Esta semana, la Asociación China del Oro (CGA) publicó sus estimaciones del «consumo de oro» de China en 2013: 1.176 toneladas. Además, la CGA indicó que la producción propia de oro de China fue de 428 toneladas.
Las cifras de la CGA eran notablemente inferiores a las importaciones registradas en China desde Hong Kong. En mi análisis, las cifras de la CGA no representan la demanda total, sino, presumiblemente, solo la parte que le comunican sus miembros en el comercio minorista. El objetivo de este artículo es aclarar la situación.
Hay muy pocas cifras procedentes de China en las que se pueda confiar, y esto es especialmente cierto en el caso de las importaciones de oro. Por eso hay que tomar lo que está disponible y aplicar una combinación prudente de lógica y deducción. China continental no publica sus importaciones ni exportaciones. Las únicas cifras de oro suministrado al público chino son las del oro entregado a través de la Bolsa del Oro de Shanghái (SGE) y retirado de sus cámaras acorazadas registradas, que en 2013 sumaron 2.197 toneladas. Tengo motivos para creer que la mayor parte es importada, y solo una parte llega a través de Hong Kong. Y pensar que el oro solo se importa a través de Hong Kong es un error.
Hong Kong publica cada mes estadísticas de importaciones, exportaciones y reexportaciones. Las exportaciones son bienes y materias primas procesados localmente, y las reexportaciones son materiales y bienes importados que se exportan después sin alteración, como los lingotes de oro conformes a las especificaciones de la SGE.
La tabla siguiente muestra mis cálculos de la demanda total de China y Hong Kong.

Todo el oro que cambia de manos en China debe pasar por la SGE. Sin embargo, se cree que el gobierno compra la producción de las minas, muy probablemente directamente a ellas, sin pasar por la SGE. Todas las pruebas circunstanciales, incluida la política del gobierno hacia el oro físico, indican que es así. Y es ingenuo pensar que un gobierno comunista, o cualquier gobierno en realidad, canalizaría a través del mercado el oro de minas que controla, sean cuales sean las «reglas» del mercado.
La SGE cuenta con una red de cámaras acorazadas registradas. La definición de entregas se aplica al oro retirado del sistema de custodia, por lo que las entregas equivalen a la demanda del público. No debe confundirse con el oro entregado entre firmas miembros de la SGE y mantenido dentro del sistema de custodia.
Los lingotes retirados de las cámaras acorazadas registradas en la SGE y vendidos después de nuevo al mercado se refunden en lingotes nuevos y se clasifican como chatarra. Con los precios actuales, es probable que esta oferta haya disminuido de más de cuatrocientas toneladas anuales a quizá doscientas o trescientas en 2013.
Así pues, del total de 2.197 toneladas, suponiendo que toda la producción minera pase al gobierno sin pasar por el mercado y que la chatarra sea de unos pocos cientos de toneladas, podemos concluir que aproximadamente 2.000 toneladas se importan a China continental, y solo una parte procede de Hong Kong.
Hong Kong
Las exportaciones de Hong Kong a China, de 211 toneladas, son oro manufacturado que no tiene como destino la SGE (véase la tabla anterior). Además, hay 1.284 toneladas de reexportaciones, que podemos suponer que son lingotes destinados a la SGE y, por tanto, están incluidas en el total de entregas de la SGE. Hong Kong también importa oro de China (337 toneladas), la mayor parte del cual se vende como joyería a visitantes chinos del continente que evitan así los impuestos chinos sobre las ventas. Hong Kong también actúa como centro regional, exportando y reexportando oro a Taiwán, Tailandia, India, etc., lo que en 2013 ascendió a 54 y 93 toneladas respectivamente.
La demanda total en China y Hong Kong, ajustada por estos factores, es por tanto la cifra final de 2.668 toneladas. Esta no incluye el oro importado directamente a través de China continental ni el oro no vendido a través de la SGE. Además, los chinos ultrarricos pueden comprar oro fuera de China y no hay forma de estimar esta demanda adicional. Tampoco podemos estimar el oro que el gobierno chino haya comprado en Londres y en otros lugares.
Por último, estas cifras no incluyen las 48,5 toneladas netas de monedas de oro importadas a China a través de Hong Kong, que, de incluirse, elevan la demanda de oro conocida hasta las 2.716,5 toneladas. Es con creces más del doble de la cifra de la Asociación China del Oro para el «consumo de oro».
Aunque no podemos determinar con precisión las importaciones de oro, el mercado monopolístico del oro físico en China nos permite definir con exactitud la demanda del público en el continente. Junto con las cifras del comercio de Hong Kong, obtenemos una imagen mucho más precisa que la que ofrece cualquier otro medio. Cabe señalar que incluso este enfoque pasa por alto las actividades del propio gobierno y de los muy ricos que pueden eludir el sistema.
Es una lástima que los analistas de los mercados de capitales occidentales no lo aprecien más ampliamente.