Esta semana se anunció la segunda reducción de estímulos, otros 10 000 millones de dólares al mes. Según nos cuentan los canales de noticias, era algo plenamente esperado. Probablemente este sea el motivo inicial por el que los precios del Tesoro de EE. UU. subieron con la noticia, porque los bajistas habrían recomprado sus posiciones. Sin embargo, la debilidad de las divisas de los mercados emergentes indica que se está desarrollando un elemento de refugio seguro en los precios de los bonos del Tesoro estadounidense.
En este contexto, el oro cotizó en un rango de 20 $ entre 1250 $ y 1270 $ hasta el jueves, cuando por fin se vendió hasta el nivel de 1240 $ y la plata hasta 19,10 $. Al mismo tiempo, el dólar estadounidense se revalorizó con fuerza, al ser el refugio preferido de Occidente frente a la volatilidad de las divisas de los mercados emergentes. Esta es ahora la historia que se está desarrollando y podría acabar siendo el motor del precio del oro en los próximos meses.
La gran pregunta es cómo afectará la inestabilidad de las divisas en las economías emergentes a la demanda de oro. La presión a la baja, provocada por la política de reducción de estímulos de la Fed, está obligando a algunos gobiernos asiáticos a subir los tipos de interés. Sin embargo, en el mejor de los casos es un arreglo a corto plazo cuyo coste es un menor crecimiento económico en el futuro. Son especialmente vulnerables las divisas cuyos bancos centrales disponen de cantidades limitadas de dólares, y aunque esto excluye a China, otros países asiáticos con gran apetito por el oro, como India y Turquía, son especialmente vulnerables.
Los operadores de los mercados de capitales occidentales probablemente concluirían que este es un motivo para vender oro por la deflación en Asia, mientras que el oriental vería en más oro la mejor protección posible frente a la depreciación monetaria en la que los gobiernos siempre se apoyan en tiempos de tensión.
Más allá de las subidas de tipos y de los efectos económicos negativos en los mercados emergentes, debemos ser conscientes de la posibilidad de que las ventas adicionales de estas divisas se aceleren. De ser así, podríamos encontrarnos ante una repetición de la crisis de Asia Oriental de 1997-98, a la que se sumarían India, Turquía y la mitad de Latinoamérica.
La Fed está preocupada por la política monetaria nacional y, de momento, parece que la cooperación monetaria internacional es secundaria. Pero socavar los mercados emergentes, que suponen casi la mitad del PIB mundial, no beneficia en última instancia a la propia economía estadounidense. Dada la brusca reacción de los mercados de divisas, parece razonable que la Fed haga una pausa en su programa de reducción de estímulos para dar a estas economías emergentes la oportunidad de estabilizarse.
La próxima semana
Si los acontecimientos de esta semana sirven de guía, la próxima semana veremos más repliegue hacia inversiones refugio. Mientras tanto, aquí tienes un resumen de los anuncios de la próxima semana.
Lunes.
Japón: venta de vehículos.
Reino Unido: índice de precios de Halifax, PMI manufacturero de CIPS/Markit.
Eurozona: PMI manufacturero.
EE. UU.: PMI manufacturero, gasto en construcción, ISM manufacturero, venta de vehículos.
Martes.
Eurozona: IPP.
EE. UU.: pedidos de fábrica.
Miércoles.
Eurozona: PMI compuesto, PMI de servicios, comercio minorista.
EE. UU.: índice ISM no manufacturero.
Jueves.
Reino Unido: tipo base del BoE.
Eurozona: tipo de interés del BCE.
EE. UU.: solicitudes iniciales de subsidio de desempleo, productividad no agrícola, balanza comercial, costes laborales unitarios.
Viernes.
Japón: Indicador adelantado.
Reino Unido: Producción industrial, producción manufacturera, balanza comercial.
EE. UU.: Nóminas no agrícolas, nóminas del sector privado, desempleo, crédito al consumo.