie sabe realmente cuánto oro se suministró a través de los mercados, pero eso no debe impedirnos hacer estimaciones razonables.

Entre 1983 y 2002, la producción minera, la oferta de chatarra, las ventas de carteras y los préstamos de los bancos centrales absorbidos por los nuevos compradores de Asia y Oriente Medio probablemente superaron las 75.000 toneladas. Es fácil restar importancia a cifras tan grandes, pero a los precios actuales equivalen a 3 billones de dólares. Los árabes tenían dólares excedentes y Asia se industrializaba con rapidez. Ninguno de los dos grupos se dejó influir mucho por la propaganda de los bancos centrales occidentales, que buscaba relegar el oro en la nueva era de tipos de cambio flotantes, aunque el entusiasmo árabe habrá disminuido algo por el severo mercado bajista a medida que avanzaban los años ochenta. La tabla siguiente resume la probable distribución de este oro.

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Hoy en día, mucha gente cree que India es el mayor mercado del sector privado, pero en los 12 años posteriores a la derogación de la Ley de Control del Oro en 1990, se importaron únicamente unas 5.426 toneladas estimadas (fuente: Indian Gold Book 2002), y entre 1983 y 1990 quizá se introdujeron de contrabando en India otras 1.500 toneladas, lo que da unas compras indias totales de alrededor de 7.000 toneladas entre 1983 y 2002. Eso deja el resto de Asia, incluidos Oriente Medio, China, Turquía y el Sudeste Asiático. De estos dos últimos, Turquía probablemente absorbió unas 4.000 toneladas, y podemos calcular 5.000 toneladas para el Sudeste Asiático, teniendo en cuenta el auge y la caída de los tigres asiáticos en los años noventa. Quedan así aproximadamente 55.000 toneladas repartidas entre Oriente Medio y China, suponiendo que 4.850 toneladas cubrieron otra demanda sin clasificar.

Oriente Medio empezó a acumular oro a mediados de los años setenta, y guardó buena parte en las cámaras acorazadas de los bancos privados suizos. Los ingresos del petróleo siguieron aumentando, así que, a pesar del duro mercado bajista del oro desde 1980, los inversores de Oriente Medio siguieron comprando. En los noventa, una nueva generación de gestores de carteras suizos, menos comprometidos con el oro, aconsejaba vender a sus clientes, entre ellos los de Oriente Medio. Al mismo tiempo, desanimada por el mercado bajista del oro, una generación de árabes formados en Occidente empezó a diversificarse hacia la renta variable, el gasto en infraestructuras y otros medios de inversión. Las existencias de oro en manos de inversores árabes siguen siendo un secreto bien guardado hasta hoy, pero probablemente aún representan la mayor cantidad de oro custodiado, dada la magnitud de los superávits de petrodólares en los años ochenta. Sin embargo, por el cambio en la cultura financiera de los árabes, a partir de los noventa el ritmo de sus adquisiciones fue disminuyendo.

Por eliminación, esto deja a China como el único otro comprador significativo de aquella época. Dado que el entusiasmo árabe por el oro decayó durante más de la mitad del período 1983-2002, el gobierno chino, insensible al precio ante un mercado bajista generado en Occidente, pudo haber acumulado fácilmente más de 20.000 toneladas a finales de 2002.

Los motivos de China para acumular oro

Ahora sabemos que China contaba con los recursos de sus superávits comerciales, además de la oportunidad de comprar metal precioso. Las técnicas de lixiviación en pilas aumentaron la producción de las minas y los inversores occidentales vendieron su metal precioso, así que había oferta de sobra; pero ¿cuál era el motivo de China?

Al principio, China probablemente buscaba diversificarse del dólar estadounidense, que era la única moneda comercial que recibía en los tiempos anteriores al euro. Además, habría parecido absurdo exportar bienes a cambio del papel de otro, inflado específicamente para pagarlos, que es como debió de verlo China en aquel momento. Por las actitudes europeas y estadounidenses ante el surgimiento de China como potencia económica, resultó evidente que no se podía confiar plenamente en esos mercados de exportación a largo plazo. Así, tras la recuperación de Rusia de su crisis financiera de 1998, China se dispuso a desarrollar un bloque comercial asiático en asociación con Rusia, como eventual sustituto de los mercados de exportación occidentales, y en 2001 nació la Organización de Cooperación de Shanghái. Al año siguiente, su política del oro también cambió radicalmente: por primera vez se permitió a los ciudadanos chinos comprar oro y se creó la Bolsa de Oro de Shanghái para satisfacer la demanda prevista.

El hecho de que China permitiera a sus ciudadanos comprar oro físico sugiere que ya había adquirido una reserva satisfactoria. Desde 2002, habrá seguido añadiendo oro mediante el suministro de minas y chatarra, lo cual confirma la aparente ausencia de lingotes de 1 kilo refinados en China en el sistema mundial de custodia. Además, China recibe oro doré de minas asiáticas y africanas, que también refina y que probablemente añade a las reservas del gobierno.

Desde 2002, el Estado chino casi con seguridad ha adquirido por estos medios otras 5.000 toneladas o más. Permitir que el público compre oro, además de satisfacer su deseo de poseerlo, también reduce la necesidad de intervenir en el mercado de divisas para evitar que el renminbi suba. Por tanto, el Estado chino probablemente ha acumulado entre 20.000 y 30.000 toneladas desde 1983, y no necesita adquirir más mediante compras en el mercado, dado que sus propias refinerías suministran más de 500 toneladas al año.

Todos los demás miembros de la Organización de Cooperación de Shanghái** son favorables al oro o han aumentado sus reservas de oro. Así, Occidente, que ha abandonado el oro por su propio papel, descubrirá ahora que el oro tiene un nuevo papel como dinero último de Asia para más de 3.000 millones de personas, o más de 4.000 millones si se incluye a los países del Sudeste Asiático y de la cuenca del Pacífico, para los que la OCS será el socio comercial dominante.

*Consulta las estimaciones de GoldMoney sobre las existencias de oro sobre el suelo, de James Turk y Juan Castaneda.
**Tayikistán, Kazajistán, Kirguistán, Uzbekistán, India, Irán, Pakistán y Mongolia. Turquía y Afganistán se incorporarán a su debido tiempo.

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