El precio de la plata está deprimido en comparación con su relación histórica con el oro: una onza de oro vale unas 55 de plata, frente a la proporción histórica de 15 o 16.
Quizá la razón tenga que ver con la desmonetización de la plata y su papel como metal industrial. Sin embargo, con una oferta mundial procedente de la minería y el reciclaje de en torno a mil millones de onzas y una demanda que es solo cien millones inferior, no hace falta mucha demanda de inversión para provocar una escasez grave.
Por ahora, el precio se gestiona en función del uso industrial, y la industria tiene un interés particular en mantenerlo bajo. Para encontrar pistas sobre los precios futuros, tenemos que fijarnos en los datos del mercado, y el gráfico siguiente muestra las posiciones agregadas de dos grupos de usuarios, extraídas de los datos desagregados de futuros desde septiembre de 2009.

Las dos categorías que se muestran son las de swaps y las de productores y transformadores. Los swaps son posiciones de cobertura en otros mercados, sobre todo de metal físico o de metal físico para entrega a plazo. Los swaps suman una posición neta larga de 17.952 contratos, que representan algo menos de 90 millones de onzas, lo que indica que existen posiciones cortas en otros mercados que suman casi la totalidad de esa brecha de 100 millones de onzas entre la demanda industrial y la oferta anual de plata. Esto sugiere que el mercado de plata física está muy ajustado.
He llamado a la segunda categoría «productores y transformadores» por simplificar, aunque el formulario de declaración los clasifica en realidad como productores, fabricantes y distribuidores/comerciantes. Básicamente, las posiciones cortas cubren el riesgo de precio de mineras y refinerías, y las largas las toman fabricantes y otros usuarios como protección frente a las subidas de precio. La posición que se muestra es una posición neta y, como indica el gráfico, se ha reducido aproximadamente a la mitad, hasta 32.286 contratos (161.430.000 oz), durante los últimos tres años.
Dentro de esta cifra, las posiciones cortas suman 254.000.000 oz, y esta es la variable más importante. Muchas minas tienen que vender la plata en forma de concentrado o de doré para cubrir su flujo de caja. Las minas venden a través de operadores especializados en materias primas, como Glencore y Trafigura, que luego la hacen procesar en las refinerías más baratas, situadas en su mayoría en China, que además es el mayor usuario industrial del metal. Por eso a China le ha interesado controlar el precio para fines industriales. En el pasado, China se limitó a aumentar sus ventas a plazo para compensar el aumento de la demanda de inversión.
El fallo de este planteamiento es que no hay reservas significativas de plata física disponibles, y la supresión del precio depende de contrarrestar la demanda física con papel derivado. Esta estrategia es más vulnerable a la escasez de metal físico, que impulsa las posiciones en swaps, que a las ventas a plazo de plata extraída y procesada, las cuales solo retrasan la entrega que necesitan los mercados físicos.
Los acontecimientos que se avecinan, como la inminente bancarrota de varias naciones europeas y la evolución de la primavera árabe, junto con la poca atractividad de las inversiones alternativas en un momento de riesgos sistémicos crecientes, deberían acelerar la demanda física. En algún momento, a China le interesará más conservar su valiosa plata que controlar el precio en beneficio de los usuarios industriales de todo el mundo.