
Los precios del oro y la plata bajaron esta semana, mientras que los rendimientos de los bonos en todo el mundo subieron con fuerza. Ya hay pocas dudas de que la burbuja de los bonos se está desinflando, lo que impone enormes tensiones a las carteras, los bancos e incluso los bancos centrales que han puesto en marcha programas de QE. El precio del oro cayó de 1228 $ al cierre del viernes pasado a 1205 $ en las primeras operaciones europeas de esta mañana. En el mismo período, la plata bajó de 17,37 $ a 16,61 $.
Detrás de la debilidad continuada de los metales preciosos se encuentra un dólar muy fuerte frente a otras divisas. El tipo del yen ha pasado de 101,36 en su punto más bajo, el 9 de noviembre, a 110,81 esta mañana, un movimiento del 9 %. En el mismo período, el euro pasó de 1,1284 a 1,0600, un movimiento de casi el 6 %, al que se suman pérdidas de en torno al 6 % en los bunds alemanes a 10 años. Con las curvas de tipos acentuando su pendiente en todas partes, de repente existe preocupación por que los tipos de interés suban pronto en EE. UU., seguidos de subidas en la eurozona.
La fortaleza del dólar, junto con un descenso moderado del precio del oro en dólares, significa que el oro se ha mantenido razonablemente bien en euros y yenes, aunque ha sufrido un golpe en libras esterlinas. Así se muestra en nuestro siguiente gráfico.
El cambio de sentimiento que afrontan los mercados financieros surge de las señales de que la administración Trump recortará impuestos y gastará hasta 1 billón de dólares en infraestructuras. Financiar este estímulo exigirá una emisión sustancial de bonos, lo que empujará al alza los tipos a lo largo de la curva. Mientras tanto, la renta variable ignoró el desplome de los bonos y alcanzó nuevos máximos.
El oro y la plata se están quedando sobrevendidos, y el movimiento de hoy recuerda a la fortaleza temporal del dólar tras la caída de Lehman. El efecto que tuvo entonces sobre el oro es el tema del siguiente gráfico.
Durante octubre de 2008 se desató una estampida hacia el dólar, que hizo bajar el precio del oro, señalado con la flecha hacia abajo. Era evidente que la Fed tendría que reflacionar para evitar que el sistema financiero implosionara, y la Fed puso fondos ilimitados a disposición del sistema bancario. El resultado fue que el sistema bancario sobrevivió y el precio del oro empezó a subir para descontar la enorme dilución monetaria orquestada por la Fed.
Hoy nos enfrentamos a una versión reducida de la misma situación. La sorprendente elección de Donald Trump como presidente ha generado una huida hacia el dólar. Sabemos que el resultado será inflacionista, y la principal diferencia es que la subida del nivel general de precios vendrá impulsada por los déficits y no por la política monetaria.
Por lo tanto, el oro se encuentra en una fase de caída similar. Sabemos que el nivel general de precios empezará a aumentar el año que viene, alimentado por el gasto en infraestructuras tanto en EE. UU. como en China, así como por un déficit estadounidense creciente, todo lo cual será positivo para el precio del oro. De momento hay escasez de dólares, y es inconcebible que se permita que persista. Siendo así, las perspectivas para el precio del oro se vuelven más positivas, y debería acabar subiendo, de forma parecida a lo ocurrido tras octubre de 2008.
El truco para los operadores está en juzgar cuándo cambia el sentimiento. Para los inversores a más largo plazo, y para quienes buscan proteger su poder adquisitivo poseyendo metal precioso en lingotes, su apuesta es que los bancos centrales y los gobiernos seguirán inflando pase lo que pase.
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