Tras una deriva a la baja a comienzos de esta semana, el oro y la plata recibieron un impulso con el anuncio del presidente Trump de sanciones comerciales contra China. El oro cerró con una subida neta de 25 dólares, hasta 1342 dólares, en la apertura europea de esta mañana (viernes) respecto al cierre del viernes pasado, y la plata ganó 20 centavos, hasta 16,54 dólares.

Se puede estar razonablemente seguro de que los comentaristas, al observar la caída de las bolsas, atribuirán la reacción del oro a un aumento del factor miedo. La opinión contraria es que la subida de precios que implica un aumento arancelario de 60 000 millones de dólares sobre una economía de 20 billones es una minucia, y que el verdadero impacto se notará en la demanda global. Y aquí, el desplome de los precios (medidos en dólares) se convierte en el mayor riesgo a medida que las economías caen en recesión.
Ya veremos. Hay que admitir que la primera reacción del mercado no tiene por qué ser la correcta, pero esta guerra comercial presenta características muy distintas de las de los años treinta, en las que se apoya el análisis económico de precios dominante.
La escalada de aranceles contra China parece haber sido provocada por el reciente anuncio de que Shanghái empezará a negociar el próximo lunes (26 de marzo) un contrato de futuros sobre el petróleo liquidado en yuanes. Este contrato se había retrasado desde que se planteó por primera vez debido a lo delicado del asunto, ya que supone un desafío directo al petrodólar. Finalmente, China tuvo que introducir este contrato porque había animado a sus importadores de petróleo a aceptar yuanes en lugar de dólares, y necesitaban instrumentos para cubrir el riesgo de cambio.
Hay pocas dudas de que EE. UU. teme la amenaza que este contrato supone para el estatus del dólar. El momento en que se han producido estos hechos indica que la administración Trump amenazó a los chinos con aranceles si seguían adelante con el contrato de petróleo en yuanes, y que esas amenazas se han hecho realidad.
Ahora podemos estar razonablemente seguros de que el dólar perderá poder adquisitivo con el tiempo, dado que disminuirá la demanda de dólares en el comercio de petróleo asiático. También podemos argumentar que, si los aranceles amenazan el comercio mundial, los dólares en circulación global pasarán a ser, en el margen, redundantes.
Este no es el argumento que han aprovechado los defensores del oro. Más bien, esperan que parte de la cobertura a plazo mediante el futuro del petróleo en yuanes lleve a la compra de futuros equivalentes de oro en yuanes en Hong Kong y Dubái. Aunque existe la posibilidad de que estos contratos se utilicen para comprar oro en los mercados internacionales sin usar dólares, puede ser prudente esperar a ver cómo evoluciona esto. Dicho esto, hay pocas dudas de que esta opción resulta atractiva para exportadores de petróleo como Irán y Rusia, que prefieren el oro a los dólares.
A corto plazo, las noticias sobre aranceles han generado, o al menos han coincidido con, un fuerte aumento del interés abierto en el Comex. Este es nuestro siguiente gráfico.

Desde el 9 de marzo, el interés abierto ha subido 63 000 contratos, equivalentes a casi 200 toneladas. Y el contrato de abril parece estar pasando a junio sin problemas. Técnicamente, esto pinta bien.
Por último, nuestro gráfico final muestra que el límite inferior de la consolidación se ha mantenido y que las perspectivas para el precio del oro siguen siendo positivas.

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