La deflación llama a la puerta

Hay pocas dudas de que los riesgos de deflación han aumentado en las últimas semanas, aunque solo sea porque el dólar se ha apreciado con fuerza frente a otras divisas.

Entender en qué consiste realmente este riesgo, y no lo que dicen los tertulianos, será fundamental para la supervivencia financiera, en particular para quienes tienen interés en los metales preciosos.
El establishment económico asocia la deflación, o caída de los precios, con la falta de demanda. De ahí se deduce que, si se deja que continúe, la deflación provocará quiebras empresariales y, en última instancia, insolvencias bancarias debido a la contracción del crédito bancario. Por lo tanto, según este razonamiento, hay que estimular la demanda y la confianza del consumidor para evitar que eso ocurra.

Debemos tenerlo presente al juzgar la respuesta a los acontecimientos actuales. Por el momento, hay señales que deben de preocupar a los bancos centrales: la economía japonesa se está desmoronando pese a un estímulo monetario agresivo, y la eurozona muestra los mismos síntomas incipientes. El Reino Unido depende en gran medida del comercio con la eurozona y existe la sensación de que su sólido desempeño se está enfriando. El gráfico siguiente muestra cómo todo esto se ha traducido en sus respectivas divisas desde agosto.

Principales divisas frente al USD 07112014

Especialmente alarmante ha sido la caída de estas divisas desde mediados de octubre, con un descenso particularmente fuerte del yen. Dado el efecto previsto sobre la inflación de precios en EE. UU., podemos estar seguros de que, si estas grandes divisas se debilitan más, la Fed actuará.

Para entender la magnitud del problema es fundamental captar la enormidad de los flujos de capital implicados. La ilustración siguiente muestra la relación entre las divisas distintas del USD y el propio USD.

Dinero mundial total 07112014


La relación entre la base monetaria del dólar y el dinero en sentido amplio a nivel mundial supone un apalancamiento de más de cuarenta veces. A medida que Japón y la eurozona afrontan una recesión cada vez más profunda, los flujos de capital volverán de forma natural hacia el dólar, que es lo que parece estar ocurriendo hoy. Los economistas, que aún esperan crecimiento económico en EE. UU., parecen haber tardado en reconocer las implicaciones más amplias para la economía estadounidense y para el propio dólar.

La Fed, que carga con la responsabilidad de la moneda de reserva mundial, estará bajo presión para aliviar la situación debilitando el dólar. Hasta ahora, la depreciación del dólar por parte de la Fed parece haber tenido un éxito notablemente escaso en el nivel de precios al consumo, lo que puede animarla a actuar con más agresividad. Pero más le vale tener cuidado: este no es un asunto que admita ajustes finos.

Por el momento, los mercados de capitales parecen adaptarse a la deflación de forma fragmentada. Los analistas están revisando a la baja sus expectativas de crecimiento para Japón, la eurozona y China, y sugieren vender materias primas. Todavía no han aplicado esa lógica a la renta variable ni han evaluado el efecto sobre las finanzas públicas: cuando lo hagan, cabe esperar que suban los rendimientos de los bonos del Estado y caigan las bolsas.

La caída del precio del oro está igualmente desvinculada de la realidad económica. Aunque a primera vista es fácil relacionar un dólar fuerte con un oro débil, este argumento ignora los inevitables riesgos sistémicos y de divisas que surgen de una recesión económica. La aparente valoración errónea del oro, las acciones, los bonos e incluso las divisas indica que todos están maduros para una corrección simultánea, provocada por lo que el establishment económico denomina deflación, pero que más correctamente se llama recesión profunda.

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