El M3 de EE. UU. cerró 2012 por encima de los 15 billones de dólares, tal como llevamos prediciendo desde que se lanzó la Operación Twist. La deuda nacional de EE. UU. supera los 16,5 billones de dólares, mientras que el precio del oro cerró el año en 1660 dólares por onza troy.
El Índice del Miedo bajó hasta el 2,89 %, aunque su media móvil a 21 meses alcanzó el 2,99 %, al borde de superar el 3 % por primera vez desde 1989.

La exigencia del Bundesbank de que le devuelvan el Rheingold marca el principio del fin del dólar fiduciario de la era Nixon. La música ha empezado: para cuando termine la función, la arquitectura del actual sistema monetario mundial estará completamente desmantelada y se estará negociando qué ha de sustituirla. A la espera de lo que promete ser un viaje muy emocionante, los principales actores se esfuerzan por asegurar sus posiciones de partida.
China está acumulando reservas de oro de manera encubierta, con unas importaciones que alcanzaron las 114 toneladas solo en diciembre. Pekín tiene el objetivo tácito de acumular 6000 toneladas de reservas para 2015. Alemania ha repatriado parte de su metal precioso almacenado en el extranjero, aunque está por ver qué llegará exactamente a Fráncfort. En Suiza, la «iniciativa suiza del oro» está cerca del umbral necesario para ser considerada por el Parlamento. Rusia también está importando discretamente grandes cantidades de oro. En Estados Unidos son los ciudadanos particulares quienes actúan: la Casa de la Moneda estadounidense se quedó sin Silver Eagles en enero. De manera similar, en la India la gente sigue ahorrando en oro, a pesar de los repetidos intentos del Gobierno por frenar las importaciones de metal precioso.
Todos los grandes actores se mueven con rapidez y cada vez con más audacia: les preocupa cada vez menos que un número creciente de personas se dé cuenta de lo que hacen.
En 2003, James Turk predijo un precio del oro de 8000 $/oz para 2015, basándose en el comportamiento de los precios en el anterior mercado alcista del oro. Sin embargo, dada la magnitud de la burbuja de deuda y la cantidad de dinero que se está imprimiendo, esta predicción bien podría quedarse corta. Nos acercamos a la segunda fase del mercado alcista, la fase de participación, en la que ese 1 % de las carteras invertido en metales preciosos aumentará de forma notable y los movimientos de precios serán más rápidos y más amplios que cualquiera de los vistos hasta ahora.
Lo que impulsará la participación del público general es la constatación de que los precios ya suben más de lo que admite el Gobierno. Como dice Peter Schiff, ya no hace falta un doctorado en economía para ver que el emperador va desnudo. A estas alturas es evidente para cualquiera con conocimientos básicos de aritmética. La suspensión «temporal» del techo de deuda de EE. UU. debería dejarlo aún más claro, sobre todo si se prolonga. Recuerda que la política de tipos de interés cero (ZIRP) de la Reserva Federal también iba a ser solo una medida «temporal».
Se acerca el ocaso del dólar fiduciario. Cuando se asiente el polvo y la música se detenga, quienes tengan oro podrán permitirse un billete para el Valhalla. Quienes se queden con papel sin valor estarán a merced del Loki moderno que esté al mando de las travesuras financieras.
En relación con esto, Argentina acaba de congelar los precios de los comestibles en los supermercados para intentar convencer a la gente de que la tasa oficial de inflación, del 10 %, es la correcta. Y no las subidas de precios del 25-30 % que se han visto realmente allí donde se venden alimentos u otros productos de primera necesidad. Al fin y al cabo, ¿en quién vas a confiar: en el Gobierno o en lo que ven tus propios ojos?
Que alguien le envíe a la señora Kirchner un ejemplar de este libro o un enlace a este vídeo. Esta locura ya se ha probado antes. Nunca acaba bien.

James Turk lleva años escribiendo sobre el Índice del Miedo, como puedes ver en su sitio web FreeGoldMoneyReport.