Inmuebles valorados en oro

A lo largo de la historia se han hecho y perdido muchas fortunas en el sector inmobiliario. La suerte ha influido, por supuesto, en estos resultados, pero la razón principal de los cambios de fortuna son las decisiones que se tomaron, ya fueran buenas o malas.

Con frecuencia, las malas decisiones se tomaron por no entender algunos elementos básicos necesarios para elegir bien un inmueble.

Por ejemplo, hace no mucho, al volver de un viaje de negocios, me puse a hablar con el conductor del coche que había contratado para que me recogiera en el aeropuerto y me llevara a casa. Este señor tenía unos 60 y tantos años y estaba muy animado porque, según resultó, acababa de vender su casa en las afueras de Londres. Así que estaba listo para jubilarse y le hacía mucha ilusión la idea de mudarse al suroeste de Inglaterra, donde pensaba comprar una casita para disfrutar de su jubilación. Pero resultó que esa no era la única razón de su alegría.

Presumía de lo bien que le había salido su «inversión». Al parecer, compró la casa en 1964 por 3.100 £ y ahora estaba encantado con las 212.000 £ que había conseguido por ella.

Cuando llegué a casa, decidí comprobar lo bien que le había salido en realidad y cogí la calculadora. Sabía que 3.100 £ era mucho dinero en términos del poder adquisitivo de 1964, y tenía curiosidad por saber qué se podría comprar hoy con 3.100 £ en términos reales, una vez ajustada la inflación. Así que, usando el oro como base para mis cálculos, determiné que el coste de su casa en 1964 fue de 248 onzas, que al tipo de cambio de 985 £ por onza vigente cuando vendió su casa equivalían a 244.000 £.

En otras palabras, si hubiera comprado oro en 1964 y simplemente lo hubiera conservado, tendría 32.000 £ más de poder adquisitivo que en 1964. Por tanto, en términos reales su casa valía 32.000 £, o 31,5 onzas de oro, menos de lo que pagó por ella.

Así que, pese a lo contento que estaba con lo bien que le había ido, en conjunto no hizo una buena «inversión». De hecho, su inversión perdió dinero, y ni siquiera estoy considerando aquí el dinero que gastó en mantenimiento, conservación, impuestos y otros gastos corrientes. Pero hay otro punto importante que pasó por alto por completo.

Al comprar su casa no estaba haciendo una inversión. Estaba comprando un refugio. Ese es el uso principal de cualquier vivienda, y es lo que disfrutó durante casi cinco décadas. Y el cobijo que su casa sigue ofreciendo es la razón por la que pudo vendérsela a otra persona.

Creo que este ejemplo muestra hasta qué punto se ha desorientado el pensamiento dominante. Las monedas fiduciarias en constante inflación que se usan en todo el mundo han distorsionado enormemente lo que debería ser un proceso de decisión sencillo y directo, y también la forma de evaluar después esa decisión, como la de comprar una casa por el cobijo que ofrece.

Las economías de muchos países están hoy devastadas por la especulación inmobiliaria. Las políticas de dinero fácil de los planificadores centrales fomentaron un crédito bancario que creó un auge artificial, en gran parte fruto de la especulación inmobiliaria. Estos excesos, que distorsionan y dificultan la toma de decisiones, tienen que deshacerse inevitablemente a medida que bancos y prestatarios reducen su apalancamiento para devolver sus balances a niveles normales, un proceso que lleva en marcha unos años. Para entender mejor este proceso, siempre recomiendo usar el oro como ayuda en la toma de decisiones.

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