Ha sido una semana interesante para el oro. El martes, el interés abierto en la Comex cayó bruscamente en 6.961 contratos. El movimiento se produjo en el contrato de junio, que bajó 12.072, de los cuales solo unos 3.000 parecen haberse traspasado al siguiente mes activo (agosto).
La mayor parte de la caída en la cifra de junio debió de deberse a que los bajistas cerraron sus posiciones cortas antes del testimonio de Ben Bernanke ante el Congreso el miércoles, pero las cifras muestran que los grandes bancos de metales preciosos no aportaron el suministro (véase más abajo).
Tras su testimonio y la publicación de las actas de la FOMC, hubo una enorme volatilidad en todos los mercados, incluido un desplome del 7 % de la renta variable japonesa. El rango de cotización del oro superó los 60 $: primero los bajistas se asustaron ante la reafirmación de Bernanke de las políticas de impresión de dinero, y el oro subió casi 30 $ en 10 minutos en un clásico «bear squeeze», con los bancos de metales preciosos negándose a ofrecer existencias. Después el mercado fue empujado con fuerza a la baja, probablemente con la ayuda de una intervención oficial para que la gente no se hiciera a la idea de que el oro es mejor que los dólares.
La posición neta de los cuatro mayores operadores, que podemos suponer que son todos bancos de metales preciosos, fue larga el 14 de mayo por primera vez desde que hay registros, como se muestra en el gráfico siguiente.

Conviene tener presente la diferencia fundamental entre los metales preciosos y otros mercados financieros: los primeros están muy sobrevendidos y los segundos muy sobrecomprados. La lógica sugiere con fuerza que el repliegue de estos extremos haría subir el oro y la plata, y bajar los mercados de renta variable y de bonos. Por tanto, el comportamiento del oro y la plata fue perverso. La prueba está en el gráfico siguiente, que muestra hasta qué punto son ya extremas las posiciones cortas de los fondos de cobertura (dinero gestionado) en oro.

Si se tiene en cuenta la grave escasez de metal precioso físico, las condiciones para un movimiento explosivo al alza resultan evidentes. Por eso los bancos de metales preciosos creadores de mercado serían necios si cerraran su posición neta larga, tan duramente conseguida, y lo saben.
El interés en que el oro baje recae por completo en los cuatro grandes bancos centrales, que muy probablemente van a acelerar la expansión cuantitativa. Japón ya lo está haciendo; la Fed da marcha atrás respecto a sus sugerencias anteriores de que reduciría el ritmo; el BCE tiene una recesión creciente en la zona euro; y esta semana se citó a Mark Carney, gobernador designado del Banco de Inglaterra, aplaudiendo el «audaz experimento de política» de Japón.
Suprimir los precios del oro es fundamental para conservar la credibilidad monetaria en estos tiempos extraordinarios. Sin embargo, hay importantes implicaciones geopolíticas, sobre las que escribo en un artículo de GoldMoney que se publicará este domingo.