
El oro y la plata apenas variaron en la semana: el oro cotizaba a 1.769 $, 8 $ menos que el cierre del viernes pasado, en la operativa europea de primera hora de la mañana, mientras que la plata estaba a 25,95 $, 4 centavos menos. El miércoles fue la última fecha de negociación de los futuros de mayo del oro y la plata en Comex, y el contrato de la plata era el «activo».
Aunque parecen estancados, los precios del oro y la plata se han vuelto surrealistas. Cabría pensar que, con los planes del presidente Biden orientados por completo a la Teoría Monetaria Moderna (MMT), los mercados financieros responderían con precios del oro más altos, reflejo del tsunami de oferta monetaria inflacionista que se necesita para pagarlos, y que el índice del dólar ponderado por comercio caería. Tras décadas de creciente supresión de los tipos de interés y de una intervención cada vez mayor en los mercados de bonos y otros mediante la flexibilización cuantitativa (QE), la conclusión obvia es que los mercados han dejado de funcionar como deberían y que ya no se puede considerar que los precios sean señales económicas.
Hasta ahora, el presidente Biden se ha comprometido a un gasto público de aproximadamente 6 billones de dólares, adicional al que ya tiene encomendado el Gobierno, de unos 3,5 billones anuales. Los 2,3 billones de gasto previsto en infraestructuras se repartirán en varios años, pero aun así no es exagerado decir que sus planes parecen destinados a hundir el dólar en términos de poder adquisitivo. Ya lo vemos con las materias primas: el cobre superó esta semana los 10.000 $ por tonelada, por primera vez en diez años, y prácticamente todo el complejo de materias primas, incluidas las materias primas industriales y los productos agrícolas, ha subido de forma notable desde que la Fed aceleró su QE en marzo de 2020.
Otra forma de describir este fenómeno es que el poder adquisitivo del dólar en materias primas ha caído. Siendo así, el dólar está arrastrando al oro con él, lo cual resulta algo extraño. La explicación, por supuesto, es que los mercados de papel, que dominan la negociación, están suprimiendo el precio. Pero esto lleva a unos mercados físicos ajustados, que ya se señalaron a principios de este año, cuando la Casa de la Moneda de EE. UU. dijo que no podía atender el aumento de la demanda de monedas de oro y plata (Reuters, 2 de febrero). Lo confirmó además ayer mismo una publicación de GATA, que informaba de que Ed Moy, antiguo consejero de la Casa de la Moneda de EE. UU., admitía que los suministros siguen siendo escasos.
Por tanto, a los alcistas del oro y la plata les conviene tener paciencia mientras todas estas distorsiones provocadas por el papel se resuelven por sí solas. Además de los planes de gasto de Biden, que destruyen el valor del dólar, cierto consuelo viene del índice del dólar ponderado por comercio, que se muestra en el siguiente gráfico.

El mercado bajista del índice del dólar ponderado por comercio está bien asentado, y parece cuestión de tiempo que se rompa el soporte principal en 89. Y cuando eso ocurra, el gráfico nos dice que hay que prepararse para una fuerte caída.
El oro y la plata llevan nueve meses consolidándose desde sus precios récord de agosto pasado, de modo que su valoración, en relación con el aumento de la oferta monetaria más las reservas bancarias (la cantidad de dinero fiduciario) desde el mes en que quebró Lehman, se acerca a nuevos mínimos, como se muestra en nuestro último gráfico.

En otras palabras, ajustado por el enorme aumento del dinero en dólares, en términos reales el oro se ha reducido a la mitad desde la crisis de Lehman.
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