Implicaciones de la situación en Ucrania para el oro

Hay una historia fascinante de Robert Peston, editor de economía de la BBC, sobre su entrevista con Hank Paulson, que era secretario del Tesoro de EE. UU. en el momento de la crisis de Lehman. Paulson contó que los chinos le dijeron que tenían un mensaje de los rusos en el que proponían unirse para hundir los precios de Fannie y Freddie "para maximizar la agitación en Wall Street". Los chinos declinaron, pero al hacerlo se aseguraron de que el Tesoro supiera que China y Rusia son conscientes de que, entre las dos, tienen el poder de quebrar los mercados de capitales occidentales.

Esto plantea un problema a los estrategas geopolíticos de la OTAN, que quedó al descubierto con la absorción de Crimea por parte de Rusia sin ninguna oposición. Suponiendo que las opciones militares no sean viables, la situación financiera de Occidente es demasiado frágil para resistir una guerra financiera alternativa con el mayor exportador de energía del mundo y octava economía mundial, y mucho menos con una combinación de Rusia y China trabajando juntas.
Estados Unidos también tiene un problema en el Pacífico para contener las ambiciones territoriales de China, entre ellas el intento de hacerse con las islas Senkaku, pertenecientes a Japón, y el banco de Scarborough, que pertenece a Filipinas. Si Estados Unidos no castiga a Rusia de forma adecuada por su toma de Crimea, China podría llegar a creer que EE. UU. es un blando. Al menos, esa es la preocupación en Washington.

Por eso EE. UU. y también el Reino Unido habrían ido mucho más lejos que la UE, de miras más estrechas, a la hora de imponer sanciones a determinados rusos y ucranianos. La división de intereses dentro de la OTAN ha permitido a Putin superar estratégicamente a Occidente. Ahora está rebajando la tensión al afirmar que no tiene más planes respecto a otras regiones de Ucrania. Sin embargo, ni el gobierno ucraniano ni Occidente se lo creen, y tampoco el pueblo ruso, que recibió un mensaje mucho más belicoso.

No debe pasarse por alto la posición de China en todo esto. Como cofundadora, junto con Rusia, de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), China está obligada a ponerse del lado de Rusia o, al menos, a no oponerse a ella, algo que quedó claro con su abstención en una resolución del ONU, promovida por EE. UU., que censuraba a Rusia por Crimea. Esta misma mañana, Putin ha expresado públicamente su gratitud a China.

Esto significa que Occidente no se enfrenta solo a Rusia, sino potencialmente también a China y a los demás miembros de la OCS. La relación de Rusia con la OCS trae consigo la posibilidad de utilizar el oro como arma contra Occidente, porque la mayoría de los gobiernos vinculados a la OCS han estado comprando oro de forma activa mientras que los bancos centrales occidentales lo han estado suministrando. Hasta ahora, los miembros de la OCS se han conformado con acumular el oro de Occidente con los precios a la baja, cuidándose de no perturbar el mercado.

No podemos decir que la crisis de Ucrania haya terminado. Es muy probable que Putin no quede plenamente satisfecho hasta que haya un gobierno afín a Rusia en Kiev. Y si algún político ruso de alto nivel decide volver a hablar con China sobre cómo maximizar la agitación en Wall Street, hacer subir el precio del oro es la arma financiera que se impone como opción evidente.

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